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¿Qué hacemos con el río Negro?

En las últimas semanas se sucedieron varios acontecimientos relacionados con la ciudad y con el ambiente. ¿Son ambas cosas independientes? No, claro que no. 

En las últimas semanas se sucedieron varios acontecimientos relacionados con la ciudad y con el ambiente. ¿Son ambas cosas independientes? No, claro que no. Por un lado, se sancionó la Ley Yolanda que supone una capacitación integral en ambiente, con perspectiva de desarrollo sostenible y énfasis en cambio climático. Algunos de los ejes que incluye son economía circular y gestión de los residuos sólidos urbanos, problemas ambientales, bienes naturales y biodiversidad, eficiencia energética, derecho ambiental e impacto ambiental en las políticas públicas.

Por otro lado, el gobernador presentó un proyecto de ley que implica la capacitación obligatoria en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas para las personas que se desempeñan en los tres poderes del Estado a partir de 2021, y sancionada por la Legislatura.

Finalmente, el intendente de Resistencia presentó seis planes directores para la ciudad, cuatro de los cuales hacen al ambiente y la salud de la población. (Resistencia Lacustre, Resistencia Sanea, Resistencia Verde, Resistencia Drena).

A raíz de todas estas iniciativas, y sobre todo en relación con dos planes directores de Resistencia (Resistencia Lacustre, Resistencia Verde), renace la discusión de qué hacer con el río Negro y sus riberas.

El río Negro recorre unos 410 km, y en sus últimos cuarenta kilómetros se encuentra con la zona más poblada de la provincia. Un tramo que además se encuentra controlado por dos represas, una en cada extremo.

A lo largo de más de cuarenta kilómetros, el tramo regulado de la cuenca baja del río Negro atraviesa los municipios de Barranqueras, Resistencia, Fontana, Puerto Tirol, Colonia Popular y Laguna Blanca.

Actualmente, el valle del río Negro presenta características netamente rurales cuando atraviesa los municipios de Laguna Blanca y Colonia Popular que cambian hacia una morfología periurbana en Puerto Tirol y urbana cuando atraviesa el Área Metropolitana del Gran Resistencia (AMGR).

En 2017, financiado por el Consejo Federal de Inversiones se presentaba el Plan Maestro Ciudad Río (que se puede consultar en la biblioteca del CFI biblioteca.cfi.org.ar/documento/plan-maestro-ciudadrio-provincia-del-chaco).

La regulación no es un dato menor, ya que este sistema minimiza la posibilidad de desbordes, aun en zonas ribereñas. Si uno mira la ribera actual en la zona urbana presenta diferentes situaciones. Una pequeña extensión de ribera disponible para los ciudadanos de Resistencia, el paseo costanero en el predio del Domo del Centenario.

Una extensión mayor de riberas “privadas”, algunas de entidades sociales y deportivas y otras de suma gravedad de propiedades cuyo fondo es el propio río, apropiándose de un espacio que debiera ser de todos.

Probablemente los propietarios no sean los verdaderos responsables de este auténtico desquicio y sea una situación irreversible.

Existe otro sector que oscila entre el abandono (parque Ávalos), el uso como zona de desechos, la ocupación irregular y la propiedad privada de grandes predios con títulos que incluyen la ribera.

Esta última situación es la que últimamente ha dado lugar a proyectos urbanísticos que producen la contradicción entre los derechos de los propietarios de los terrenos y los defensores del ambiente.

Está claro que los últimos emprendimientos concretados dan la razón a los que los objetaron. El loteo vuelve a privatizar la ribera que pasa a ser el fondo de los lotes vendidos y/o en venta.

Por otro lado, hay que entender que Resistencia no está en la orilla del río Negro, sino que este la atraviesa formando parte de su urbanismo.

La pregunta es: ¿puede resolverse la contradicción entre los intereses de los propietarios y los que pregonan el uso racional y comunitario de recursos como la ribera del río? Es aquí donde la capacidad e inteligencia de los desarrolladores inmobiliarios deberán demostrar si están a la altura de la circunstancia. Si es posible un desarrollo inmobiliario que satisfaga al propietario de la tierra y satisfaga al ciudadano con un espacio que permita el acceso y el goce de nuestro río.

No solo al navegante sino también al ciudadano de a pie. Sería deseable que se publiquen y difundan esos planes urbanos para que la ciudadanía pueda ver si los mismos contribuyen a la integración del río y al aprovechamiento de los ciudadanos de sus riberas y paleocauces. 

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