Una sequía solo equiparable a la ocurrida hace dos décadas
Hugo Rohrmann analiza el “corte” de la temporada de lluvias en marzo, y menciona que el último ciclo comparable fue a principios de la década del 2000.
Entre los ciclos 2001-02 y 2002-03 se registraron variables en las precipitaciones en el territorio chaqueño, con consecuencias en una sequía extendida dada la baja oferta de humedad en los suelos. Ese escenario se reitera ahora, casi dos décadas después, en algunas regiones puntuales y con una particularidad que bien describe Hugo Rohrmann, docente de la cátedra de Hidrología en la Facultad de Ingeniería de la UNNE: la interrupción de lluvias desde marzo.

‘Me llamó la atención el hecho de que, a partir de marzo, se cortaran las lluvias. Buscando en las estadísticas, si el año pasado hubo prácticamente 2000 milímetros de lluvias y este año, en el Este de la provincia, estamos llegando apenas a 900 milímetros, es muy llamativo que de un año a otro haya bajado la mitad‘, expone el ex presidente y director en la Administración Provincial del Agua (APA).
Al respecto, aporta: ‘En la estadística aparece que, en 2001-02, las lluvias fueron de 1600 milímetros y, en 2002-03, bastante menos que 1000 milímetros. Una situación similar a la que se presenta ahora, y con esa particularidad de que, a partir de marzo, se cortaron las lluvias‘. Confirma así que, en la revisión estadística a lo largo de 70 años, aparecen situaciones similares y cotejables.
En ese escenario, el especialista resalta como necesario al aumento en el nivel de humedad. ‘Aparentemente eso se comienza a observar en los últimos diez días con lluvias muy interesantes sobre la línea de Paraguay-Itaipú-Iguazú. Hay como un granito de esperanza de que se extienda al Noreste, ayudando a achicar esta situación tan crítica‘, agrega.
En diálogo con NORTE, Rohrmann menciona como un hecho destacable en el análisis la variabilidad territorial, que no es normal y que hace de este un año atípico. Es que el ciclo de lluvias que concluye este mes de agosto (por año hidrológico) se ha comportado distinto en el territorio, con un sudoeste que tuvo lluvias abundantes en noviembre y enero, y el resto del territorio chaqueño ajustado al promedio histórico, con situaciones particulares en el Norte y en El Impenetrable que registra un 50% de faltante de lluvias.
VARIABILIDAD TERRITORIAL
En cuanto al panorama de precipitaciones en la provincia, para el experto existen dos aspectos relevantes. El primero de ellos es la variabilidad territorial. Así, considerando que el comportamiento de las lluvias se analiza por año hidrológico (empieza en septiembre y termina en agosto), explica: ‘Estamos concluyendo un ciclo de lluvias que se ha comportado distinto en el territorio, ya que en el sudoeste, en noviembre de 2019 y enero de este año hubo lluvias muy abundantes, repitiendo lo que había ocurrido el año anterior que fue muy lluvioso‘. Y recuerda que, en todo el resto del Chaco, hasta febrero se presentaba como un año normal, con las características del promedio histórico que se puede esperar de lluvia en cada lugar.

‘A raíz de las lluvias de noviembre y enero, el sudoeste es el único lugar de la provincia que, haciendo un balance, tiene precipitaciones por encima de lo normal‘, resume y precisa: ‘El resto de la provincia, un 80% del territorio, está con valores por debajo de lo normal; y más en la zona norte y en El Impenetrable que llega hasta el 50% de faltante de lluvias‘.
Otro aspecto asociado al anterior es que las lluvias ‘se pararon en marzo‘. ‘La temporada de lluvias va de octubre a abril. Por eso es esperable que, a partir de octubre próximo, comiencen a incrementarse‘, sostiene Rohrmann y fundamenta: ‘Es muy raro que, en el medio de la temporada de lluvias, en marzo se ausenten y de un modo muy evidente. En estos últimos seis meses apenas alcanzó a llover lo que uno espera para marzo‘.
Pronósticos responsables
En vistas de la nueva temporada, con el ciclo de producción agropecuaria que empieza en octubre y los perfiles de suelo afectados por el faltante hídrico, Hugo Rohrmann resalta: ‘No es buena una lluvia de 100 milímetros. Son preferibles cuatro de 25 milímetros‘.
Así, repasando datos históricos, señala que ‘a partir de septiembre-octubre es dable esperar un incremento de precipitaciones o al menos que aparezcan‘.
Sin embargo, da cuenta de la herramienta de la perspectiva de lluvias, basada en modelos de un mes hacia adelante, tres, seis y hasta de un año. ‘En nuestra zona, los que mejor andan son para el mes y de tres meses‘, subraya, y recuerda que está próximo a difundirse el trimestral de septiembre-octubre-noviembre.
‘El vigente para agosto, septiembre y octubre indica para el sector central y oeste del Chaco precipitaciones por debajo de lo normal; y hacia Corrientes, precipitaciones normales en épocas de invierno con poca precipitación. De hecho, contabilizando agosto, fue claramente deficitario‘, expone.
En ese contexto, el especialista considera como un buen indicio si septiembre y octubre permitieran recuperar valores promedio mensuales de precipitaciones en la zona. Tal previsión será confirmada en la nueva perspectiva trimestral que se emitirá en los próximos días.
‘Más allá de eso, es totalmente irresponsable largar algún pronóstico‘, enfatiza Rohrmann y sostiene que aún en los pronósticos trimestrales, el primer mes tiene un alto porcentaje de acierto, lo que en los dos restantes baja considerablemente.
El impacto de los incendios en el ambiente
Al abordar las causas de los incendios rurales que afectan a distintos puntos del Chaco, Rohrmann marca: ‘Si hay dos o tres meses que no llueve, todo lo que es vegetación está seco. Pero hay otro aspecto que favorece los incendios: las heladas. Hemos tenido dos o tres ciclos muy fuertes. Hace 15 días las temperaturas estuvieron entre 3, 4 y 5 grados bajo cero en el centro de la provincia y en Santiago del Estero. Eso es un condimento espectacular entre un ambiente seco y la vegetación quemada‘.
En ese sentido resalta la importancia de la humedad ambiente normal o elevada, que podría atenuar las posibilidades de incendios, lo que en este caso no ocurrió porque se combinaron falta de lluvias, ambiente seco y heladas. ‘Los incendios tienen un impacto en todo el ambiente: en la vegetación, en la fauna y en la infraestructura colocada por el hombre como cables de electricidad y viviendas‘, repasa, y resalta la importancia de tener ‘una estrategia clara para enfrentar los focos que se dan‘, sostiene el especialista.
También indica que existe ‘una práctica común en áreas ganaderas‘, ya que al tener pasto tan seco, los animales no comen. Entonces, al producir un incendio hay rebrote verde a los 15 o 30 días. ‘Es una práctica que agudiza los incendios, pero no es lo mayoritario‘, aclara.
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