La deuda, otra vez, espada de Damocles
La historia reciente del país enseña que la deuda externa ha sido, y es, una de las mochilas más pesadas que se cargaron sobre las espaldas de la mayoría de los argentinos. Y, como se sabe, no todos los sectores tienen la misma capacidad para soportar semejante peso.
La emisión desenfrenada de bonos de los últimos años volvió a colocar a la Nación y a las provincias en una situación muy delicada que resta margen de maniobra para el desarrollo argentino.
Antes de ser designado ministro de Economía del macrismo, Nicolás Dujovne dijo en una conferencia que brindó ante empresarios que la administración de Cambiemos había recibido un país con niveles “bajísimos” de endeudamiento. Y aclaró que se refería tanto a compromisos contraídos por el gobierno nacional como por las empresas e, incluso, las familias.
Según el economista, antes que el macrismo se hiciera cargo del timón, las empresas tenían un endeudamiento inferior a un tercio de su patrimonio, y las familias dedicaban apenas el cinco por ciento de sus ingresos “al pago de un nivel de endeudamiento equivalente al 5% de su ingreso anual disponible”.
“Es un nivel de deuda bajísimo, de los más bajos del mundo. No conozco ningún país que tenga niveles tan bajos. Tal vez algún país del África subsahariana o Corea del Norte”, sostuvo.
Lo llamativo, si cabe el término, es que fue durante su gestión que la Argentina contrajo la mayor deuda más que registra la historia del Fondo Monetario Internacional y que derivó luego en una nueva crisis y la necesidad del nuevo gobierno nacional, a cargo de Alberto Fernández, de buscar un acuerdo con los acreedores internacionales para lograr una reestructuración de los pagos.
Pero hay un detalle: la carga de obligaciones que tiene el gobierno federal es, por supuesto, la más pesada, pero también las provincias emitieron deuda con bonos colocados en los mercados internacionales y los vencimientos pesan, y mucho, en las economías de estas jurisdicciones.
Si bien no todas las provincias sobrellevan la misma carga, si se suman los títulos emitidos por las jurisdicciones provinciales se puede observar que, de aquí a lo que resta del año, los vencimientos de capital e intereses rondan los 2.257 millones de dólares.
Según estimaciones realizadas por el periodista y economista Federico Kucher, la provincia de Buenos Aires es la que está en la situación más delicada ya que concentra el 62 por ciento de todos los pagos de deuda que deben hacer los gobiernos provinciales a acreedores con bonos en dólares bajo ley extranjera. Le sigue la ciudad de Buenos Aires que este año debe hacer frente a obligaciones por 256 millones de dólares.
En el tercer lugar del ranking de jurisdicciones con más deuda se ubica Córdoba, que debe pagar este año 122 millones de dólares, según datos aportados por la consultora MacroView. Las provincias de Chubut, Neuquén, Mendoza y Río Negro, en tanto, suman pagos a lo largo de este año por 250 millones de dólares.
Salta y Jujuy suman obligaciones por 73 millones de dólares y Santa Fe la 35 millones de la misma moneda. Sigue Entre Ríos con vencimientos por 31 millones de dólares, y luego la provincia del Chaco con obligaciones por 23 millones de dólares.
La economista Noemí Brenta plantea en su libro “Historia de la deuda externa argentina de Martínez de Hoz a Macri” que durante los gobiernos de Alfonsín, Menem y De la Rúa el sobreendeudamiento fue poniendo límites a la democracia hasta estallar con la crisis del año 2001 y el default. Observa que la renegociación realizada por el gobierno de Néstor Kirchner, que incluyó la quita más grande de la historia, supuso un quiebre en esta tendencia.
Sin embargo -dice Brenta- la llegada de Macri a la Casa Rosada, la apurada negociación con los fondos buitre y el festival de bonos desplegado desde el inicio de su gestión, seguido por el acuerdo con el FMI, marcaron el comienzo de un nuevo ciclo de endeudamiento, con su conocida contracara: bicicleta financiera, desindustrialización, pactos poco transparentes con los acreedores y fuga de capitales. Es de esperar que, esta vez, se aprenda de los errores del pasado, para que la Argentina no vuelva a tropezar varias veces con la misma piedra.
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