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Literatura, gestión turística y cultural

Existen sitios en el mundo que deben su fama a la literatura. El patrimonio cultural tangible que hoy exhiben se sustenta en la intangibilidad que les otorga el patrimonio literario, pues fue un escritor quien situó allí una historia. La comunidad que los atesora entiende que son parte de su identidad, y consecuentemente realiza una gestión turística y cultural sustentada en ello.

Hace ya más de cuatro siglos, el más grande exponente de la literatura anglosajona, Williams Shakespeare, escribió una de su más importante y trascendente obra literaria: ‘La tragedia de Hamlet, príncipe de Dinamarca’. Se consideran que sus fuentes de inspiración fueron leyendas de varias culturas europeas y arábigas, tradiciones orales y sagas. El autor sitúa la tragedia fundamentalmente en el Castillo de Kronborg, en la ciudad de Elsinor, que se yergue en el extremo noreste de la península de Selandia del país escandinavo.

Éste se erigió estratégicamente en la segunda mitad del siglo XVI, en la parte más estrecha del canal de Oresund, que divide al país con Suecia, con el objetivo de cobrar impuestos a los barcos que transitaban entre el Mar Báltico y el Mar del Norte. Hoy en día, Elsinor, distante 45 kilómetros de Copenhague, cuenta con unos 45.000 habitantes, y sus principales atracciones turísticas se vinculan a la cultura: el Museo Marítimo de Dinamarca -una formidable obra de arquitectura construida en los mismos terrenos del palacio e inaugurado en 2015-, y el castillo de Kronborg, declarado en 2000 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Es un enorme edificio de estilo renacentista, y ya convertido en museo no presenta grandes diferencias a decenas de castillos que pueden ser visitados en toda la geografía europea. Pero lo que verdaderamente le da singularidad respecto de otras construcciones semejantes, es el protagonismo que le diera Shakespeare al situar allí a los protagonistas de su tragedia, representada en innumerables salas teatrales de todo el mundo y llevada al cine en varias oportunidades.

El turista lo visita atraído por la literatura, y la gestión se realiza teniendo muy en claro esta cuestión, traducida en la ambientación de espacios, en el vestuario de guías y personal de la institución, y en la realización de actividades que se relacionan con la obra y sus personajes.

DRÁCULA Y EL CASTILLO DE BRAM

Otro ejemplo que cabe mencionar es el del castillo de Bran, en Transilvania –Rumania-, unos 190 kilómetros al noroeste de Bucarest. Su construcción como fortaleza comenzó en 1377 con el fin de detener el avance de los otomanos hacia Europa central. El sitio es de gran importancia para la historia de Rumania y Hungría, pero adquiere fama mundial -más que por los hechos ocurridos en el lugar-, por la novela ‘Drácula’, del irlandés Bram Stoker, publicada en 1897, que sitúa allí –y sin haber jamás visitado el castillo- al conde Drácula: un siniestro personaje que se convierte en vampiro y bebe sangre humana.

Esta obra literaria fue llevada al teatro en varias versiones y al cine en distintas épocas, con escenas filmadas en el mismo castillo, hoy convertido en un museo que representa un importante centro de atracción turística para el país. El edificio cuenta con 60 espacios, accesible a través de escaleras angostas y empinadas, y galerías y habitaciones de acotadas dimensiones que en temporadas turísticas se ven atestadas de visitantes -más de 500.000 al año- ávidos por fotografiarse en el lugar más que por ver las colecciones, compuestas fundamentalmente por mobiliario, armas, pinturas y libros de la Edad Media.

La gestión turística y cultural del sitio se basa, casi completamente, en la creación literaria de Stoker. El visitante europeo, que encuentra en Rumania un país exótico y económico para viajar luego de la caída del comunismo, asocia el lugar a la ficción novelesca, soslayando casi por completo la trascendencia de los hechos históricos ocurridos en la región. El ciudadano rumano lo sabe y lo entiende. Ellos estudian y resaltan la figura de Vlad III Tepes –Vlad Draculea-, considerado como un héroe nacional por su lucha contra la invasión turca. Pero aprovechan la leyenda creada en su nombre como una fuente de atracción que genera puestos de trabajo y el ingreso de divisas al país.

PATRIMONIO INMATERIAL

Pasquala Morote y María José Labrador, en ‘Literatura patrimonial y su salvaguarda’, sostienen que ‘…todos los géneros poéticos literarios… constituyen, junto a los narrativos (mitos, cuentos y leyendas) un enorme cauce cultural’. Por su parte Francesca Uccella, en su libro Manual de patrimonio literario. Espacios, casas-museo y rutas, afirma que se puede definir el patrimonio literario como el conjunto de elementos, tanto materiales como inmateriales, relativos a la escritura y a la literatura.

Y que el concepto de patrimonio literario deriva del concepto más amplio de patrimonio cultural, pero conlleva problemas diferentes en lo teórico y en lo práctico la consolidación y conservación del patrimonio literario comprende, aunque también trasciende, la edición de libros, la formación de colecciones, archivos o acervos y el aprovechamiento turístico de ciertos espacios (casas natales, museos, calles, plazas o paisajes) en razón de sus connotaciones biográficas, poéticas o narrativas.

Por ello, entendemos que tanto la historia de Hamlet como la de Drácula incluyen hechos y lugares históricos verdaderos, y leyendas y tradiciones orales de distintas épocas, lo que constituyen un patrimonio cultural intangible. La definición que da la Unesco afirma: ‘Son tradiciones o expresiones vivas heredadas de nuestros antepasados y transmitidas a nuestros descendientes, como tradiciones orales, artes del espectáculo, usos sociales, rituales, actos festivos, conocimientos y prácticas relativos a la naturaleza y el universo, o saberes y técnicas tradicionales de fabricación de objetos artesanales’.

Los textos recogen ese patrimonio, y lo plasman en obras literarias que son, en definitiva, las que sustentan la valorización de los sitios aquí considerados: los castillos de Kronborg y de Bran. Sin éste agregado patrimonial literario, estas edificaciones no tendrían mayor trascendencia que cualquier otro castillo europeo.

EL PATRIMONIO LITERARIO Y MUSEALIZACIÓN DE UNA CIUDAD

Siguiendo los conceptos de la autora mencionada, se entiende que para el caso del patrimonio literario es lo mismo la tangibilidad que la intangibilidad, pues éste adopta ‘los modos de la narración oral, el manuscrito y el documento impreso y se manifiesta por igual en calles, cafés, talleres, universidades y bibliotecas, así en el recorrido informal de una localidad como en la formalidad museística’.

Como ejemplo de musealización de un espacio público relacionado a la literatura puede mencionarse a la ciudad de Odense en Dinamarca, donde nació y vivió el conocido escritor Hans Christian Andersen, creador de obras infantiles mundialmente famosas, entre las que se cuentan ‘El patito feo’, ‘La sirenita’, Él soldadito de plomo’, etcétera. En esta ciudad -de unos 170.000 habitantes y 150 kilómetros al oeste de Copenhague- se vive y se respira la vida de este escritor, y gestionan su obra con fines culturales identitarios y turísticos.

Su pequeña casa fue convertida en museo y con pocos objetos originales pero de su época, se recrearon distintos espacios como una habitación, cocina y el taller de zapatería de su padre. En total existen tres pequeñas salas -contando la recepción y tienda-, un patio ajardinado y habitación de servicio. Sin embargo, el museo se expande más allá de sus muros y se proyecta a la ciudad, en cuyas calles se demarcaron ‘los pasos’ del escritor por la misma, creando un circuito musealizado que invita al turista a recorrerlo para conocer aquellos lugares frecuentados y que fueron parte de la vida del artista.

Una iglesia, un parque, una escuela, un hospital, un bar, una escultura. Lugares donde las pisadas ‘invitan a detenerse’ ante una placa de bronce que explica al visitante la importancia del sitio en la vida de este personaje ilustre. Odense rinde homenaje al hombre que la hizo trascender al mundo a través de la escritura, valorando el patrimonio literario y gestionándolo como parte de su identidad y como una forma de atraer al turismo.

¿ES POSIBLE EN RESISTENCIA?

La pregunta que nos hacemos es si lo que se hizo en la ciudad dinamarquesa ¿puede hacerse en Resistencia? Nuestra respuesta es afirmativa, y la Sociedad Argentina de Escritores (Sade - Filial Chaco) ya elaboró una propuesta al respecto. Supongamos un circuito museológico cultural que se inicie en la casa de uno de nuestros más ilustres escritores: Aledo Luis Meloni. Se demarcan sus pasos por aquellos lugares que frecuentaba cotidianamente, dónde él dejó su huella y dónde se lo podía encontrar cada día.

Señalamos algunos: la iglesia María Auxiliadora, edificios de NORTE y El Territorio, los bares Nino, El Viejo Café, Zan En y 234, la biblioteca ‘Leopoldo Herrera’, el hospital Perrando, etcétera. En cada uno de ellos, los ‘pasos’ se detienen, obligan al visitante a mirar una placa que recuerda el sitio y se transcribe una de sus coplas.

Y además, se emplaza una escultura en alguno de estos lugares que le haga el honor que amerita por el legado que nos supo dejar. Aledo se lo merece porque es parte del patrimonio cultural literario del Chaco, y porque Resistencia necesita en forma imperiosa incrementar una oferta turístico cultural que la haga atractiva en cualquier momento y no solamente cuando se realiza la Bienal Internacional de Esculturas o la Feria del Libro, y que al mismo tiempo ilustre y eduque a jóvenes y adultos y afiance una identidad sustentada en su patrimonio cultural literario.

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