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Los tatuajes y el verano

Llega la época del año en donde el calor, las vacaciones, las reuniones los amigos y familiares son la excusa perfecta para mostrar un poco más de piel. Aunque con las temperaturas chaqueñas, no solo es cuestión de verano.

Tampoco es cuestión de una estación los tatuajes. Esa marca en la piel para toda la vida, aunque lo puedas modificar a medida que te vaya cansando o vayas cambiando de parecer. Pareciera que en esta época se ven más, pero ¿es bueno hacerlo en verano?

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El proceso de creación del tatuaje, la fusión entre lo que expresa el cliente y lo que entiende el tatuador. (Fotos: Emmanuel Leguizamón)

José Arriola, dueño de El Cartel Tatuaje, fue consultado sobre este tema y explica que: “en realidad no es una buena época, porque incluso yéndote a trabajar con una remera te podes hacer daño en el tatuaje”. Además, José afirma que más personas deciden tatuarse en esta época del año, y aunque no es recomendable, la decisión pasa por cada cliente.

“Hay que tener mucho más cuidado, porque el sol, el agua de la pileta, la playa e incluso caminar por el centro con el sol tan fuerte perjudica a la piel” explica el tatuador y agrega: “es una herida en la piel, hay que tener muchas precauciones”. Con respecto a los cuidados, Arriola asegura que: “tenerlo tapado, la mayor parte del día posible, ponerle crema y protector en este caso el acude a esta manera de cuidado, porque cada tatuador recomienda diferentes maneras de hacerlo e higienizarlo correctamente es la clave para una buena cicatrización”. “Pero más allá de cual quiera explicación médica o consejo que se le pueda dar al cliente, es respetable la decisión que tome” dice el artista. “No está mal hacerlo en esta época del año, no es que por hacértelo con 40 grados se te tiene que infectar o te va a quedar mal. Es cuestión de poner un poco más de cuidado, también incluye un trabajo un poco más dedicado del tatuador” relata José.

LA CONEXIÓN CON EL CLIENTE

Ahora bien, mucha gente se tatúa en verano y disfrutan de los tatuajes como cualquier persona. Se cuidan y los lucen.

Otra de las grandes curiosidades que existen dentro del estudio de tatuajes es hasta qué punto es cierto que tiene que existir una relación o una conexión con tatuador. Con respecto a esto, José responde: “no siempre tiene que pasar, pero se trabaja mucho mejor cuando hay una buena y fluida conexión”.

“La relación con el cliente no significa que te conozcas de toda la vida con esa persona, o que ya lo hayas tatuado antes, sino que puedas entenderte con la idea que te está expresando. Porque hay entender y plasmar lo que tiene en mente y llevarlo a un papel” asegura el tatuador.

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El tatuaje es una herida en la piel, que si bien está cargada de historia, hay que saber cuidarla. (Fotos: Emmanuel Leguizamón).

Ubicado en Yrigoyen 325, el Cartel Tienda de Tatuajes, ofrece un cálido ambiente donde la persona dispuesta a tatuarse llega y cuenta que desea, lo charla con José y juntos llegan a un diseño consensuado. Si bien existen algunos tipos de dibujos que no se realizan, la respuesta nunca es negativa y siempre se trata de buscar una idea conjunta.

Una vez que esta el dibujo, se plasma en la piel donde el cliente es quien decide si le gusta y si lo cambia a otro lugar, más arriba o abajo y si hay algún que otro detalle que cambiarlo. Sabes que cuando estás ahí y llega el momento de escuchar ¿arrancamos? Ya no hay manera de arrepentirse.

Tinta que fluye, caras que se empiezan a trasformar por el dolor y el ruido de la máquina y que en un momento se vuelve compañero. Siempre surgen las charlas, aunque José no pregunta mucho, las personas cuentan sus historias.

Incluso a José le gusta más escuchar las historias de las personas que no conoce, esas que te hacen lagrimear y entonces el tatuaje cobra otro sentido. Nada parece quedar afuera de las charlas, cada detalle de la historia puede sumar a mejorar el dibujo a plasmar un poco más de la realidad en la piel.

Todo tiene un final, la máquina para y la limpieza del tatuaje parece que es lo que más duele. El papel con el que se quita el excedente de tinta, se convierte en el peor enemigo. Pero todo queda atrás cuando el cliente se lo ve y lo primero que sale es una sonrisa e incluso, muchas veces, hasta lágrimas.

Todo parece quedar atrás, esa ansiedad hasta que llega el día del turno, el dolor mientras te tatúan, la historia de amor o desamor, de sufrimiento, de gracia y hasta insólitas. Todo queda plasmado en la piel y cicatriza junto a la herida. 

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