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CARTA DE LECTORES

El salario docente: por qué afirmamos que depende

de una decisión política y no financiera

Señor director de NORTE:

“Mejor que decir es hacer y mejor que prometer es realizar”. Es común considerar en tiempos de pandemia desde las distintas instancias de Gobierno las pérdidas ocasionadas o reducciones varias pero no obstante se guarda significativo silencio que por las licitaciones de Letras de Tesorería —de enero a septiembre del corriente año— la Provincia pagó por intereses la suma de $ 458.349.272,76 (pesos cuatrocientos cincuenta y ocho millones trescientos cuarenta y nueve mil doscientos setenta y dos pesos con setenta y seis centavos) y/o que ya superó los $ 1.000.000.000 (pesos mil millones) el daño causado por la “plus valía” pagada a “honorables jubilados” por aplicación de la Ley 7820/16  —que anuló el tope jubilatorio— y permite que existan pasivos con prestaciones que superan los $ 350.000 (pesos trescientos cincuenta mil) mensuales, todo ello en una provincia con los más altos índices de pobreza (48,7 %) e indigencia (18,2%) lo cual constituye un verdadero escándalo y desvergüenza, y ruptura del sistema solidario y de reparto en beneficio de una minoría especulativa. En consecuencia, de nada sirve declarar la necesidad de “combatir las desigualdades” (nota titulada “Sistema Político y Pandemia” (en NORTE del 28/09/20, página 7, locales), sino ejecutar políticas con esa orientación. Esta fácil ganancia, en especial desde el año 2016, del sector financiero y de activos y pasivos en cargos superiores de los tres Poderes del Estado Provincial y/o nacional (senadores, diputados, jueces...), que sortean alegremente recesión, endeudamiento y pandemia, contrasta con el empobrecimiento generalizado de los trabajadores y en particular del sector docente. La Atech rechaza “la cláusula consuelo” del gobierno provincial que ante una inflación superior al 20 % en los nueve meses transcurridos de 2020, otorga un 7,8% a los docentes a partir de los sueldos de septiembre, acrecentando la pérdida salarial de los últimos años (2017, 2018 y lo que va de 2020) que ronda en el 65 %; y ratifica el reclamo de pago de la cláusula gatillo comprometida, con el 7,8% 
retroactivamente al 1 de abril, más el 5,8% retroactivo al 1 de julio; porcentajes que deben actualizarse inclusive a partir del 1 de este mes de octubre conocida la inflación del tercer trimestre —dirigidos al valor del punto, al sueldo en blanco—.

Esta situación no se condice con el incremento de la recaudación en un porcentaje superior al 35 % nominal, en los meses transcurridos, con respecto al año 2019, por transferencias automáticas nacionales e ingresos propios, y el aumento del 110 % por transferencias no automáticas entre enero y julio/20 ante la crisis sanitaria, por lo tanto consideramos que el ajuste continúa golpeando al trabajador y profundizando su empobrecimiento, y es el resultado de las políticas aplicadas por los gobiernos de turno hasta el presente. El plan dado a conocer por el Banco del Chaco para refinanciar la deuda de los empleados del Estado por un monto de $ 3.800.000.000 (pesos tres mil ochocientos millones) demuestra no otra cosa que la caída estrepitosa de los últimos años de los salarios, lo que ocasiona este endeudamiento monstruoso del sector laboral resultando que la medida bancaria no soluciona la cuestión, solo prolonga la agonía. La cláusula gatillo significa tan solo el mantenimiento del nivel salarial (poder adquisitivo) ante la inflación, su incumplimiento significa una rebaja de hecho de las remuneraciones, menor capacidad de pago, reducción del consumo, y un acrecentamiento de la parálisis económica, o sea, lo contrario de la política que pregona el gobierno provincial, resultando una verdadera broma de mal gusto adjudicar la baja del consumo en el Chaco a la incertidumbre de la pandemia declarando “que la gente gasta lo necesario y el resto lo guarda” (declaraciones de la ministra de Economía de la Provincia del Chaco, NORTE 2/10/20, página 2, locales).

¡Queda claro por qué planteamos insistentemente que la resolución del conflicto salarial docente en la provincia depende de una decisión política y no financiera!

Rosa Myriam Petrovich

Secretaria general de Atech Resistencia

La buena gente y la gente buena

Señor director de NORTE:

Buena gente, gente buena, son expresiones que para una mayoría no significan lo mismo.  La “buena gente” se refiere a gente honrada, trabajadora, familias con conductas que prevalecieron en el tiempo, tradiciones, fieles a sus principios.  Así catalogan por ejemplo: los salteños y santiagueños son buena gente. A los de otros países u otras provincias, también los distinguen  con adjetivos de conservadores, altaneros, egoístas, arrogantes, etcétera.  No significa que esta calificación exprese realmente la verdad; en cada  lugar lo pueblan personas buenas, no tan buenas y malas a la vez.

Hay de todo en la viña del Señor.  En cambio la gente buena, se la distingue por sus afectos, sus emociones,  solidaridad,  sensibilidad, hasta por los gestos y por los ojos, su entrega a los demás.  Los chaqueños tenemos la buena gente y la gente buena.  Las primeras son aquellas con buenas intenciones, responsables, cumplidoras, que dicen querer el bien común, y hasta están en espacios de poder, vaya la redundancia, para poder hacerlo. Aunque a veces se queda en las intenciones, no siempre se efectiviza en hechos, a diferencia de los otros.  

La gente buena es aquella que pasa sobre sus intereses personales  trabajando para los demás, dar y compartir, organizar y participar.  

El mundo está lleno de gente como lo estamos nosotros.  Queremos que Chaco siga adelante con su buena gente, que cuida de la armonía y la justicia y brega por  disminuir la violencia y defender la sociedad.

Alguno cumpliendo con un deber, otros colaborando con ellos.  Y la gente buena no puede  renunciar a su vocación de servicio.  Los que siembran para bien, difícilmente tengan malos frutos.  El país necesita de su buena gente. 

Mónica Persoglia

Resistencia

Sobre a cuarentena

Señor director de NORTE:

¿Estamos de acuerdo con la apertura selectiva de la cuarentena? Hay que centrar el tema: - el problema no es la cuarentena, el problema es el virus y sus consecuencias: enfermedad y muerte.

- El problema es el virus y sus facetas desconocidas y su alta contagiosidad. - La cuarentena es una estrategia para disminuir el contagio, al igual que el distanciamiento, lavado de manos, barbijo, etcétera.

- La cuarentena también es productora de problemas de salud físicos, psicológicos, problemas económicos graves, problemas de estigmatización y exclusión social, etcétera. - Estamos en el peor momento de la pandemia en cuanto al número de contagios y muertes.

- El problema es complejo y merece un análisis científico de cada caso particular (el ejemplo de diversos países y provincias y la explosión de casos luego de semanas de calma es demostrativo). - La vida está primero.

- Sin salud no hay actividad económica alguna. - En síntesis, se trata de “administrar el aflojamiento de la cuarentena y las actividades permitidas”.

- Y aunque se ha perdido “credibilidad” en este tema, se trata de evaluar cada actividad y su impacto en el contagio y mortalidad y sacar propuestas de cada una de ellas con una política comunicacional más efectiva y precisa. No hay otra por ahora.

El alto nivel de contagios en casi todas las provincias, con especial ferocidad en Provincia de Buenos Aires, Capital, Jujuy, Chaco, Córdoba, Santa Fe, etcétera, impide emplear categorías falaces como “amesetamiento”, pico de casos, estabilidad etcétera. Independiente de que alcancen las camas de UTI, lo concreto es que la gente se sigue enfermando y muchos muriendo, con el atenuante que quieran (edad, enfermedades pulmonares previas, diabetes, etcétera).

Sorprende la actitud o intento de minimizar o naturalizar el tema. Sorprende también la calma y cierta resignación. El mensaje es contradictorio, lo concreto es que estamos mal. Es inevitable que se retomen con fuerza ciertas medidas restrictivas (prohibición de reuniones varias, movilizaciones, etcétera), aunque sea por un período limitado de una o dos semanas.

Es necesario reforzar con un mensaje claro el lavado de manos, el distanciamiento social, el barbijo, etcétera. Hay que parar el contagio. Hay que parar las muertes.  

Ernesto Iliovich

Resistencia

 

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