Dejar de Amar
Señor director de NORTE:

¿Cuándo una sociedad deja de amar? Cuando no se preocupa por los más débiles y vulnerables, así como de los ya vulnerados. Como lo señala el término, son aquellos que pueden ser dañados, heridos más fácilmente, o que ya lo han sido por la pobreza, la ignorancia, la violencia y la injusticia de múltiples modos.
Amar es cuidado y respeto, responsabilidad y conocimiento, señala Fromm, pero más allá de quien lo afirme lo sabemos por experiencia: el que daña y no respeta al otro no lo ama.
La deformación del amor es reducirlo a sentimiento, que puede fácilmente transformarse de embelesamiento en deseo de posesión y violencia. No se reduce a una compasión que así como nace puede morir, y no se trata de un gen altruista con el que ya se nace (o no).
El pobre puede despertar tanto compasión como rechazo –aporofobia, dice A. Cortina-, el trabajo para mejorar su condición y atender sus necesidades, como el deseo de que desaparezca y la exclusión.
Mejor ignorarlos, o en todo caso, implementar medidas para reducirlos, ayudando a su eliminación, porque ése es el objetivo de un ministro de Salud que años atrás promovió sin éxito la esterilización “porque el gobierno no se puede hacer cargo de los pobres” y hoy niega la vida humana gestada en la mujer embarazada en un acto de irracionalidad que ya no sorprende.
Los legisladores dejan de amar cuando rechazan el compromiso de respetar el derecho a la vida y de representar la mayoría de la sociedad que rechaza el aborto porque comprende claramente que la vida humana no puede ser valorada por el deseo o el no deseo de alguien arbitrariamente.
Se equivocan si piensan que una vez que han sido elegidos ya no les debe importar que son representantes y consideran que simplemente tienen un poder que pueden usar según sus intereses u opiniones subjetivas.
Pero aún si pensaran así, saben que no existe el derecho al aborto porque vulnera el derecho a la vida. Las cuestiones psicológicas y prácticas de los ciudadanos deben ser resueltas de ese modo, no eliminando a aquél que es considerado causa de un conflicto psicológico, o que se suma a los problemas de pobreza derivados de los actos de injusticia de muchos, entre ellos el mismo gobierno nacional o los gobiernos provinciales.
La respuesta es el cuidado y la protección de la mujer embarazada, antes, durante y después del nacimiento, porque son dos los que deben ser protegidos y negar a uno con palabras no significa que no exista como ser humano.
La prohibición de informar a la mujer que piensa abortar acerca de la condición de ese ser humano muestra la perversión de una ley orientada en una sola dirección: convencer de que hay un solo camino, que es el aborto.
Si se permitiera hacer oír los latidos del corazón (a los 20 días), ver filmaciones o ecografías de cómo ya está completamente formado a los dos meses y el sufrimiento que experimenta al ser abortado, entonces se darían las condiciones mínimas de libertad.
Si se les brindara ayuda concreta, o lugares de acogida y la posibilidad de brindarle una familia adoptiva, entonces estaríamos respetando la vida humana. Una ley que permite el aborto, que lo fomenta al impedir a cualquier personal sanitario sugerir otra posibilidad, y aborto hasta los 9 (nueve) meses, es cruel y antidemocrática.
No sólo no pone límites a quienes avasallan el derecho a la vida, no sólo priva a la sociedad de nuevos miembros, sino que está pensada para obligar al personal de salud a ir en contra de su conciencia y de los deberes de su profesión, porque no es objeción si está obligado a colaborar con el aborto derivando a quien lo realice.
La discriminación con el más débil no es amor, ocultar que hay muchos grupos que brindan ayuda no es amor, fomentar el aborto a través de los medios no es amor. Y abortar por la imagen social, por el qué dirán es sólo un acto de narcisismo.
El egoísmo es justamente lo contrario al amor, y si algunos legisladores creen que la vida humana no cuenta a cambio de los millones que recibirá su provincia, hacen muy mal negocio, porque cada vida es única e insustituible y si les preocupa su provincia, donen sus sueldos, den muestras de verdadera solidaridad. V
otar en función de los intereses de una provincia o de los propios es egoísmo. Hay una inmensa mayoría que espera muestras de un amor razonable, respetuoso de la vida humana desde su inicio, en contra de tanta irracionalidad e intereses ocultos, y muchos que se comprometen con la ayuda a la mujer embarazada, o sea con las dos vidas.
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