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La lucha contra el plástico en océanos

¿Una botella o un vaso plástico que se arroja en forma descuidada en una calle de Resistencia pueden terminar en el mar? Para los más escépticos, esa posibilidad no existe, pero organizaciones ambientalistas como Greenpeace, entre otras, aseguran que objetos de plástico, como platos, vasos, botellas o bolsas abandonados en zonas urbanas pueden tener al mar como destino final por más lejos que el objeto en cuestión se encuentre de las costas.

¿Cómo es posible que eso ocurra? Para los expertos, estos residuos -si no son reciclados o eliminados en forma adecuada- pueden recorrer un largo camino debido a la acción del viento o las tormentas y llegar primero a vías fluviales y luego, aunque parezca increíble, a los océanos.

Según Greenpeace, en la actualidad solo el 9 por ciento de todo el plástico producido y consumido hasta la actualidad a nivel mundial se ha reciclado, mientras que el 12 por ciento se ha incinerado, y la gran mayoría, el 79 por ciento, ha terminado en basureros o en el medio ambiente. La misma fuente asegura que el 80 por ciento de los residuos encontrados en el mar proviene de tierra, mientras que el 20 por ciento restante de la actividad marítima.

Se calcula que, a nivel global, entre 5 y 13 millones de toneladas de plástico cada año llegan al mar. El problema es muy serio, ya que si esta preocupante tendencia se mantiene, dentro de unas pocas décadas habrá más plástico que peces en los océanos, con todo lo que eso significa para el ambiente y las comunidades humanas.

El problema es que el plástico es un material muy resistente y tarda muchos años en degradarse, con el agravante de que en las últimas décadas su empleo se ha multiplicado en todo el mundo. Por eso hoy es posible que se estos materiales se encuentran en casi todos los rincones del planeta.

El año pasado, un grupo de científicos británicos aseguró haber hallado partículas de plástico de menos de cinco milímetros de diámetro en la Antártida. Según los expertos, la presencia de esos materiales podría ser el resultado de la descomposición de los residuos de plástico del océano y de ahí la importancia de adoptar urgentes medidas para detener el peligroso avance de esta contaminación.
Algunos laboratorios internacionales, por ejemplo, comenzaron a desarrollar proyectos de investigación para hallar nuevos materiales biodegradables que sustituyan el plástico. Por su parte, la ONU lanzó la campaña Mares Limpios con el fin de erradicar la presencia de plásticos en los océanos y gobiernos de todo el mundo adhirieron a esta campaña para reducir los residuos de este tipo en el mar.

También empresas del sector privado se han sumado a esta iniciativa y decidieron modificar sus procesos de producción para reducir el empleo de plásticos en sus productos. El desafío es enorme, ya que el modelo de producción y gestión de recursos, bienes y servicios que alienta el consumo masivo y a corto plazo, que caracteriza al mundo actual, está llevando al planeta a un callejón sin salida.

Por eso hoy se hace hincapié en el concepto de la economía circular, que se presenta como una alternativa válida, en tanto que es un sistema de aprovechamiento de recursos que pone el foco en la reducción, la reutilización y el reciclaje de los elementos.
Debe tenerse en cuenta que estimar el tiempo que demora en biodegradarse el plástico en los océanos no es sencillo, ya que son muchos los factores que intervienen en el proceso. Lo que sí se sabe con certeza es que es mucho más lento que en tierra.

En ese sentido, desde Greenpeace advierten que una vez que el plástico queda enterrado o queda cubierto por materia orgánica o inorgánica en el fondo de los océanos (lo que es muy frecuente en el medio marino) queda menos expuesto a la luz solar y disminuyen las temperaturas y el oxígeno, lo que retrasa su degradación.
Es necesario, entonces, que se tome conciencia de que por más que se viva en una ciudad alejada de las costas, si se arroja un plástico en cualquier lugar, ese plástico puede terminar formando parte de las millones de toneladas que hoy contaminan los mares del mundo.

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