Nació un ídolo
El miércoles por la noche Dario Benedetto se vistió de Martín Palermo, con todo lo que eso significa.
Por el lugar, la mítica bombonera, la instancia, semifinal de Libertadores, y por el momento, cero a cero faltando 15 minutos con el equipo jugando muy mal.

Además, ni siquiera un gol tras romperse la rodilla a principio de año.
Fue su regreso con gloria. Los destellos de Pipa resultaron el arma eficaz para abrir a un Palmeiras durísimo.
Su noche soñada lo catapultó al corazón del hincha de Boca, mimado siempre por sus golazos, lo de anoche le otorga una estatura distinta, es para mí el nacimiento de un idilio más fuerte e intenso con los fieles xeneizes.
Ni que hablar si Boca termina siendo campeón, Benedetto nos regaló a los que amamos el fútbol, una de esas noches que no se olvidan, que se quedan en la retina futbolera por mucho tiempo. Tuvo su noche de película, como Martín en aquel regreso glorioso frente a River en la Libertadores del 2000.
La comparación es inviable, Pipa debería hacer 200 goles para alcanzar al Titán, lo de Palermo es demasiado grande como para entrar en ese juego, sería como comparar a cualquier DT campeón de Boca con Bianchi, o a excelentes números 10 con Riquelme.
Pero sus goles ante Palmeiras lo convierten al chico de Berazategui en uno de los elegidos del pueblo boquense, no más ni menos.

Todavía le quedan cuentas pendientes: goles a River, como los hacía su ídolo Palermo, y porque no, ganar esta copa. Sea cual fuere el final, y los capítulos que le queden a esta historia de amor entre Boca y Benedetto, nadie le quitará la noche del 24 de octubre del 2018 en la bombonera, siempre será la noche de Pipa.

















