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Los derechos que los clientes tienen y que los bancos suelen desconocer

Pedir la baja de una tarjeta de crédito o el cierre de una cuenta suelen ser gestiones para las que las entidades ponen obstáculos.

“Entrá si querés, salí si podés”, era una manera en la que muchos años atrás solía definirse a aquellos barrios “complicados” en los que la delincuencia callejera estaba muy presente. Ingresar en esos territorios era (y sigue siendo) verdaderamente sencillo, pero egresar de ellos requiere condiciones menos accesibles. Algo parecido sucede con los bancos. Convertirse en sus clientes es facilísimo.

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A veces, incluso, ni siquiera llegamos a pisar sus instalacioes físicas. Simplemente adquirimos algún producto vía web, por teléfono o mediante correo postal, y luego lo utilizamos. Hasta que, en algún momento, queremos desligarnos de la entidad. Y ahí comienza una historia muy distinta.

LABERINTOS

Cuando una persona quiere dar de baja una tarjeta de crédito o cerrar una cuenta (todo con el obvio fin de eliminar de nuestro presupuesto costos de mantenimiento, renovaciones, comisiones y otros inventos de los banqueros), ya nada es tan sencillo como cuando nos convertimos en clientes.

Para empezar, cuesta saber cuál es la vía exacta para canalizar nuestro pedido de baja. Si hay que ir a la sucursal, si hay que llamar a un 0800 o si la gestión es por internet. La información sobre el punto se torna confusa y los trámites pueden convertirse en verdaderos laberintos.

El banco pareciera querer ganar tiempo, para que uno siga pagando costos que quie- re quitarse de encima y para mantener abierta la chance de que el cliente se canse y desista.

INFORMARSE, LA CLAVE

En esas circunstancias, la clave es informarse sobre los propios derechos. Y al respecto, una muy buena alternativa es la sección Usuarios Financieros que ofrece la página web del Banco Central de la República Argentina (www.bcra.gob.ar).

Allí se brinda asistencia directa sobre dudas y consultas que se puedan tener. Y si uno ya tiene un trámite en marcha ante alguna entidad, lo puede cargar en esta página para ser derivado directamente a la Dirección de Defensa al Consumidor. El sitio funciona con bastante agilidad, y se transforma en un buen aliado para cortar los grilletes bancarios.

Algunos de los casos más comunes que se plantean

Adriana quiere achicar sus gastos mensuales y se da cuenta de que no tiene sentido tener dos tarjetas de crédito, ya que con una es suficiente para sus hábitos de consumo. Entonces decide pedir la baja de uno de los plásticos. Cuando lo intente, verá que el banco hace todo lo posible por retenerla como cliente.

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Las estrategias de las entidades para alcanzar ese objetivo varían, pero un recurso bastante común es plantearle al cliente condiciones y requisitos que legalmente no existen. Así, por ejemplo, es común que al usuario se le haga creer que no puede cancelar su tarjeta de crédito mientras tengan deudas contraídas con ellas todavía no pagadas, por ejemplo cuotas de una compra.

Es mentira, se puede obtener la baja del plástico y seguir pagando esos compromisos luego, ya sin el peso del costo de renovación anual.

Tampoco se está obligado a tomar un seguro aparte al gestionar un préstamo o tener una tarjeta de crédito al abrir una cuenta sueldo. Sobre todo esto se puede consultar en el sitio de BCRA (ver nota central).

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