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Tensiones con los pueblos originarios

“El Chaco es una provincia que dialoga desde la movilización”

La antropóloga Eugenia Morey dedicó una ponencia a las poblaciones indígenas del Chaco y a los contrastes que existen en el norte argentino. 

Ante la crítica situación que viven los pueblos originarios en el norte argentino Eugenia Morey, investigadora y docente de la Universidad de Hurlingam, analizó aspectos estructurales de las poblaciones qom, wichí y moqoit.

“Esta provincia tiene una compleja identidad organizada y movilizada. Tiene una historia asociativa y cooperativa con registro de voces de los pueblos originarios reclamando junto a organizaciones de las Ligas Agrarias durante la dictadura de Lanusse”, repasó en un conversatorio.

Por eso sostiene que no sorprende cuando las 150 organizaciones indígenas reconocidas se multipliquen por tres o por cuatro cuando se está en el territorio.

Eugenia Morey es investigadora y hace dos décadas acompaña a organizaciones campesinas e indígenas del norte argentino.

También asegura que existe una mayor organización sindical y espacios de participación en salud, educación y el poder judicial, “algo que los indígenas de otras jurisdicciones no tienen”. Y si se compara con entidades similares en otras provincias, el Idach tiene una fuerza política que ha llegado a llevar a representantes a la legislatura.

Morey trabaja hace años con el pueblo wichí; es profesora en Antropología y Salud del Instituto de Salud Comunitaria de la Universidad Nacional de Hurlingham. Su exposición “Territorios y pueblos indígenas; desafíos plurinacionales en el Gran Chaco” fue organizada por la agrupación política, social y cultural Colectivo Nacional, a través de Google Meet.  

“Hace más de 20 años acompaño a organizaciones campesinas e indígenas y tuve la oportunidad de compartir espacio con referentes enormes como Lecko Zamora (wichí), Mario Fernández (qom) y Juan Chico (qom) en el Chaco, Octorina Zamora en Salta, a la familia Chocobar en Tucumán”, se presentó en una entrevista por Radio Nacional Resistencia poco antes de la charla.  

Reciente denuncia por represión policial en ruta 11 a manifestantes originarios y criollos. Foto del Comité de Prevención de la Tortura.

“Si hay una provincia constantemente movilizada es el Chaco, si es hacemos un archivo periodístico no hay un día en el que no haya alguna movilización. Pueden ser reclamos populares o elitistas, alineados o en contra de una ideología, pero se movilizan. Es una provincia que se construye desde la forma pública de tomar la palabra y poner el cuerpo en la calle con mucha agilidad”, describe.  

La experiencia de recorrer el Chaco se remonta a 2004 en su primera visita a Presidencia Roque Sáenz Peña, y que continuó en Juan José Castelli, y después en Misión Nueva Pompeya y Resistencia.

Preocupante respuesta represiva

En el contexto de la pandemia Morey enuncia dos casos ocurridos en el Gran Resistencia que abren a una reflexión sobre las poblaciones indígenas: la discriminación a vecinos del Gran Toba y la represión policial en Fontana.

La investigadora plantea que en la sociedad hay tensiones y siempre las va a haber. Y que, en todo caso, el desafío es pensar que es necesario tener una observancia distinta para una población que habla otra lengua, que tiene otra cultura y propuestas propias.

“Es preocupante que se piense sólo en una respuesta represiva, porque se estaría negando algo que es natural en la cultura y democracia chaqueñas. Las demandas tienen una expresión pública. La gran dificultad es entender que eso es un problema. Es una realidad”, definió.

En contrapartida recuerda experiencias locales pacíficas y con una mirada que formula propuestas innovadoras en términos jurídicos. Menciona las mesas de diálogo y los espacios de encuentro que se fueron dando en los últimos años y aconseja incorporarlos para un entendimiento.

“El reconocimiento que la provincia tuvo en el otorgamiento de tierras en términos jurídicos necesita un acompañamiento constante y social porque con el Estado solamente no alcanza; hay sectores poderosos que no están de acuerdo con lineamientos de la política pública y lo van a decir usando la fuerza”, subrayó.  

Morey remarca que en la estructura socioeconómica las respuestas son brutales: cuando se reconoce una reserva ambiental después hay una escalada de tala de árboles y de capital agroindustrial avanzando sobre los territorios indígenas.

Aunque haya un proceso de reconocimiento por parte del Estado, no existe una única definición, porque el Estado es un espacio de conflicto y disputa.

Una de las reuniones entre referentes del Gran Toba, durante el brote de casos de coronavirus. Foto del Comité de Prevención de la Tortura.

Primeros trabajadores

“Cuando hablamos de pueblos originarios no estamos hablando de otra comunidad o de organizaciones aisladas, son poblaciones en territorios que cruzan todo un país. Y por las demandas laborales que han hecho, los ubica como los primeros trabajadores de este territorio, incluyendo a las mujeres a jóvenes y a niños y niñas”, enmarcó Eugenia Morey en una exposición disponible en la página de Facebook de Colectivo Nacional.  

No obstante aclaró que es difícil pensar la plurinacionalidad cuando hay experiencias provinciales tan disímiles y en varios puntos cita pasos modelo que se dieron en el Chaco: “Que haya un instituto de las culturas es algo que no se da en otras provincias o que publicaciones de autores indígenas interpelen en busca de un trato igualitario en varios niveles”.

La investigadora repasó además su recorrido con el programa de Adolescencias, del Ministerio de Salud de la provincia: “para sobrellevar un problema de salud, de discriminación social y de maltrato institucional participamos en un aprendizaje intercultural, de respeto, para que Ariel, Lucas y Laura realicen un programa de radio hablando en su propia lengua. Es una nueva forma de abordar los problemas”.

Falta muchísimo

En el censo de población 2010 casi un millón de personas se reconoció como perteneciente a un pueblo originario y que comprendía o hablaba una lengua indígena o lo hacía algún miembro de su familia.

“En el país unas 40 identidades nos constituyen; son además modos de organización que dialogan con instancias estatales y privadas, que en otra época las perseguían”, agrega Morey.  

“En medio de la avanzada capitalista se reconocieron derechos en unos 14 millones de hectáreas. Puede parecer una cantidad grande pero si comparamos con las que se llevaron en las campañas militares del pasado falta muchísimo, además todavía nos falta reformular la estructura de propiedad en catastro de cada provincia y los contenidos educativos, entre otros aspectos”.