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La breve historia del perro callejero “Poncho” que murió atropellado por una camioneta

La historia de “Poncho” conjuga eso que, lamentablemente, caracteriza a la raza humana. Si el ser humano imitara el comportamiento solidario de los animales, situaciones como las vividas en el barrio San Diego de la capital provincial, seguramente se erradicarían de cuajo. Y nadie expone acá la “ley de la selva” donde el más “bravo” se devora al más vulnerable, ni nada por el estilo. Se habla de solidaridad, comprensión, respeto por la vida y las buenas costumbres, que deberían regir en una sociedad que se tilde de civilizada.

“Poncho”, el perro callejero que esa barriada adoptó como propio, falleció el miércoles de un paro cardiorrespiratorio tras no soportar la operación a la que fue sometido. Fue intervenido quirúrgicamente el martes por el veterinario asignado, tras ser llevado el lunes por sus “adoptantes” luego de ser embestido por una camioneta.

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El video se viralizó rápidamente a través de las redes sociales y hubo comentarios de todo tipo. Desde los supuestos autores del choque contra el animal, hasta proteccionistas de animales que repudiaron el hecho explícitamente.

Ladridos al cielo

Lo cierto es, que como lo hacía habitualmente, este perro callejero “sin derecho propio” salió a ladrar una vez más a un vehículo que pasaba por las polvorientas calles de esa barriada ubicada en la zona norte de Resistencia. El reloj marcaba las 15 de un domingo agradable en la ciudad, de esos pocos que otorga el verano chaqueño. La mayoría de los vecinos disfrutaba durmiendo de la siesta.

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Marcelo Rodríguez, figura paterna de la familia que “adoptó” al perro hace unos tres años, lo vacunó y le daba de comer y tomar agua periódicamente, se entera mediante el grupo de WhatsApp de los vecinos del barrio que “Poncho” había sido atropellado. El mensaje en cuestión (que también se viralizó) aseguraba: “Buenas gente. Acabo de pasar para mi casa y el perro de la esquina de wilde y el final del barrio. El perro tuerto que ladra a los que pasan. Se puso debajo de la rueda y lo pice. Aviso a los dueños para que lo vean y estén al tanto” (sic).

Este mensaje alertó a Marcelo, a su esposa y a sus hijas (6 y 3 años), que –una vez levantados de la siesta- salieron a buscar al animal después de las 18. Luego de encontrarlo y observarlo deciden darle intervención a un profesional veterinario, contexto que se concreta el lunes 5. El martes 6 lo operan y el miércoles 7, “Poncho” muere.

Las cámaras hablan

A la familia no le cerraba el mensaje enviado al grupo por el vecino en cuestión. Esto genera que Marcelo decida observar las cámaras de seguridad del barrio. Esto lo hace recién el jueves y allí cambia radicalmente su parecer. Es que lo que se observa en la grabación dista bastante de lo que había sostenido el supuesto autor del hecho, ya que las imágenes muestran a las claras que la camioneta “encara” al perro cuando este se aproxima –justamente- a ladrarles.

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“Cuando miro las cámaras ayer (por el jueves), le comunico por la misma vía (grupo de Wsp del barrio) que se ve otra cosa en las cámaras. Además, le digo que me pareció una actitud cobarde de no parar y dejar así al animal”, asegura Rodriguez a NORTE. Y agrega: “Él dice que fue un accidente, pero no es lo que había dicho al principio. Se contradice y le quita credibilidad. Lo doloroso es que no haya avisado y prácticamente se dio a la fuga y no se presentó. Solamente avisó por WhatsApp que el perro se le había metido abajo y ahora dice que fue un accidente”, agrega indignado el papá de las nenas.

Incluso, Rodríguez no puede confirmar que el supuesto autor del hecho viva en el barrio. Lo que sí asegura es que es asiduo concurrente de la zona, ya que tiene una propiedad en el lugar. “Vamos a hacer la denuncia como corresponde y que tomen medidas quienes la tienen que tomar. Solamente denunciamos lo que vimos a través de las cámaras”, aclara.

Esta es la breve historia de “Poncho”, un perro callejero que el barrio adoptó, que bregó por su sanidad y por su alimentación. “Con mis hijas siempre intentamos tenerlo dentro de la casa, pero nunca mordió a nadie. Si bien habrá tenido unos 7 años, estaba con nosotros desde hace tres. Paraba en mi casa, pero todos los vecinos de buena fe también le daban de comer. No era malo, era el aliado de los hijos de los vecinos del barrio”, concluye.

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