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Paraguay, meca del ‘minado’ de bitcoins

El bajo precio de la electricidad hace que los grandes jugadores se radiquen en Ciudad del Este y alrededores.

Minar criptomonedas no es encontrar, descubrir o fabricar nuevas monedas, se le dice así al conjunto de procesos realizados por computadoras conectadas a Internet para validar y procesar las transacciones de una criptomoneda. A medida que esos cálculos se van validando va creciendo la ‘cosecha’ (llamada bloques), lo que cada día se vuelve más difícil y todo se hace en el universo intangible de Internet.

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Una ‘mina’ con más de 100 equipos trabajando a un costo de 200Kw por día cada uno. Se entiende entonces porque Paraguay es uno de los sitios favoritos.

La mejor analogía es la extracción de oro, antiguamente con muy poco equipo se podía hacer fortuna lavando arena de los ríos. Hoy una mina de oro comercialmente viable procesa millones de toneladas de suelo donde el mineral se encuentra disuelto en cantidades sólo apreciables con microscopios y para ello hay que invertir millones en equipo.

Cuando empezó el bitcoin un par de computadoras potentes -funcionando 12 horas cada una- podían hacer muchos que en ese momento no valían lo que valen hoy ya que -como el oro- su dificultad de ‘encontrarlo’ le fue dando el valor de mercado. Lejos quedaron las épocas de recompensas extraordinarias donde la red repartía 50 bitcoins cada 10 minutos. Cada cuatro años se realiza un evento se conoce como halving, que en 10 años de vida, ya tuvo dos de estos acontecimientos. El año que viene es el próximo y la recompensa se irá a seis bitcoins cada 10 minutos.

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Un equipo Antminer S9 usado en venta en Mercado Libre por poco menos de $50.000. Para la actividad profesional su operación es cada día más cara.
Esto, sumado a la baja pronunciada en la cotización, deja un margen más pequeño de ganancia lo cual obligó a los mineros a volverse más eficientes.

Las principales estrategias que encontraron los profesionales del tema para superar este escenario son: invertir en equipos de minado más nuevos y reducir los costos operativos. Si estas dos condiciones se cumplen, entonces el minado de criptomonedas sigue siendo rentable. Sin embargo hoy la minería de bitcoin tiene un importante costo en energía ya que mantener funcionando los procesadores especializados demanda un consumo eléctrico enorme.

El banco ING publicó un estudio según el cual el minado tiene un consumo de 200  kWh por equipo, por día. Ese costo es grande en comparación con las transacciones económicas tradicionales: así, una transacción con Visa tiene un consumo estimado de 0,01 kWh, lo que supone 20.000 veces menos consumo de energía. Un año minando bitcoins como un campeón consumiría 78.475 KWh en total, es decir, el equivalente a 118 heladeras o unos 300 lavarropas.

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Una pequeña mina vale poco más de $350.000. Puede llegar a los 1500 Kw por día sin considerar la refrigeración. El dueño vende ‘llave en mano’.

El nuevo Eldorado

Una de las maneras de bajar costos de minado, es trasladar las minas a latitudes extremas para ahorrar en refrigeración. Tal es el caso de dos empresas argentinas, Bitfarms y Bit Patagonia. Mientras que la primera se instaló en Canadá la segunda lo hizo en Tierra del Fuego. Ambas buscaron regiones extremas del continente americano para aprovechar las bajas temperaturas. Islandia también es un buen lugar.

Sin embargo Paraguay con su clima tropical y dependencia del aire acondicionado está recibiendo cada vez más minería. En Ciudad del Este se calcula que hay funcionando varios miles de máquinas del tipo AntMiner, un sistema chino cuyo último modelo gasta más electricidad y demanda fuerte refrigeración para aprovechar su velocidad. El costo de minado en Paraguay está cerca de los u$s 3.140 por unidad, mientras que hoy la cotización del bitcoin ronda los u$s 5.200. Es que Paraguay gracias a Yacyretá e Itaipú es uno de los países con el costo de energía más barato (el kilowatt/hora cuesta cerca de 0,05 centavos de dólar mientras que vale cerca de 0,28 en Brasil y 0,12 en la Argentina).

Aún en el tremendo mercado bajista del 2018, la actividad siguió siendo rentable para los grandes jugadores. Los costos funcionan como un ‘filtro’ contra aquellos que tienen costos fijos más altos (energía eléctrica, refrigeración, infraestructura de redes, equipos). Por ejemplo, con la dificultad actual, dos equipos de alta gama AntMiner S17, cuyo costo es de u$s 2.700, pueden producir en ese país un beneficio anual de u$s 5.200. Esto sin contar gastos de infraestructura más allá de la electricidad. El mismo equipo en la Argentina deja u$s 4.100 y en Brasil, u$s 2.100 (una salvedad, el bitcoin debe cumplir requisitos para ser validado como ‘bloque’, de ahí la dificultad de ‘cosechar’).

Si el número de mineros se multiplica por diez, un bloque debe, del mismo modo, ser diez veces más “válido” para que valga la pena añadirlo a la cadena de bloques. Este método mantiene la velocidad del descubrimiento de los bloques nuevos: a pesar del número de mineros, los bloques solo aparecen cada diez minutos. Así, las posibilidades de conseguir una recompensa disminuyen si los mineros aumentan y cada día se suman miles y es por eso que se precisan procesadores dedicados, superveloces y feroces devoradores de energía que -como si fuera poco- precisan trabajar a 20 grados o menos.

Todo dentro de la ley

Uno de los estigmas que cargan sobre sus espaldas la mayoría de criptomonedas es que son la moneda de cambio favorita para actividades delictivas y -principalmente- el lavado de dinero. Es por eso que las ‘minas’ profesionales no se publicitan porque tampoco venden ningún servicio. De todas maneras países como Colombia o zonas como Ciudad del Este son lugares donde más actividad de minería se detecta. Los bitcoins producidos pueden cambiarse legalmente en sitios como LocalBitcoins.com. En las ‘minas’ sólo se realizan cálculos matemáticos que van y vienen por ‘la nube’ en un mercado intangible que puede administrarse desde Rusia o China sin que se pueda rastrear el destino. En esas salas frías y repletas de máquinas suceden todos los procesos y sus encargados tampoco saben los resultados diarios. Una vez que la mina comenzó a producir sus dueños pueden administrarla desde cualquier punto del globo sin que tampoco sea una actividad ilegal y es por eso que se están ajustando mecanismos para seguir de cerca el destino de las máquinas especiales aunque hay otro problema, se fabrican en China y muchas se exportan como ‘equipo informático’.

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