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Las mujeres y el mundo del trabajo

El mundo laboral no resulta ajeno a la construcción cultural de la diferenciación de género que hace que las relaciones en el ámbito del trabajo reproduzcan las inequidades y las situaciones de discriminación en perjuicio de los atributos asociados a lo femenino. Sin embargo, en los últimos años en casi todo el mundo se han logrado avances y son cada vez más las mujeres que logran ocupar espacios laborales que tradicionalmente le estuvieron vedados.

Los cambios que se producen en las sociedades en materia de igualdad de género son lentos y muchas veces imperceptibles, pero distintos indicadores confirman que en los últimos años se ha evidenciado un crecimiento sostenido de la participación femenina en la vida económica y laboral, incluso en sectores y áreas en los que hasta no hace mucho resultaban de difícil acceso para las mujeres.

El caso de la vicecomodoro de la Fuerza Aérea Argentina, Norma Arnoletto, oriunda de la ciudad cordobesa de Pozo del Molle, quien se convirtió en la primera mujer en hacerse cargo de un hospital de las Naciones Unidas en tiempos de paz, es un ejemplo de las transformaciones que, para bien, se observan en distintas partes del mundo. El mérito de Arnoletto es doble.

En primer lugar porque desarrolla su labor en un ámbito (el de las fuerzas armadas) que históricamente fue dominado por hombres, tanto en la Argentina como en el resto del mundo. Y en segundo lugar porque en el mundo de la salud también es muy marcada la desigualdad de género, y así lo confirma un estudio que realizó el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que advierte que en la Argentina las mujeres ocupan seis de cada diez puestos profesionales en el sector salud, pero ganan menos y son muy pocas las que acceden a cargos de decisión.

El informe del organismo internacional hace referencia también a la mayor participación de la mujer en este campo y señala que pasaron del 20 por ciento del sector en 1980 al 52 por ciento en 2016 y además son mayoría en casi todas las carreras de medicina del país. Pero todavía falta mucho camino por recorrer para cambiar esa asignación de roles y atributos a mujeres y varones que, como se dijo, ha generado una desigualdad histórica, y que ubica a las primeras en un plano de subordinación por debajo de los segundos. El ejemplo de la doctora Arnoletto muestra, de alguna manera, el camino que se debe seguir para avanzar hacia una sociedad con menos desigualdades.

En una entrevista que concedió días atrás a un matutino porteño, la profesional explicó que si bien dentro de la fuerza a la que pertenece nunca sintió la distinción de género, reconoció que hace 20 años eso no era así, ya que una mujer no podía acceder a un puesto de conducción en una fuerza armada. Por otra parte, recordó que en la misión que cumplió en Haití, donde tuvo la experiencia de ser la primera directora mujer del Hospital Militar Reubicable, lo que importa es el rango, el género es algo circunstancial.

Por otra parte, vale rescatar el estudio del PNUD, titulado “Género en el sector salud: feminización y brechas laborales”, a la que se hizo mención y que es la tercera investigación de la colección sobre género que realiza el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en nuestro país para saber si el proceso de feminización profesionalizada se ha traducido en una mejora en la inserción y condiciones de las trabajadoras de la salud, y en una mayor participación y representación en el sector.

Los resultados de la investigación confirmaron que pese a que existe una mayor participación femenina, las brechas laborales persisten, es decir que ese incremento no fue acompañado por una mayor igualdad de género y tampoco mejoraron las condiciones laborales de las mujeres que ejercen la medicina.

Los investigadores que llevaron adelante el estudio analizaron, entre otros datos, los aportados por la Encuesta Permanente de Hogares y llegaron a la conclusión que los médicos varones perciben ingresos mensuales 19,6 por ciento más altos que las médicas, mientras que la brecha de ingresos en los puestos técnicos y operativos es de 12,3 por ciento.

Lograr una mayor igualdad entre varones y mujeres también en el mundo del trabajo es uno de los desafíos que tiene por delante la ciudadanía, que debe abandonar viejos esquemas basados en los estereotipos de género que poco ayudan a la construcción de una sociedad más justa e igualitaria.