Resistencia23°Min. 20° • Max. 31°

La Bernardino Rivadavia celebra 110 años de ser biblioteca popular

Fundada el 28 de agosto de 1909 es una asociación civil sin fines de lucro, que no tiene ningún tipo de dependencia ni de organismo oficial ni de institución no gubernamental.

Una biblioteca popular es una asociación civil autónoma creada por la iniciativa de un grupo de vecinos de una comunidad. Ofrece servicios y espacios de consulta, expresión y desarrollo de actividades culturales, de lectura y extensión bibliotecaria en forma amplia, libre y pluralista.

En Argentina, Uruguay, Chile, Colombia y otros países de habla hispana representan un modelo de asociación civil no gubernamental, y son conocidas también como bibliotecas vecinales o comunitarias.

Públicas o populares

Las diferencias entre las bibliotecas públicas y las populares podrían explicarse en tanto las primeras son creadas y sostenidas por los gobiernos, las populares parten de instituciones de carácter privado, a pesar de poder recibir apoyo gubernamental.

No todas las bibliotecas privadas se ajustan al contexto de populares; lo hacen solo aquellas que, dentro de determinado ámbito comunitario, son creadas y mantenidas por la propia comunidad. El ámbito comunitario en que se encuentra este tipo de ‘unidades de información‘ es muy amplio: clubes sociales, cooperativas de vivienda, comisiones vecinales, instituciones religiosas, etcétera.

Otro de los rasgos principales de las bibliotecas populares es la posibilidad del carácter voluntario del trabajo realizado por las personas a cargo. Es posible fijar tres características definitorias del concepto:

1) la actividad no debe estar motivada por un beneficio financiero (a pesar de que haya una retribución económica permitida);

2) debe partir de una decisión individual libre (en el sentido de que una persona no se vea forzada al trabajo);

3) la actividad debe ser desarrollada en beneficio de alguien distinto del voluntario, aunque debe darse una reciprocidad de beneficios con el voluntario ya que de lo contrario estaríamos simplemente ante un acto caritativo.

En diferentes países, estas bibliotecas fueron un esfuerzo de las clases trabajadoras por cultivar la lectura como medio de ilustración. La biblioteca popular ofrecía a la clase obrera el medio para formarse. De ellas saldrían los dirigentes obreros del interior, quienes además sostendrían los periódicos obreros.

Fundar una biblioteca, en la forma como propone la legislación, no solo significa construir un espacio para la lectura; supone ante todo una coordinación comunitaria básica: proponer la idea, buscar seguidores, solicitar colaboraciones, escribir los estatutos y los reglamentos, elegir un lugar físico y amoblarlo, asignar responsabilidades, armar la lista de los libros por adquirir, etcétera.

Radicar la iniciativa y el control de la administración en las asociaciones implica reducir la injerencia del Estado a las funciones de fomento, subvención e inspección. Esta metodología libera al cargado sistema de instrucción pública de la responsabilidad directa de hacer progresar las bibliotecas. En contrapartida, la profusión de estas instituciones se restringe a la disposición que en cada pueblo o ciudad hay para fundarlas.

Por otra parte, ese privilegio de gestión concedido a las sociedades funciona como un estímulo inmejorable para los lectores, quienes no solo deciden sobre el rumbo de la biblioteca, sino que además pueden manejar íntegramente el destino de los subsidios, o lo que es lo mismo decir: escoger con libertad las obras.

En efecto, ya en un principio la subvención prevista por ley estipulaba que el Estado aportaría una cuota igual de dinero al recolectado por cada asociación, mientras que el importe resultante de ambas contribuciones se invertía en libros. Por lo tanto, las bibliotecas no recibían efectivo en concepto de subsidios, sino el poder de elección sobre el material bibliográfico.

Atravesada por la crisis

En todos los países donde existen, las bibliotecas populares -y la Rivadavia no podría ser la excepción- han pasado y pasan por períodos cíclicos de crisis. Ocurrió con las españolas hacia 1936, con la guerra civil, y en la Argentina durante la crisis económica de 1878, a menos de una década de sancionarse la ley 914 por la que se crea la Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas Populares.

La Rivadavia tuvo además sus vicisitudes particulares. Una ocurrió hacia 1964, cuando por falta de recursos económicos con que pagar el alquiler del edificio que ocupaba fue desalojada y sus bienes dispuestos para ser rematados. Pero se pudo salir adelante gracias a la activa solidaridad y ejemplar conciencia ciudadana de un grupo de vecinos que impulsaron su rescate y le permitieron continuar su misión en favor de la cultura resistenciana.

La crisis que atraviesa actualmente afecta en dos dimensiones. Una en la económica: la biblioteca tiene una administración austera de sus recursos. En su funcionamiento invierte aproximadamente 15.000 pesos mensuales por los conceptos más inevitables: limpieza, impuestos, servicios varios, insumos consumibles, algunos honorarios y otros gastos generales.

Y los ingresos provienen de los aportes de los asociados. Además de los socios comunes que abonan una cuota mensual de 30 pesos y no alcanzan a 50 quienes lo hacen regularmente existen dos socios colectivos que efectúan una contribución mayor de 900 pesos. Otro aporte que se percibe es el de Lotería Chaqueña, que como pago de una pauta publicitaria abona 8.000 pesos nueve meses del año.

La otra dimensión de la crisis tiene que ver con el compromiso ciudadano para sostener los proyectos culturales, crisis que afecta a las sociedades contemporáneas en general. Hoy no es nada fácil encontrar personas dispuestas a desempeñarse como voluntarios en una biblioteca popular.

El desafío que deben afrontar los integrantes de la comisión directiva de la Biblioteca Popular Bernardino Rivadavia no es menor: se trata nada menos que de asumir la decisión de superar esas dos dimensiones de la crisis apelando a la conciencia y al compromiso de todos los ciudadanos para resistir y continuar avanzando. La Rivadavia ha cumplido ciento diez años en el panorama cultural de Resistencia y se ha ganado el derecho a tener esperanzas para continuar en ese derrotero.

Los últimos años

En los últimos 25 años, la biblioteca incrementó en 40% la superficie edificada, con la construcción en planta alta de un SUM y otra área para trasladar el depósito de libros y duplicar el espacio para sala de lectura.

Se ejecutaron proyectos para llevar libros a la plaza 25 de Mayo y ofrecerlos a quienes deseaban leer un texto breve o vincularse con una obra literaria mientras pasaban un momento de descanso al aire libre. O poner a disposición de los jubilados que debían aguardar ser atendidos en la sala de espera del PAMI.

También se ejecutó un proyecto de narración oral para ciegos y disminuidos visuales que se desarrolló durante un año y concluyó con una sesión en la sala a oscuras de la biblioteca.

Otra actividad vigente es la que protagoniza el grupo de narradoras orales Viento Norte, coordinado por Miryam Galante, María del Rosario Nievas, Marita Ruiz y Nora Schwartz. Sus presentaciones no se circunscriben al ámbito de la biblioteca Rivadavia, sino que celebran actos en otros espacios. Vinculados con esta experiencia, se organizaron los talleres de Narración Oral Escénica, dictados por el escritor, dramaturgo y actor Gustavo Fracchia y CháKe Te Cuento, en curso.

También cursos y seminarios

En la sede de Pellegrini 80 se dictan actualmente cuatro cursos de informática a cargo de docentes de las EFP 4 y 10 y uno de idioma italiano. En otros ciclos se dictaron cursos de fotografía, de artesanías, de encuadernación, de inglés.

Por otra parte, está en desarrollo el taller de arte y literatura dictado por el escritor Jonatan Martínez Barnes.

Más de Biblioteca popular Benardino Rivadavia+ Ver todas
Te puede interesar