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Argentina levántate y resplandece, comienza a amanecer para ti la gloria

El que cree responde siempre y en toda circunstancia desde la fe.

De este modo la realidad será interpretada no tanto desde el impacto que produce lo exterior, sino de la luz que viene de lo interior. Y así como para quien no tiene fe, el filtro con el que mira todo es la ideología, para nosotros los creyentes, la mirada, el enfoque, la interpretación, están iluminados por la fe.

No entiendo la mirada o lectura creyente como algo estructurado en paradigmas de carácter religioso y preceptos que más bien tienen que ver con la religión, me refiero más a la honda interioridad humana donde acontece la experiencia sobrenatural que lleva al hombre a trascender su propia contingencia y material para elevarlo a un nivel que amplíe su perspectiva y le revele cosas nuevas.

En este nivel, que es un estado de conciencia superior, no podría la persona quedar atrapada en una estructura que la limite, sino más bien se proyectará a una experiencia transformadora hacia un pensamiento plural.

En el nivel de alma y espíritu, que supera la racionalidad, desaparecen las estructuras y paradigmas que son lo propio de la ideología para llegar a una cuasi plenitud de autoconciencia donde el aire propio que se respira es de amor y de libertad. Sin embargo, el contexto siempre nos condiciona, e incluso siendo creyentes, el impacto de lo externo puede llevarse nuestra interioridad y transformarnos de este modo en seres inspirados por lo exterior que interpretan todo solo desde lo exterior. Así, dejamos de pensar, de discernir y de meditar y de orar.

Sin reflexión ni discernimiento ni oración, todo lo que recibamos del exterior será para nosotros lo verdadero. Y la verdad, lo sabemos, puede ser manipulada en tantos modos ya que sabemos que existen falsas verdades fraguadas con intencionalidades muy precisas para buscar un determinado resultado de opinión y de opción.

Lo cierto es que un ser interior no se deja avasallar por lo exterior, porque hará prevalecer siempre con mayor preponderancia la verdad conocida como tal, fruto de la reflexión, el discernimiento y la meditación y la oración que concluye en una revelación. No entiendo aquí revelación como una manifestación sobrenatural de lo alto, sino como un punto al que se llega como resultado de la reflexión, el discernimiento, la meditación y la oración.

Entonces revelación es correr el velo que lo externo, la contingencia y lo material pone sobre la realidad y de este modo la persona naturalmente conocerá esa realidad en profundidad, no inducida ni contaminada por lo externo, sino más bien como fruto de la luz que nace desde su interioridad.

El mejor aporte que podemos dar a la patria en tiempos tan tensos y conflictivos, es justamente la respuesta desde la fe. Y responder desde la fe nos exigirá volver a nuestra propia interioridad para que podamos leer en profundidad lo que nos está pasando como sociedad. Ni la crítica destructiva ni la confrontación nos ayudarán a dar un paso superador para nuestros conflictos sino nuestra interioridad. Para que eso suceda tenemos que renovarnos y cambiar.

Creo que ha llegado el tiempo en el que iniciemos un proceso de reciclaje de todo eso que nos permite verdaderamente ver con claridad para leer nuestra realidad lo más objetivamente que podamos. Estamos atravesados por informaciones que nos llegan desde afuera totalmente desvirtuadas y no estamos reflexionando, ni discerniendo, ni meditando sobre esto, simplemente la recibimos como si fueran verdades y sobre eso hablamos y discutimos y nos confrontamos con los demás.

Es tiempo de volver a una interioridad que nos garantice caminar en sabiduría y no de la manera atolondrada en la que lo estamos haciendo acaso aturdidos por tanto caos, político, económico, social, cultural ¿No sentimos acaso cansancio y las energías tan desgastadas que pareciera nos faltaran fuerzas para continuar? En nuestras vidas muchas veces tenemos que resguardarnos por alguien tiempo y reciclarnos para volver a empezar.

Cuanto antes hagamos este proceso de renovación, más sencillo será continuar con nuestro vuelo. El tiempo corre veloz y los desafíos se renuevan y para poder responder a las responsabilidades que se nos han asignado. Muchas veces tendremos que desprendernos de todo aquello que nos inmoviliza: la falsa prudencia, el temor a arriesgar, el guardar tradiciones y costumbres que a veces apagan la vida y matan la creatividad de las generaciones nuevas.

A veces urge romper paradigmas para poder renovarnos y dar cauce a la voz de la historia que nos va planteando preguntas nuevas y que exigen también respuestas nuevas. Sin romper con el pasado, porque somos hijos de nuestra historia y de nuestras tradiciones, es necesario liberarnos de las formas que fosilizan el amor y no permiten que el alma creadora despliegue todo su potencial. Quien es capaz de encarar un proceso de renovación interior comprenderá que cuanto más nos abramos positivamente a la originalidad de los otros, más agradable y perfecta nos parecerá la vida.

La vida es también un ensayo de quién sabe qué aventuras maravillosas que nos esperan en el futuro. Debemos desplegar las alas, para echar a volar. Hay que morir a lo viejo para que triunfe y aflore en nosotros lo nuevo, aunque nos duela, aunque nos parezca incierto, aunque lo hagamos en soledad. La alternativa del conformismo nos deja a merced de la muerte y seguramente moriremos tristes y agobiados pensando en lo que pudo ser y que en realidad no fue.

El mayor fracaso es darnos cuenta de que desperdiciamos la oportunidad cuando aún teníamos alternativas. Por eso hay que iniciar el proceso de destrucción de lo que no sirve en nosotros para darle chances a lo nuevo.

Solo así se podrán remontar cielos nuevos sin quedarnos resignados al vuelo rastrero de los loros repitiendo solo lo que el mundo quiere que repitamos. Decidir cambiar para salir de la estrechez de visión y la mezquindad del corazón supone iniciar decididamente un proceso de cambio. Puede ser incómodo, tortuoso o muy doloroso, pero será profundamente liberador.

Para quien tiene fe es vernos por fin como Dios nos ve: imagen y semejanza suya, en el esplendor máximo de nuestra originalidad y de nuestra hermosura. Solo así descubriremos la vida a la que Dios nos llama, e iniciaremos un peregrinaje sin treguas por el camino verdadero sin volver nunca más hacia atrás. Encontraremos la luz y obedeceremos a nuestro corazón.

Seguiremos nuestros sueños y seremos como ángeles de bondad volando a través de la obscuridad. Nada ni nadie detendrá ese vuelo, porque creeremos realmente en nuestro destino. Destino de esplendor y de gloria que nos conducirá al lugar donde nunca más se pondrá el sol. Será entonces, un amanecer eterno que nos adentrará cada vez más en el misterio de la luz y del amor, único propósito por el que hemos venido a este mundo. Argentina levántate y resplandece porque comienza a amanecer para ti la gloria.