“Escribo por la pasión de que no está todo dicho”
Charlamos sobre su nueva novela, “Oler la tempestad”, sobre el surgimiento de la idea, su proceso creativo, la cuestión del lenguaje, la poesía y el tiempo.
Fotos: Jorge "Punky" Flores
“Leer es aceptar una convención: el lector asume el candor necesario para creer en esas ficciones, mentiras o magias que alguien urdió con palabras. Así afrontará los peligros que eso entraña porque el fin último es la felicidad”. Esto escribió Isidoro Blaisten y viene porque, en medio de la pandemia, en medio del horror, podemos aceptar un contrato de felicidad con un escritor.

Sobre su proceso creativo, el escritor sostiene: “Escribo por la pasión de que no está todo hecho. Hay un mundo o una historia que se va construyendo en conjunto. No creo en el mecanicismo de armar planes totales, me apasiona lo que sucede en el proceso creativo, donde me sorprende la vida propia que adquieren los personajes”.
El escritor Francisco Tete Romero explicó que hace tres años estaba sumergido en tres cuestiones que en apariencia no tenían conexión. Por un lado, escuchaba el disco “Perfume de la tempestad” del Indio Solari y los Fundamentalista del Aire Acondicionado. En el plano de la escritura, imaginaba una ficción distópica: “Mi opción era, ¿qué pasa si en algún momento hay un gran apagón? Algo que efectivamente ocurrió tiempo después”. Él imaginaba un apagón de 10 horas, la gente en las calles en terrenos donde todo está permitido. ¿Qué pasó durante esas diez horas y cómo se va a contar oficialmente todo lo sucedido?
El tercer elemento de la novela se lo dio el contexto, principio del 2017. Toda escritora y escritor siente preocupación por el lenguaje. En ocasiones usamos un lenguaje tan restringido, frases hechas, lugares comunes, desnaturalizamos lo que creemos que decimos y no lo decimos. Convertir lo que sentimos en una expresión clara, precisa, es muy difícil. “Todas estas partes sueltas se hicieron carne en una persona con voz ronca cantando temas del disco del Indio. Así escribí el capítulo tres del libro, que comenzó como un cuento y terminó siendo una novela”, aclara.
—Hablamos de un apagón. Adelantemos para el lector la fecha de ese apagón y cómo se divide después en zonas el país.
—Hay una fecha que está contada de manera elíptica que es el 16 de septiembre de 2022. Fue un apagón que incluyó todos los sistemas informáticos y tuvo lugar en diez ciudades argentinas. Al término de esa experiencia se estima oficialmente que desaparecieron 15 mil personas. Extraoficialmente se habla de 25 o 30 mil. Todo cambia a partir de ese momento, hay una necesidad de la sociedad, que vivió un trauma, de regular la normalidad para evitar el desasosiego y la angustia.
De este hecho surge una compañía, una corporación, que maneja un mapa digital del estado social del lenguaje, con celeste flúo las zonas de sosiego y con color rojo están las zonas de desasosiego. Ese es el tema, por un lado la tensión entre cómo se narra el pos apagón y grupos de hacker que buscan de alguna manera descubrir la verdad en internet profunda, esa internet que no es pública para nadie pero que en algún momento se puede acceder. Ahí está lo peor de la especie, este internet profundo existe en nuestro mundo y no es ciencia ficción.
—En esta novela, “Oler la tempestad”, encontré una historia, más de una en realidad, personajes que me atraparon y una musicalidad literaria y rítmica propia. Palpé cine, música, poesía. ¿Buscas ese lazo de manifestaciones culturales o se fueron dando en el proceso?
—Soy del 63, como dice Fito Páez en una canción. A partir de mi generación somos multilenguaje. Hoy en cuatro líneas podes narrar -mediante lo que sugerís- muchas historias. Esto nos enseñó el cine, la pintura vanguardista, la poesía, la música. Tengo una conexión con la producción muy rara porque me meto mucho en el texto y necesito que eso tenga música propia. No escribo con plan de principio a fin, sino que los personajes van construyéndose con la historia.

—Ya en la introducción tenemos como la vidriera de lo que vamos a encontrar en la novela bajo el título "El lenguaje como virus y antídoto", escrito por la poeta Claudia Masin. ¿Por qué decidiste poner el foco en el lenguaje?
—Para responderte me remonto a un texto de Walter Benjamin, un autor que recomiendo mucho. Él dice que después de las guerras, después de los grandes cataclismos, los sobrevivientes no vuelven enriquecidos respecto de su lenguaje. A ellos les cuesta mucho contar y narrar lo que padecieron, hay una experiencia de empobrecimiento -porque es tanta la experiencia sufrida, que no hay lenguaje para narrar lo sucedido. Se instala así una necesidad de olvidar, de asumir determinados relatos que buscan el sosiego, el sano olvido.
En 2017 se puso en disputa el tema de la memoria. Me acuerdo el debate sobre el origen de la memoria y dónde incluso había un sesgo negacionista hacia los testimonios que revelaban la violación a los derechos humanos en tiempos de dictaduras. Hay que aclarar al respecto que hay un estatuto jurídico internacional sobre el valor de los relatos orales. En este contexto me preguntaba cómo podemos contar la historia a través del lenguaje.
En relación a Claudia Masin quiero decir que me une una amistad fundada en varios aspectos, uno de ellos es ver al neoliberalismo como producción de subjetividad y de sentido común, por ahí iba la reflexión que desencadenó este eje de la novela en torno al lenguaje y que ella describe en la introducción.

—En una línea de la novela decís textualmente "somos a través del lenguaje".
—Exacto. Todo es lenguaje y sobre todo ahora en este tiempo de pandemia donde nos leemos, nos escuchamos, ¿qué decir? Estamos atravesados todo el tiempo por miles de noticias, informaciones, leemos y escribimos todo el tiempo. Somos a través de lenguaje, y por ello es fundamental.
—Otro aspecto es el tiempo: ¿cuánto jugó y qué significa para vos el tiempo en la construcción de la novela?
—El tiempo es la clave, así como en otras novelas adoptaba de entrada el género negro, aquí hay una mixtura entre el policial y la ciencia ficción. La ciencia ficción al estilo “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, de Philip K. Dick, más conocido por su adaptación al cine con la película “Blade Runner”. Aquí podemos detenernos un momento.
La novela de Dick es del año 1968, el hombre todavía no había llegado a la Luna. En la película se instala el conflicto de la inteligencia artificial, de los androides que tenían conciencia y se preguntaban ¿quién soy?, ¿cuánto me queda?, ¿es real lo que me queda? Llegaron a ser más reales que una humanidad deshumanizada. Esa película es de 1982, ahí la ciencia ficción te muestra y te construye una distopía, toma elementos que están en el presente haciendo una especie de juegos de espejos que agrandan y exageran un imaginario poderoso. Frente a eso, uno dice “es ficción”, pero está dialogando con cosas que ya estoy viviendo. Este es el tiempo y el tipo de ficción que me interesa y busco desarrollar.
—Volviendo a esto de las palabras que nos trae el neoliberalismo. En el libro usas un léxico que me encanta que es “nos incrustan”.¿Qué palabras te incrustó la política para bien? Lo cual también nos sirve para hablar de algunos personajes.
—Para mí, las palabras maravillosas son solidaridad, lealtad y coraje. Hay un personaje en la novela que es la Ronca. A ella la amo profundamente. Es una chica de 20 años, es del Chaco y a su padre lo acusan de haber ayudado a los ciberterroristas a realizar el apagón. Ella se va de la provincia con su hermano Fede. La Ronca tiene coraje.
—Sí, ella es el feminismo.
—Exactamente. Ella viene con los lazos rotos y tiene el coraje de salir a buscar su vida. Transforma el corazón de un personaje que es muy raro, un hacker paraguayo, que vivió en Ciudad del Este. Hay una pregunta que nuclea todo y que está adentro de la novela, ¿acaso soy responsable de mi prójimo? Ese es el dilema ético y es la pregunta más poderosa. No soy creyente, pero esa pregunta me parece que atraviesa todos los tiempos, las sociedades y aquí también atraviesa modestamente la novela. La Ronca y Fede son hermanos, ella trabaja en un taller clandestino en Buenos Aires. Fede tiene un dilema, traicionar o ser leal. Hay tensión ahí que no podemos develar porque forma parte de la trama.
—Hay poemas que abren capítulos y tenemos aquí una narrativa poética, ¿cuán importante es y cuánto te acompaña la poesía?
—La poesía es fundamental en mi vida. Aprendí que para liberarme del peso de otras historias cuando estás escribiendo narrativa hay que leer poesía, hace más flexible el lenguaje. Como dice Gastón Bachelard, la poesía pone en estado de emergencia el lenguaje. Además, la gran lección que nos dio Juan José Saer, lo suyo es un lenguaje poético-narrativo. La búsqueda y el trabajo van por esa senda.
Colección “La tierra sin mal”
La editorial Contexto la presentó meses atrás, con un título que alude a la búsqueda del exilio en la mitología guaraní -del exilio y el paraíso. En 1914 el antropólogo germano-brasileño Curt Unkel Nimuajendú relató las migraciones de grupos guaraníes desde el corazón del Mato Grosso hasta los caminos liberadores del este -en esa región se encuentra La Tierra sin Mal. Ese espacio mítico y de liberación es común a muchas culturas de la Tierra. Los espacios sagrados ofrecen a la imaginación la ocasión de ofrecernos un lugar de ventura y solaz; no de otra manera operan algunas colecciones literarias.
En esta primera entrega la colección cuanta con los autores José Gabriel Ceballos (Corrientes), Patricia Severín (Santa Fe), Orlando Van Bredam (Formosa), Francisco Romero (Chaco) y Osvaldo Mazal (Misiones). La elección no es casual: la consideración de la crítica y los lectores hacia estos escritores, los numerosos premios obtenidos en concursos, la conformación de un estilo literario propio y sustantivo, son algunas de las razones que dictan esta primera predilección. Así describe el escritor Juan Basterra, quien por sugerencia de Rubén Duck, de la Editorial Contexto, dirige esta colección. Al respecto, Francisco Tete Romero agradeció a la editorial por animarse a publicar esta colección tan especial. “Me fascina integrarla. Sé que además se viene otro libro de esta colección muy pronto”, destacó.
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