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Vivir en el corazón de los gestos

Un pequeño mapa de historias de mamás enamoradas de las cosas de este mundo. Con inconsciencia, dolor, miedo, apremios y rostros esperanzados.

Espacios de docentes mamás .Tiene la sonrisa urgente, al encuentro de los niños que se deslizan como en un trampolín por el patio de una escuela. Elizabeth Martínez es docente de General San Martín. Tiene tres hijos, Marcos (17), Ana (13) y Esteban (9). Es de Buenos Aires, aunque su yeísmo ya no la delata, se casó con un sanmartiniano y así llegó a esta ciudad. Hace 27 años que es docente. Ahora, tras 14 años, la UEGP n° 33 Inmaculada Concepción se transformó en su segunda familia. Pasó por diferentes grados pero su debilidad máxima está con los niños de primero.

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“Que los docentes no estamos bien remunerados no está en tela de discusión. Sin embargo tenemos esperanza de salir adelante”, Carolina Sanabria.

Al principio de este año junto a Carolina y Laura realizó varios cursos virtuales que le permitieron profundizar la cuestión de trabajar en equipo. Desde el inicio de las medidas de aislamiento, el celular, la computadora e internet se volvieron herramientas tan importantes como lo eran la tiza y el pizarrón. La demanda del tiempo escolar se acrecentó: “El tiempo dedicado a la escuela aumentó, ya que muchos teníamos que aprender primero a manejarnos digitalmente, a transformar nuestras clases, a replantear nuevas estrategias motivadoras creativas para lograr que el aprendizaje llegue virtualmente a nuestros alumnos de un modo atractivo”.


Además, escuchar a las mamás que se afligían porque sus hijos no querían hacer la tarea o que no entendían cómo hacer las actividades, hablar con los nenes que extrañan a sus compañeritos y a sus compañeritas, o están pasando por problemas familiares. Fue necesario hacer “paradas”para poder ver nuestras prácticas pedagógicas y así hacer las modificaciones necesarias para continuar.
Fue difícil. Con diálogo y empatía nos fuimos acomodando despacio hasta lograr organizarnos en forma conjunta entre las familias y los docentes”, explicó.

En la familia, cuenta, todos colaboran para hacer las cosas básicas de la casa, “cada uno hace un poquito”. Con el correr de los días fueron acomodando, organizando los tiempos y fundando espacios en conjunto, cocinar panes, hacer bizcochuelos y galletitas, probar recetas nuevas, jugar partidos de ping pong, metegol, damas. Se ensancharon los tiempos de sobremesas con charlas o baile que organizan los chicos. La familia en un concepto que se ensancha y crece a cada paso.


Tiempo Transversal

Con Carolina Sanabria, quien vive Charata, charlamos mientras su voz de a ratos se vuelve quedita. En su regazo duerme su niño de un año y una semana, el hermano de una nena de 15 años. Es profesora de Lengua y Literatura en nivel medio, trabaja en Las Breñas y en Corzuela. A través del programa “Conectar Igualdad” venía trabajando con los chicos que ya tenían computadora, leyendo algunos libros o haciendo producciones finales. Desde marzo su celular y la computadora, que ya tiene diez años, se transformaron en sus medios de enseñanza.

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“Con diálogo y empatía nos fuimos acomodando hasta lograr organizarnos en forma conjunta entre las familias y los docentes”, explicó Elizabeth Martínez

Los chicos, más allá de tener a mano y conocer la herramienta digital, se fueron adaptando a trabajar con la escuela”, advierte. Al trabajar en diferentes establecimientos educativos y con amplitud de franja etaria las experiencias de trabajos se multiplicaron. “Hay chicos que sí tienen un manejo más avanzado de la tecnología, otros no, y había quienes prácticamente no tenían manejo informático. Hablamos de cosas simples, como sacar fotos con el celular para mandar una copia de la tarea, después cosas más complejas quizás, bajar una aplicación o adjuntar un archivo”, cuenta. Solo el 50 por ciento de los alumnos cumple con la tarea en tiempo y forma. La otra mitad entrega los trabajos tras el requerimiento docente. “Todo se vuelve más personal, escribir o llamar a cada alumno, consultar por la tarea, conocer la dificultad que atraviesan. Si necesitan el material impreso, también se puede mandar. Hay un trabajo del docente, del preceptor y de la institución para acompañar para que todos puedan tener el material de estudio”.

Carolina se comunica con sus alumnos a través de WathsApp. Al tener una sola computadora en la casa se turnan con su hija para ocupar esta herramienta. “Colaboramos, cuando ella no entiende algo de la escuela trato de ayudarla y ella a su vez me auxilia cuando hay cuestiones de la tecnología que no entiendo. Nos complementamos”, cuenta. Entre los muchos recuerdos guardados a fuego este tiempo, salta una experiencia que tuvo con sus alumnos de los primeros años del nivel medio. Les pidió que hagan un poema, que escriban y se filmen. La temática era libre. “La mayoría de las producciones fueron por el lado de la familia, de la madre, del padre, de los hermanos, los afectos. Los chicos despertaron a través de sus palabras un cariño por ese entorno que hoy los cobija día a día, eso me emocionó mucho como lo elaboraron”, deslizó. En la misma sintonía cuenta que le emociona, le sorprende, la dedicación de su hija ante las tareas escolares.

Carolina recibe a todo tiempo mensajes de sus alumnos. Al principio había horarios, pero después notó que era imposible que se respetara una franja horaria. “Me pongo en su lugar y sé que cuesta conectarse y tener el dispositivo a disposición. Hace unos días me llegó un mensaje de un chico pidiéndome disculpar por mandar el trabajo a las una de la madrugada. En ese momento no lo vi. Me llegan consultas a cualquier hora, no me molesta que me manden. Sí me he puesto momentos del día para sentarme a responder en cada caso en particular”, aclara.

La situación económica se ha recrudecido en este tiempo. Que los docentes no estamos bien remunerados no está en tela de discusión. Sin embargo, tenemos esperanza de salir adelante. Apostamos a la sensibilidad de aprender, de saber, de tener conocimiento y que eso nos haga libre para elegir en la vida. Tenemos un plus, estamos embebidos por las producciones de los chicos que producen
esperanza”.

Pensar la maternidad y el trabajo remunerado 

¿Qué vincula a una socióloga con una comunicadora que maternan mientras teletrabajan? En la misma semana las dos protagonizaron una situación parecida: durante un momento
en vivo, un hijo y una hija sinceraron que en simultáneo sostenían tareas de cuidado. “Estaba al aire y Tomás, mi hijo de dos años, había empezado a seguirme y a llamarme con insistencia. Él
solo quería que lo subiera al árbol, que lo alce, entonces apresuré la presentación de una nota diciéndole a mi compañera: ‘Si te parece, Andrea, escuchamos lo que nos contaba (tal persona) antes de que se desmadre acá’, algo así”, confía Claudia Torres.

Esa introducción con la vocecita del chiquitín detrás generó gran empatía en otras pares: “La pandemia está mostrando algo que no se veía antes”, deslizó una tercera periodista. En paralelo con las anécdotas simpáticas se puede ver lo difícil que es llevar adelante una tarea de home office que demanda concentración y al mismo tiempo atender tareas de la casa. “Y porque por más que haya otra persona, si está mamá, ‘está mamá’”, dice Claudia.

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“Si se es una persona de buena fe, ver la lucha de las mujeres ayuda a reflexionar sobre cómo se está llevando adelante la propia existencia”.

Que una madre sea la organizadora 100% y no solo de la mitad de lo que demanda una casa, implica resolver, contener o acompañarlo todo. Y que esa sobrecarga genere una distribución desigual de la atención y del tiempo en esas tareas. En parejas heterosexuales hay varones que cogestionan un hogar y hacen la compra sabiendo lo que ellos también van a cocinar en la semana. Pero hay otros que pareciera que tie­nen una especie de discapacidad para el hogar: no saben dónde está la ropa de los chicos, cómo se organiza la co­mida, o no pueden ir al supermercado si no les dan la notita con lo que hay que comprar”, resume el psiquiatra y psicodramatista Enrique Stola. 

El martes acompañó un conversato­rio para chaqueños sobre masculini­dades, machismo y racismo, y un día antes -entrevistado en Nacional AM 620- describía porqué las estadísti­cas indican que solo por el hecho de casarse, las mujeres trabajan tres ho­ras más al día que los hombres, sobre todo en tareas de cuidado. “Un varón que tenga una mentalidad antipatriar­cal no va a querer eso para su par, va a hacerse cargo de la mitad de las ta­reas. Así ella podrá dedicarse a otros proyectos. Un cambio de actitud mo­dificaría la realidad de las mujeres”, reflexiona. 

Además, propone romper con la ig­norancia deliberada: “Hoy cualquiera que tenga internet pone en un busca­dor ‘feminismo argentino o latinoa­mericano’, ‘diferentes tipos, historia’; y podrá nutrirse de la dura lucha de las mujeres y de las personas trans-travesti. Muchos creen que el tema de género o de la violencia es de mujeres, pero no: son temas de varones que los sufren, las mujeres y las personas trans”. 

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Gallo Llorente, durante una exposición técnica: “Ahí está mi hija, que es parte de mi vida”.

De regreso al punto del comienzo sobre trabajadoras que se reparten en el rol de cuidadoras quedó pendien­te una intervención de la socióloga Victoria Gallo Llorente. Durante una videorreunión con autoridades de varias provincias la joven directora nacional de Planificación, Seguimien­to y Gestión de la Información del Ministerio de las Mujeres invitaba a pensar en la problemática de fondo a la hora de tomar un indicador, un dato y adaptar el sistema para acompañar derechos. 

“Hay que poner la persona en el cen­tro, pensar en el registro como una estadística”, decía cuando fue apenas distraída por una pequeña asomán­dose por detrás, usando el cabello de la mamá como cortina. “Bueno, ahí está mi hija, que es parte de mi vida”, comentó sonriente para retomar la idea que, justamente, se refería a las maneras de fortalecer los presupues­tos con perspectiva de género. 

En el videoencuentro, el camino de construcción del Chaco era tomado de ejemplo. Por el sector privado, expo­siciones como la de María Fernanda Pavón Pineda (Entidad Enlace) ejem­plificaba cómo desde la Responsabili­dad Social Portuaria era posible pen­sar en el puerto como un lugar donde pueden trabajar las mujeres, y no solo en puestos administrativos. Mientras que por el plantel de Nación, Floren­cia Magdalena Méndez se remitía a su experiencia en la actividad pesquera convocaba a equipos de otros puntos del país a pensar en oficios que am­plíen la mirada, también en el campo de la economía familiar. 

Por último, traemos un aporte de la filósofa y docente Florencia Sichel, que hace casi un año es la mamá de Sofía. “De esos dos mundos, el de la filosofía y el de la maternidad, nació Harta(s), un newsletter donde se pre­gunta: ¿ser madre es una tarea?, ¿es una identidad?, ¿qué implica en una sociedad patriarcal?”. Cada semana, gratis y vía mail comparte textos que abordan cuestiones relacionadas con los mandatos culturales respecto al apego, la lactancia y la ‘militancia’ de lo natural por sobre el deseo de quie­nes maternan.

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Florencia Sichel es licenciada y profesora en Filosofía (UBA) y co-coordina la asociación civil El Pensadero (grupo de estudio, producción y trabajo sobre filosofías e infancias).

La comunicadora Sofía Carolina Ayala la presenta como a quien pro­pone dejar atrás los discursos que nombran al instinto materno para contemplar situaciones heterogéneas y diversas. Además, Sichel “comparte generosamente sus conocimientos y su formación como filósofa sin pre­tensiones academicistas y a través de un lenguaje claro y ameno, mezcla en sus reflexiones personales ideas de distintas periodistas y pensadoras. En el cierre de cada correo no sólo inclu­ye cuánto tiempo (medido en siestas, baños, horas de lactancia y madru­gadas frente a la pantalla) le llevó es­cribir esas palabras, sino que también invita a dejarle comentarios, inquie­tudes o nuevos interrogantes, abrien­do la posibilidad a un intercambio de ideas”. 

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