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COMO SE PIDE

El poder y las relaciones sociales deben feminizarse o solo estaremos reeditando las mismas viejas prácticas

Señor director de NORTE

Debido a las numerosas publicaciones vertidas en los medios que refieren a una causa que tramita ante mi juzgado, que tiene como denunciante a la señora Victoria Deldo, y ante las expresiones de estas organizaciones, no puedo evitar preguntarme: ¿Es realmente el accionar de esta jueza -quien suscribe- la forma más extrema del machismo?

Pienso en mi experiencia como mujer en un mundo de hombres, en el mundo del derecho, históricamente definido, diseñado y llevado adelante mayormente por hombres. Pienso en aquellos momentos en que nosotras como mujeres profesionales, debemos constantemente legitimar la autoridad de los cargos que obtuvimos por concursos y antecedentes y arduo trabajo.

Cuando para los hombres usualmente basta sólo un título universitario; de nosotras siempre se espera mucho más. Pienso en momentos de mi vida personal, en las que las redes de mujeres de mi familia me sostuvieron cuando el mundo me daba la espalda, un mundo de hombres.

Y entonces también pienso que debemos tener muchas más cosas en común con las mujeres que forman parte de estas organizaciones de las que este conflicto nos está permitiendo ver.

Esta jueza se pregunta cómo funcionan las organizaciones que representan a colectivos de mujeres cuando sus objetivos o reclamos van hacia las acciones de una mujer. ¿No sería quizás más favorable que entre mujeres nos entendiéramos de otra manera? Entiendo que los feminismos plantean este tipo de solidaridad entre mujeres, y yo no puedo más que coincidir.

Entre otras cosas que me ha enseñado la experiencia es que entre mujeres siempre hemos logrado encontrar otros caminos distintos a los caminos de la masculinidad violenta. Que aún en las diferencias, las mujeres tarde o temprano sabemos sentarnos a abrir los corazones y las mentes en un diálogo. Para debatir, para cuestionarnos, para escucharnos entre nosotras.

Lo hacemos desde siempre en los ámbitos domésticos, ¿por qué no llevar esa virtud a los ámbitos públicos? ¿No es acaso esa, otra posición fuertemente defendida por los colectivos de mujeres, por los feminismos?

¿Que el poder y las relaciones sociales, deben dejar de ser ejercidas en un formato masculino, en un formato patriarcal? ¿Que el poder y las relaciones sociales deben feminizarse o solo estaremos reeditando las mismas viejas prácticas?

Que debe llegar el día en que dejemos de decir que una mujer para alcanzar mejores posiciones en la vida debe actuar necesariamente como actuaría un hombre. Hoy, muchas de nuestras niñas y adolescentes, se están replanteando cómo sería la historia de la humanidad si en los lugares de poder y en las cuestiones públicas hubiera más mujeres, siendo mujeres, en toda su autenticidad.

Quizás nosotras no nos hacíamos esas preguntas y celebro que nuestra juventud sí lo haga. Y precisamente ahora que estamos reconfigurando muchas formas de ser y de estar en esta comunidad, que vemos más claramente que el lenguaje de una sociedad “moldeada” en un molde de varón, fue siempre la violencia, la reacción uniforme e irreflexiva en términos de “amigo-enemigo”... ¿No deberíamos superar esas prácticas agresivas, vetustas, empezando por nosotras mismas?

En mi práctica habitual en el juzgado, siempre he tenido las puertas abiertas para la comunidad, siempre me he caracterizado por ser una jueza que escucha con atención los intereses, los conflictos, las necesidades de todas las partes que llegan a instancias judiciales. Ahora en tiempos de coronavirus, de nada se habla más que de las nuevas tecnologías al servicio de los vínculos entre las instituciones y la sociedad.

Hoy, aplaudimos a quienes desde la justicia descubrieron el valor de los emails, los mensajes de texto, llamadas y videollamadas, para conectarse rápidamente y sin riesgos para la salud -y de paso más personalmente- con los justiciables. Pues, esta jueza lo hace desde hace muchísimos años.

Quizás no dominando las últimas tecnologías, pero claramente que el trato personal, inmediato, frente a frente y mediante el uso de los teléfonos por sobre el uso de los papeles, siempre ha sido una característica de mi forma de trabajo.

Así es como la denunciante agraviada en este caso, tiene en su poder audios de conversaciones que hemos mantenido en absoluta buena fe, donde esta magistrada le proveyó directamente de todas las explicaciones necesarias en orden a las decisiones que he tomado, poniéndome a su disposición.

Dichas explicaciones así como las decisiones jurisdiccionales que definí, pueden claramente no ser del agrado ni satisfacer a la persona interesada, pero está claro que existen otros medios legales, personales, profesionales y/o procesales para hacer escuchar ese desacuerdo, aparte de los recursos solamente mediáticos.

Sin perjuicio de que recurrir a la información pública y al periodismo es perfectamente legítimo y es un derecho de toda la ciudadanía para expresarse, también es verdad que algunos que se dicen “periodistas” bajo la bandera de escuchar y sostener a víctimas de delitos, lo que hacen es exponerlas, arriesgarlas, obstaculizar los canales de diálogo institucionales.

Algunos, no todos, se sirven de la tragedia de las personas para vender “novelas”, atizando a una parte y a la otra como en una riña de gallos, sin importarles las consecuencias y desvirtuando y desdibujando completamente los diseños democráticos de interacción entre ciudadanía y poderes públicos. Esos “periodistas” que hablan “en nombre” de las personas, en realidad no cuidan a nadie.

Por eso y más me pongo a disposición de las mujeres que me señalan como hacedora de “las formas más extremas del machismo” a que nos reconozcamos más cerca que lejos. Las invito a que descubramos nuevas formas de comunicarnos más genuinas, directas y elocuentes.

A que el diálogo, la discusión, el debate: entre sus intereses (y de quienes ellas representan) y mis prácticas judiciales; sean llevados adelante por nosotras mismas, con la apertura y la serenidad que precisamente merecen y necesitan, las personas víctimas de delitos.

MARÍA DE LAS MERCEDES PEREYRA

Jueza de Garantías N°1 Resistencia

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