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HOMENAJE A LA CIENCIA, PASAJE AL PENSAMIENTO CRÍTICO

Cosmos, el viaje de un renacentista

Hace 40 años se estrenaba la más famosa serie de divulgación científica del mundo. Su artífice era un profesor de Harvard que llamaba la atención por la amplitud y profundidad de sus logros, y también por su desconcertante modestia.

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Carl Sagan.

“Para cada uno de nosotros, el viaje comienza aquí”, decía Carl Sagan tocándose la sien izquierda. Por eso el subtítulo de “Cosmos” era “Un viaje personal”, y lo ilustraba una y otra vez, de mil formas distintas, desde el primer capítulo, cuando hablaba de las galaxias, las estrellas y los años luz, para luego viajar a la Biblioteca de Alejandría, conocer la obra magnífica de Eratóstenes, y cerrar con el calendario cósmico que situaba a los humanos como los recién llegados de la historia del Universo. Había llamado la atención de la prensa en 1977, durante las misiones Voyager.

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“Cosmos, un viaje personal” se estrenó a fines de septiembre de 1980. Fue emitida en más de 60 países y vista por más de 500 millones de personas.

Después del fin del programa Apollo y los astronautas caminando en la Luna, era bastante difícil crear expectativa alrededor de un par de sondas que “no irían a ninguna parte”, destinadas a salir del sistema solar previo sobrevuelo de varios planetas. Pero Sagan “sabía enseñar, y cuando él explicaba, uno creía que había aprendido”, decía Declan Fahy, experto en periodismo científico de la American University.

Sagan había estado a cargo de la formación del equipo que diseñó y grabó los “discos de oro” de ambas naves, que entre muchas señales de la civilización incluyeron desde composiciones de Bach hasta canciones de rock and roll, junto con saludos en muchos idiomas y sonidos de la Tierra.

Los periodistas comprendieron de inmediato que el autor de tales grabaciones era quien mejor podría acercarse al público para explicar cómo se haría la exploración de Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. “Carl era un entusiasta de la posibilidad de hallar otras formas de vida en el Universo. “Es casi imposible que no haya nadie más”, decía.

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Esta fotografía de la Tierra fue tomada el 15 de febrero de 1990 desde la sonda Voyager 1, cuando atravesaba la órbita de Neptuno, a 6.000 millones de km de nuestro planeta. A raíz de ella, el científico y divulgador Carl Sagan, quien había pedido. que tomaran la imagen, escribió la reflexión titulada “Un pálido punto azul”.

“Pero no era un creyente: buscaba evidencias y analizaba científicamente cada señal, no admitiría jamás que se engañara a nadie, y menos aún engañarse a sí mismo”, recuerda Fahy. Por eso fue que dedicó muchas horas de trabajo al “Proyecto Libro Azul” de la Fuerza Aérea de los EEUU, que investigó los ovnis en los años 1950 y 1960.

“Empezó con la mente abierta, pero concluyó que no había ninguna evidencia de extraterrestres que visitaran la Tierra”, dice William Poundstone, autor de “Carl Sagan: una vida en el cosmos”. Cuando expuso su informe sobre lo que (no) había encontrado, “fue objeto de campañas de descrédito y hasta recibió amenazas de muerte por parte de los fanáticos ovni”, cuenta Poundstone.

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Desde hace dos temporadas, el astrofísico Neil de Grasse Tyson conduce “Cosmos, una odisea del espacio-tiempo”, con guion de Ann Druyan, viuda de Sagan y escritora de la primera serie.

“La ciencia no es solo un conjunto de conocimientos. Es una manera de reflexionar, de interrogar al Universo, con escepticismo y con la comprensión de la falibilidad humana”, definió Sagan en 1996, en su última entrevista. Ese año murió, de cáncer.

Ya había tratado con gran profundidad del asunto del conocimiento, el escepticismo y la falibilidad humana en el capítulo 7 de “Cosmos”, titulado “El espinazo de la noche”, en el que investigaba el largo tránsito que llevó a una comprensión humana del Cosmos, las mitologías y las estrellas, los dioses y la Naturaleza, los primeros filósofos materialistas, como Anaxágoras, Anaximandro, Demócrito, Tales, y cerraba el círculo asociando toda esa evolución con la curiosidad los niños por los misterios del Universo.

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La sonda Voyager estaba tan lejos de nosotros cuando se capturó la imagen, que la Tierra ocupaba en ella solo un 1,2% de un pixel”.

En “Cosmos”, Sagan expuso conceptos científicos, contó la historia de la Humanidad y de la ciencia, pero sobre todo transmitió el sentido de la maravilla. Para quienes eran niños y adolescentes en los 80, el presentador de “Cosmos” fue un científico que mostró los secretos trabajosamente develados por los humanos a lo largo de milenios, y el taumaturgo que desveló los fantásticos prodigios de los universos que nos rodean, a años luz o a micrones de distancia, en el cielo, en nuestro entorno, o dentro de nuestras células.

Carl Sagan inspiró a niños y jóvenes el amor a la ciencia, y muchos científicos actuales le deben el descubrimiento de su vocación. Transmitió la importancia del pensamiento crítico, la necesidad de comprender el Universo y de entender que somos tan pequeños como únicos...

“Cosmos” fue una producción pionera en una nueva forma de divulgación científica, con novedosas formas docentes como el uso de los efectos especiales tomados del cine, para situar al espectador “dentro” del asunto que estudia. Sagan caminaba por el calendario cósmico, recorría la mítica Biblioteca de Alejandría, pisaba el tejido espaciotemporal, viajaba en la Nave de la Imaginación. Y con él íbamos todos, incluso los que nunca llegamos a ser científicos.

Un pálido punto azul 

Mira ese punto, eso es aquí, es nuestro hogar, eso somos nosotros. En él, todos los que amas, todos los que conoces, todos los que alguna vez escuchaste, cada ser humano que ha existido, vivió su vida. Mira de nuevo ese punto. Eso es aquí. Esa es nuestra casa. Esos somos nosotros. Ahí están todos los que amas, todos los que conoces, todos de los que has oído hablar, todos los seres humanos que alguna vez fueron.

El conjunto de nuestras alegrías y sufrimientos, miles de religiones, ideologías y doctrinas económicas. Cada cazador y cada recolector, cada héroe y cada cobarde, cada creador y cada destructor de civilización, cada rey y cada campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada hijo esperanzado, cada inventor y cada explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, cada ‘superestrella’, cada ‘líder supremo’, cada santo y cada pecador en la Historia de nuestra especie vivió ahí, en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol. 

La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay otro lugar, al menos en el futuro cercano, al que nuestra especie pueda migrar. La Tierra es un escenario muy pequeño en la vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre derramados por todos esos generales y emperadores para que pudieran convertirse en maestros momentáneos de una fracción del punto.

Piensa en las infinitas crueldades cometidas por los habitantes de una esquina de este píxel sobre los habitantes apenas distinguibles de la otra esquina, cuán frecuentes sus malentendidos, cuán ansiosos por matarse unos a otros, cuán fervientes sus odios.

Nuestra imaginada importancia personal, el engaño de que tenemos una posición privilegiada en el Universo, se ven desafiados por este punto de luz pálida. Nuestro planeta es una mota solitaria en la gran oscuridad cósmica. En la oscuridad no hay indicios de que venga ayuda de otro lugar para salvarnos de nosotros mismos.

La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay otro lugar, al menos en el futuro cercano, al que nuestra especie pueda migrar. Nos guste o no, por el momento la Tierra es el único lugar del que podemos hacer nuestra casa.

Quizás no haya mejor demostración de la locura de las miserias humanas que esta imagen distante de nuestro pequeño mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos más amablemente el uno con el otro, y preservar y apreciar el punto azul pálido, el único hogar que hemos conocido.

*Publicado en “Un pálido punto azul”, de Carl Sagan. Una visión del futuro humano en el espacio que mezcla filosofía y ciencia para trazar una emocionante, educativa, ilustrada
perspectiva del lugar de la especie humana en el Universo.

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