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Protestas y elecciones, ponen límites a “los mercados” en América Latina

En las calles de Santiago y de Quito, y en las urnas en Argentina, muchos sudamericanos rechazan las agendas de libre mercado de sus presidentes, a quienes culpan de profundizar la desigualdad.

   Brasilia/Santiago/Buenos Aires, 30 (Reuters) - El final de los procesos nacionalistas que gobernaron América Latina desde la década de los 2000 dio paso en los últimos años a una serie de gobiernos más conservadores. Pero si bien cada país tiene sus propios problemas, hay una reacción común contra las políticas “promercado” aplicadas por esos gobiernos, como la privatización de propiedades estatales, la reducción de subsidios públicos y la apertura de países enteros a las “fuerzas del mercado”. 

En la Argentina, la provincia de Chubut vive una crisis social detonada por un default de hecho que podría replicarse en el resto del país.

  En Chile, que hizo reformas de mercado mucho antes que el resto de la región y es considerado paradigma del neoliberalismo, más de 1 millón de personas marcharon para protestar contra la política económica del  multimillonario presidente Sebastián Piñera, en la manifestación más grande desde el regreso de la democracia en 1990.

   La concentración siguió a una semana de disturbios en que al menos 20 personas fueron muertas por las fuerzas de seguridad. La agitación comenzó luego de que el  gobierno subiera el precio del pasaje del transporte público en la capital, pero reflejó una ira acumulada por un curso económico sostenido a pesar de que genera creciente desigualdad.

   “Acá hay dos chiles: el Chile cuico (adinerado) y el que es pobre y, lamentablemente, yo trabajo para el barrio alto (rico) y allá se ve otra realidad, no se ve lo que estamos viviendo acá”, dijo Nathaly Meléndez, manicurista de 28 años, en Santiago. “Si no tienes dinero tendrás que esperar en la salud  pública, la educación es terrible acá, los estudiantes están todos endeudados; de verdad estamos mal”, agregó.

   Las protestas en Chile vinieron inmediatamente después de las violentas manifestaciones en Ecuador por la eliminación de subsidios a los combustibles, lo que obligó al gobierno a trasladarse a Guayaquil.

Chile: los manifestantes revelaron que tras la furia desatada por el aumento del transporte había muchos otros reclamos de fondo, como la mejora de los deficientes sistemas de salud y educación.

   En el rechazo probablemente más evidente a los ajustes sobre los trabajadores y a las facilidades para las empresas, los votantes argentinos dieron el domingo la espalda al presidente conservador Mauricio Macri y eligieron al peronista Alberto Fernández, en aplastante apoyo a una agenda decididamente más proteccionista.

   Branko Milanovic, profesor visitante de la Universidad de la Ciudad de Nueva York y experto en desigualdad, dice que los desequilibrios provocados por la globalización sembraron el descontento en América Latina. La globalización de las últimas décadas provocó el aumento de los productos de bajo costo de países como China y expandió los mercados de exportación para materias primas de América Latina, impulsando el crecimiento económico, pero muchos en la región sienten que son los ricos quienes se llevaron la recompensa.

   Chile es uno de los países más desiguales de América Latina, a pesar de tener el ingreso promedio más alto. Según Milanovic, la suma de la riqueza de los multimillonarios chilenos en 2015 equivalía a una cuarta parte del producto interno bruto, la proporción más alta del mundo, si se excluye a paraísos fiscales como Chipre, y alrededor del doble que en México y Perú.

   “Si no hay justicia social y un mínimo de cohesión social, los efectos del crecimiento se desvanecerán en dolor, manifestaciones y disparos contra las personas”, escribió Milanovic.

   El reflujo contra el mercado viene a blindar ahora a estadistas como Evo Morales, el presidente de Bolivia que enfrenta protestas generalizadas tras una cuestionada victoria electoral, y trata de congregar a sus partidarios con advertencias sobre un regreso del neoliberalismo si deja el poder.

   Creomar De Souza, fundador de la consultora Dharma Risk & Strategy, de Brasilia, dijo que el impacto político de largo plazo de los levantamientos aún no está mensurado. “En algunos, Argentina y quizás Bolivia, la economía dará un giro más heterodoxo, con un papel más importante para el Estado. Piñera apoyará algunas reformas en Chile, pero la legitimidad de esa generación de políticos está amenazada”, dijo De Souza.

En Ecuador, las organizaciones indígenas arrastraron al movimiento sindical y a gran parte de la población a rechazar masivamente la eliminación de los subsidios a los combustibles.

                                 

Pauperización de la gente

   El malestar coincide con el menor crecimiento económico de América Latina tras el largo auge de las materias primas. El FMI recortó este mes sus  pronósticos de crecimiento para la región a 0,2%, la segunda tasa más débil del mundo, solo por delante del 0,1% de Oriente Medio y África del Norte.

   Si bien grandes masas en el mundo se sienten más pobres por la desaceleración de la economía global, en América Latina es verdaderamente cierto, según cifras del Banco Mundial. El prestamista multilateral determina el PBI per cápita dependiendo de las fluctuaciones del tipo de cambio, y la mayoría de ellas sugieren que en la región hoy es más bajo que hace cinco años.

  Según la medida en dólares estadounidenses, el PBI per cápita en América Latina el año pasado fue de u$s 9.023, 13% menos que el máximo de u$s 10.405 de 2014. Una tendencia a la que no ayudan las reducciones presupuestarias como las practicadas en Argentina, Chile y Brasil.

  Ana Lia Agullo, jubilada de 69 años en Buenos Aires, dijo que el nuevo gobierno de Argentina debía concentrarse en el empleo, la salud y la educación, “pilares de toda sociedad. Lo que no coincidiría para nada con lo que supuestamente es un modelo Macri que, obviamente no es ningún modelo, es un gran negociado típico de gente que pertenece a esa clase”.

   Moody’s advirtió de que la presión social probablemente también obligue a Piñera a moderar la reducción del déficit y frenar el crecimiento de la deuda de Chile. Para los observadores de Brasil, lo que pasa en Chile puede ser de especial interés porque el ministro de Economía, Paulo Guedes, es un devoto de su modelo económico.

   Guedes, economista ortodoxo de la Universidad de Chicago, fracasó en su intento de introducir un sistema de pensiones basado en el modelo chileno de cuentas de ahorro privadas. Pero con su reforma, aprobada este mes, espera pagar 800.000 millones de reales menos (u$s 200.000 millones) a los jubilados en la próxima década, obligando a los trabajadores a aportar más y a retirarse más tarde.

   El resto de su agenda de reformas, que incluye una desregulación del mercado laboral y más privatizaciones, puede enfrentar mayor resistencia política. Aún están frescos los recuerdos de la brutal recesión de 2015/2016 y de la huelga de camioneros del año pasado por el aumento de los precios del diesel, que detuvo el país y redujo el PBI en casi 1%.

   Hasta el momento, no hay señales de que los trabajadores vuelvan a protestar en las calles, pero el ambiente político parece estar volviéndose en contra de la agenda de Guedes. El legislador de centroderecha Marcelo Ramos dijo que Brasil necesita las inversiones para volver a crecer, pero que también  necesita abordar la desigualdad.

  La desigualdad “impide que millones de brasileños se conviertan en consumidores y exige fuertes gastos sociales para desempleados, desencantados y trabajadores subutilizados”.