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Pymes: la peste del olvido

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Sebastián Latashen
Por: Sebastián Latashen
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´Cien años de soledad´, escrita por el colombiano Gabriel García Márquez, es una pieza
maestra de la literatura hispanoamericana. La novela narra la historia de la familia Buendía en
el pueblo ficticio de Macondo a lo largo de siete generaciones y encarna una de las obras más
traducidas y leídas del idioma español.
Promediando el relato, el autor describe como un día llega sin más a su poblado la peste del
insomnio y, como consecuencia, la plaga del olvido. La pérdida de la memoria obliga a sus
habitantes a sortear técnicas para recordar las cosas y uno de los personajes principales
empieza a etiquetar todos los objetos para acordarse de sus nombres; no obstante, dicha
táctica empieza a fallar cuando las personas también olvidan como leer.

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Algo similar sucede en algunas pymes con respecto a sus valores, prácticas y finalidades. Es
que son innumerables las ocasiones en las que, ante la pregunta a un colaborador de cualquier rango y trayectoria de para qué hace lo que hace, con suerte este responde con un abstracto: “para satisfacer las necesidades del cliente”. Es allí cuando los empresarios, cual José Arcadio
Buendía, se obsesiona con colgar carteles de visión en las oficinas, web, redes sociales y mails
corporativos, con la intención de que así todos compartan los regímenes propuestos desde la
gerencia. Pero, al igual que en el imaginario Macondo, suele pasar que los colaboradores “se
olviden de leer”.
Ahora bien, aun cuando está más que clara la importancia de que las proyecciones sean
impartidas por cuanto canal exista en la organización, cabe aclarar que eso por si sólo no es
suficiente. En necesario además que esta comunicación interna este sustentada en un método
conciente de ejecución. Con este espíritu, existe el proceso de administración, es decir un
procedimiento de seis pasos que abarca la planificación, implementación y evaluación de
estrategias.

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Por tanto, el primer paso para evitar la pandemia del olvido en un negocio es la identificación
de la misión, los objetivos y las pericias actuales. A grandes rasgos, esta tarea comprende a la
declaración del propósito de la organización y se compone de sus clientes, mercados y su
alcance geográfico. Asimismo, debe manifestar el interés de la empresa en la supervivencia,
crecimiento y rentabilidad y el compromiso con su filosofía, cometidos, prioridades éticas, comunidad y empleados.
El segundo antídoto para evitar el mal de memoria organizacional es la realización de un
análisis externo. Esto implica salir de la coraza de la empresa y evaluar el entorno con el
objeto de observar las tendencias positivas presentes en el contexto y considerar con seriedad
sus amenazas, siempre en función de los designios antes descritos.
Una tercera salvaguardia consiste en confeccionar un análisis introspectivo. En este orden, se
deben analizar los recursos, las capacidades y competencias fundamentales de la compañía.
Con recursos me refiero a los activos que emplea la empresa para desarrollar, manufacturar y

entregar productos a sus clientes.

Concretamente, representa los capitales que posee la organización. Por otra parte, las capacidades son las habilidades, o sea, cómo la empresa realiza su trabajo, mientras que las competencias fundamentales se relacionan con la principal capacidad de generación de valor de una compañía.
Habiendo cumplimentado con todo lo antedicho: la manifestación de los ideales y el estudio
de la realidad externa e interna, el movimiento siguiente es la formulación de estrategias
propiamente dichas, siendo estas ni más ni menos que guías que ayudarán a cumplir lo
proyectado.
Con este guion trazado, resta llevarlo a la práctica. Por consiguiente, la quinta fase que es la de
implementación de las estrategias seleccionadas. De hecho, hacer lo ideado y promover la
acción en toda la organización es la mejor prevención contra la amnesia, ya que posibilita que
todo el equipo deje las actitudes improvisadas e impulsivas ante las demandas que vayan
surgiendo, reemplazándolas por un plan integral explícito, adaptado a las particularidades de
la propia pyme.
No obstante, este camino no culmina sino hasta luego de una genuina etapa de evaluación de
resultados. Esta se sanea respondiendo una simple pregunta: ¿qué tan útiles fueron las
maniobras efectuadas para cumplir las metas? Si la respuesta no es satisfactoria, amerita una
reflexión de todas las instancias para identificar el punto a mejorar y así, iniciar un nuevo
proceso.
Para finalizar, citaré el caso de una cadena de mini mercados de injerencia local, cuya visión
fue no restringir sus esfuerzos a la competencia de ventas por menor de productos
alimenticios, sino que buscó posicionar a la empresa en el sector minorista en general
mediante el comercio de artículos de salud, belleza, libros, productos electrónicos e
indumentaria.
Para lograrlo, su dueño involucró a sus principales colaboradores en las decisiones.
Posteriormente contrató a una consultora especialista en investigación de mercado y, en
conjunto, establecieron los cambios requeridos para la mejora de sus procesos de compra y de
selección de personal, a fin de aunar las partes del sistema en un único destino.
Así, entre todos desarrollaron un esquema de trabajo consensuado, que hizo que el conjunto
total de los participantes tenga muy en claro hacia donde van y para qué hacen lo que hacen.
Todo esto sin la molestia de llenar de carteles las oficinas, sucursales y depósitos con frases
hechas ni palabras vacías.
En conclusión, estimado empresario Pyme, lo invito a no encarar este proceso en soledad, a
involucrar a los suyos en su misión y a inspirarlos encarnando cada declaración escrita. En
definitiva, y parafraseando al maestro García Márquez, “Recordar es fácil para el que tiene
memoria. Olvidarse es difícil para quien tiene corazón.” (…) Puesno se muere de vejez sino de olvido”.

* El autor es mentor en GrupoSet LATAM.