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CARTA DE LECTORES

Ercilio, Osvaldo y Baltasar

Señor director de NORTE:

Este 5 de enero se cumplieron 106 años (“¿Tantos?” diría papá, poniendo cara de teatrero) del nacimiento de Ercilio Castillo, gestor cultural de agallas y puro corazón.

Más allá del nombre del Centro Cultural creado en su homenaje dando cuenta de su existencia y presencia (por lo vigente de sus realizaciones) seguiremos escuchando sus hijos los comentarios de Irma, su esposa (cuyo nombre identifica el Auditorium donde realizamos homenajes, conciertos, presentaciones y demás actividades dirigidas a poner en valor las cosas del espíritu) acerca de la oportunidad de su nacimiento: “Un regalito de los Reyes Magos”, repitiendo con picardía lo que se dijo siempre en la familia.

Por su origen humilde pero pletórico de deseos de trascender como hacedor cultural, que lo impulsaron a intentos casi siempre frustrados en su infancia y adolescencia de acceder a esos bienes, Ercilio no pudo hacer teatro o estudiar piano en la quinta de sus padres y apuntaba a Buenos Aires.

Cuando le salió su nombramiento en el Chaco (en el otro extremo del país), lejos de  entristecerse, comenzó a sacarle jugo a su nueva experiencia desde su primer viaje en barco desde su Esquina natal hasta el puerto de Barranqueras, “ciudad moderna” —como anotó en su diario íntimo que aún conservamos— y siguió con asombro e hidalguía haciendo “de tripas corazón” en las dos o tres escuelitas ranchos en que comenzó a enseñar a criollos y colonos provenientes de Europa. Cuando él, junto a su entonces novia y después esposa, Irma Miró, y los colonos del Lote 13 terminaron de construir la escuelita 340 (que hoy lleva su nombre y el de su segundo director, don “Pepe” De la Corte), ya se había “graduado” de director de coros, de danzas, de teatro y de titiritero y con esa experiencia de vida inigualable y la ropa que confeccionaba mamá y que enseñaba a sus alumnas y a las madres a confeccionar para esos títeres, pero también para resolver los problemas familiares de supervivencia, los dos partieron con dolor (pero ya era hora, y de verdad fue un merecido premio) a su nuevo destino, ahora en Resistencia, en la escuelita N° 13 de La Liguria, donada por Roger Balet, el inmigrante español que dejó en cada provincia argentina un edificio escolar en agradecimiento por todo lo que recibió de la Argentina.

Hoy —creo que de alguna manera tuvo que ver eso de “regalo de los reyes magos”— siempre estuvo vigente en papá ese deseo de trascender a través de las cosas del espíritu, pero sin separarse de la humildad que encierra el saber y el actuar popularmente, ya que la leyenda aquella de los dos reyes (o magos) blancos y uno negro, alimentó por siglos la imaginería popular (que hoy comparte para bien o para mal con “papá Noel” y otros personajes similares, montados en camellos, trineos o tarjetas de crédito -“la Biblia y el Calefón”).

Mi hermana y yo tuvimos la suerte de compartir con mis padres la “puesta en escena” del nacimiento y el pesebre, y nos preocupamos del agua para los camellos y nos hicimos cargo de fantasías y curiosidades que alimentaron nuestros deseos de entender y sentir. Porque está demostrado que “la curiosidad mata al hombre”, pero solamente cuando no nos animamos a canalizarla y resolver nuestras dudas. Nada más y nada menos que el origen de la ciencia.

Cuando fue ministro de Educación en Corrientes, Ercilio convocó como responsable de la Dirección de Cultura a Osvaldo Sosa Cordero, un coterráneo y chamamecero que hoy estaría lanzando sapucays por haber contribuido al ritmo y música recientemente declarados “patrimonio cultural”.

Y sabemos que mucha de la producción de Osvaldo se centró en los ritmos originados en África, y a los que representa San Baltasar, aquel negro que aprendimos a amar (y esperar) mientras armábamos el pesebre y mi papá —como quien no quiere la cosa y de paso rememorando— nos cantaba el candombe que terminaba con un sonoro “…ro jaijú, che cambá; ro jaijú tereguí” (o como se escriba en el dulce guaraní).

Homenaje a Ercilio, y felicidades a Baltasar, a quien se lo recuerda hoy: “Festeja los 6 de enero su función San Baltasar, el santo más candombero que se pueda imaginar. Por ser los de este santito la función de los cambá, ya armaron el bailecito los del barrio Camba Cuá” (Osvaldo Sosa Cordero).

JORGE CASTILLO

Director del Centro Cultural Ercilio Castillo

Resistencia

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