La novela de un exmaestro rural que descubre verdades históricas
Algunas ficciones literarias llevan a descubrir circunstancias, datos y hechos que se desconocían hasta ese momento.
Si está basada en verdades históricas, una novela puede contener más enseñanzas que una enciclopedia llena de consideraciones trascendentales sobre el pasado.
Es sorprendente cómo algunas ficciones literarias entretienen al lector, pero a la vez lo lleva a descubrir circunstancias, datos y hechos que desconocía, y a veces ni imaginaba.
Eso sucede con Amar hasta morir, excelentemente relatada novela de Luis Albornoz, escritor y dueño de meritorios pergaminos como maestro rural en El Impenetrable y profesor en Historia.
Su novela está ambientada en la Guerra Guazú, Guerra del Paraguay, Guerra Tripartita (así la llamaba mi tatarabuelo, el teniente Eugenio Orué), o Guerra de la Triple Alianza.
Una guerra que además de consumir la vida de medio millón de hombres dio combates más grandes que algunos de los que libró el propio Napoleón y decidió en los campos de batalla la suerte de cuatro naciones: Paraguay, Argentina, Brasil y Uruguay.
El relato cuenta la triste aventura (nunca hay aventuras alegres en una guerra) de la pareja conformada por el arpista y maestro rural Eulogio Meza y la enfermera Amelia Dolores, protagonistas de una historia de amor hasta la muerte.

La culpa fue del Caraí
Será todo la novela que se quiera, pero las verdades históricas que contiene son irrebatibles.
Por ejemplo: durante un baile donde Eulogio tocaba el arpa, uno de los personajes, Joaquín, le dice algo que de haber caído en oídos lopistas le hubiera costado el fusilamiento:
"—El Caraí no debió entrar en guerra contra tres países".
Dicha confesión es ficticia, pero encierra y resume una verdad histórica inapelable.
¿No sabía López que invadiendo Brasil y después Argentina estaba iniciando una guerra desigual contra tres países, el primero de los cuales (Uruguay) era igual al Paraguay, el otro (Argentina) lo superaba cuatro veces en recursos, y el tercero (Brasil) era diez veces mayor en medios financieros y bélicos que Paraguay?
No obstante, al principio de la guerra Eulogio creía que la victoria paraguaya estaba asegurada.
Eulogio, cuenta el novelista, "estaba convencido de que el Mariscal lo arreglaría todo, que era el más grande estadista de América, y tenía mejor ejército que todos".
Esta imaginaria frase oculta otra verdad histórica. Efectivamente, la propaganda lopista le hacía creer a los paraguayos que, batalla tras batalla, se estaba ganando en todas partes.
Era todo lo contrario. Por más que la publicidad oficial y la revista "El Cabichuí" hablaran de victoria tras victoria, en realidad se marchaba de derrota en derrota.
Por eso, como también correctamente lo relata Albornoz en esta obra que es su cuarto libro, en determinado momento López comenzó a reclutar también a hombres con familia.
El turno de Eulogio
Un día llegó a su humilde escuelita rural de Potrero Cué, lo que tanto temía: el reclutamiento forzoso de hombres con hijos pequeños.
Cuenta la novela:
"Cuando tomó asistencia, faltaban dos niños de la misma familia.
—Al padre lo llevaron a la guerra los soldados, por eso no vinieron —contesta un niño.
Eulogio pensaba que si reclutaban gente adulta con familia era para reponer bajas en el ejército por muerte o porque cayeron prisioneros. Primero fue la orden de producir para las fuerzas armadas y el envío de animales para carne, y ahora un nuevo reclutamiento. ¿Tan mal estarían las cosas para los paraguayos? ¿Qué se exigirá después?".
Un día, también para él llegó el infierno tan temido. Su vida, tal cual como la conocía, se acabó para siempre.
Un soldado con un montón de sobres en las manos vino a su casa y le entregó un mensaje donde se le decía:
"Al señor Eulogio Meza, maestro de Potrero Cué, se le comunica que por Orden Superior y por economía de guerra, el servicio de educación en todo el país entró en receso hasta finalizar la contienda, quedando usted en disponibilidad para ser reubicado en el lugar que el Alto Mando lo exija, para lo cual deberá usted presentarse ante el comisario de Concepción dentro de los próximos tres días".
Así comienza para Dolores las penosas averiguaciones sobre el paradero de su marido, hasta el día en que ella también recibe un mensaje: en tres días debía presentarse en Concepción para ser enviada al frente de batalla como enfermera voluntaria.
El final
El reencuentro de la pareja en un hospital de campaña gracias a los acordes de un arpa interpretados por Eulogio, que ella escucha y reconoce desde lejos, es un final digno de la Ilíada.
Fruto de este reencuentro, es una nena, a la que nunca llegará a conocer porque él muere en combate antes de su nacimiento.
Ella, embarazada, cae prisionera enfrentando a una patrulla de soldados argentinos quienes, como reconocimiento y homenaje a la valentía de la mujer paraguaya, la ponen bajo protección del Ejército argentino con mandato de que nadie osara tocarla.
El personaje femenino de esta novela está inspirado en una figura real, Dolores Vargas que en tiempos de la Guerra de la Triple Alianza aún estaba en plena adolescencia.
Murió en 1966, a los 111 años, y está sepultada en Santa Rosa de las Misiones, Paraguay.











