CARTA DE LECTORES
Belgrano, el revolucionario
Se disputaron los restos del fallecido. El prócer debía ser trasladado en 1902 a su nuevo lugar de reposo y para eso debían abrir su tumba, los testigos eran un puñado de familiares y funcionarios del segundo gobierno oligárquico de Julio Argentino Roca, lo poco que quedaba de él se lo incautaron los ministros del interior y el de guerra. Belgrano no descansaba en paz.
La misma oligarquía porteña que lo ignoró y que puso freno a sus luchas independentistas, la que con Mitre lograría el control del Estado naciente, disponía que sus restos serían artículo de exhibición en la casa del gestor de la tergiversación de la historia argentina, Bartolomé Mitre.
Cada gobierno porteño posterior a la Revolución de Mayo, durante esa década de jugarse el pellejo, se había empeñado en limitar el afán revolucionario, hacia una salida negociada con las potencias para conformar un país neocolonial exportador de materias primas.
Todo lo contrario de lo que un cuadro revolucionario como Manuel Belgrano, proponía y ponía en marcha en cada región adonde lo llevaban las campañas libertadoras, en el litoral, en Misiones y Paraguay, y en el noroeste.
Hoy sabemos, o repetimos sin mayor convicción: luchaba por la unidad latinoamericana, la inclusión social, la integración plurinacional, el desarrollo autónomo, la educación pública y la igualdad de oportunidades, y más, Belgrano llevaba adelante el plan trabajado con Moreno en la Primera Junta.
Con el diario del día siguiente podemos decir que faltó unidad en la corriente revolucionaria, que los intereses del puerto se unificaban en función de su relación económica con las potencias, que las nacientes provincias pujaban aisladas por sobrevivir.
Ese panorama nacional despidió al prócer revolucionario el 20 de junio de 1820. Dice Jessica Belgrano, su descendiente en sexta generación en un reportaje para Telam
“No solo fue el creador de la bandera y un patriota que murió pobre; a mí me gustaría que Belgrano tuviera más enemigos porque fue el hombre que creía que el Estado debía garantizar la educación de varones y mujeres de todas la clases sociales. Belgrano le cae bien a todo el mundo porque la historia oficial se encargó de que fuera un padre de la patria inofensivo”.
De eso se trata, en definitiva, de honrar a los caídos enarbolando sus banderas, conscientes de que la grandeza de la Patria es una tarea inconclusa, y de que las minorías poderosas siempre tuvieron quien escriba su versión, la tergiversación del legado de Belgrano, como la falsificación de la historia, les permitió construir el país para pocos.
Como decía Jauretche “la Nación todavía sigue naciendo”, con esa premisa generaciones sucesivas de patriotas han transitado similar desafío, y la suerte, dispar, nos trajo hasta aquí, casi un “empate catastrófico” diría el ex vicepresidente boliviano García Lineras. Las fuerzas de la ocupación colonial, intactas y poderosas, cuentan con aliados locales, y como en el éxodo jujeño encarado por el general Belgrano, nuestro pueblo reconstruye sus filas, hoy amenazado por la crisis económica y la pandemia.
Porque “lo actual es un complejo amasado con el barro de lo que fue y el fluído de lo que será”, según don Arturo Jauretche, sobresalen las palabras de la descendiente del general “Es un honor llamarme igual al hombre que se atrevió a tocar los intereses de los que escribieron la historia oficial, y es un honor ser parte del pueblo que lleva esos ideales como bandera”.
POR CARLOS DAVEL QUIRÓS
Humedales
Pandemoniadas trasnoches de encierro. Frontera seca en donde convive la conciencia política de un peronista viejo, con los contrabandistas de nostalgias, cuenteros sin barbijos, que esparcen el virus de sus imaginerías, borrando la línea entre los devaneos de la imaginación y los sueños. Los que siempre rompen la cuarentena del Alberto, en mis noches de insomnio y memoria son la “Querida torres” y “Finadito” que de madrugada, acomodan sus banquitos debajo del alero de su rancho pobre a orilla de La Laguna del Viejo Retamar.
Están allí. Sin barbijos. Toman mate y la lumbre de su bracero apenas deja ver sus rostros y sus gestos. Las aguas amarronadas de la laguna y el silencio de los inocentes que duermen desentendidos, forman un cuadro en mi memoria, que asombra por su realismo. Para colmo la taninera y la aceitería de Anyelville apagaron hace tiempo sus calderas y ninguna cinta de plata cruza el cielo del barrio sur. Sirenas de ambulancia y de la estaquería, reemplazaron al pito guampero.
“No pienses que se va a secar la laguna Finadito, dice la Querida Torres. A lo sumo, las nubes en tiempos de seca, la cargaran sobre sus lomos y los vientos de lluvias la llevaran a otros parajes, se mezclará en esteros y riachos, dando vida a cardúmenes nuevos, que esconderán sus escamas de los picos de garzas y patos laguneros.”
Perón siempre comparó al pueblo en su andar histórico, con el agua y yo siempre rumié que el peronismo es un humedal inmenso, desmedido e invulnerable donde los más calchaí sobrevivimos abrazados a la memoria política. Así pasamos tiempos de pestes y persecuciones. Del genocidio de Videla, a la muerte de las ideologías y el fin de la historia, hasta los globos amarillos del neoliberalismo. No te achiques Finadito…resistir es vencer. Otra cuarentena y le llegamos.
POR CARANCHO RAMÍREZ
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