Con aulas cerradas, no hay futuro
Uno de los problemas que las autoridades del Chaco no logran resolver desde hace años es el de la Educación, es decir el normal y eficiente funcionamiento de sus escuelas.
Es más, con el avance de los días la situación se agravó y en los establecimientos escolares se ha instalado una peligrosa anarquía donde muchos días no se dictan clases por paros docentes u otro tipo de actividades, en detrimento de los alumnos.
Hay establecimientos en los que hay jornadas en que algunos cursos tienen clases y otros no y en los que, en el nivel secundario, se dan algunas materias y otras no, según que sus docentes se adhieran a las medidas de fuerza o no.
Por ejemplo, en lo que va del año escolar sobre un total de 93 días de actividades marcados por el calendario, ha habido 50 días con clases normales, 33 con paros generales o parciales (más del 50 por ciento de los días de clase) y los diez restantes han sido días de actos escolares sin otra actividad, o jornadas de perfeccionamiento docente.
Todo esto, evidentemente, conspira contra la calidad de la educación, esa que es promovida en cuanto discurso se escucha de las autoridades, cuando resulta una utopía hablar de ella cuando si ni siquiera se pueden tener las aulas abiertas.
Hablar hoy de calidad educativa es un insulto al sentido común de los ciudadanos chaqueños.
PRIORIDAD UNO
Es cierto que hay muchos, muchísimos problemas por resolver en esta provincia en la que, pese a todas las prédicas y autobombos, sigue estando entre las de mayores índices negativos.
Pero normalizar la actividad educativa debería ser prioridad uno, de lo contrario se hipoteca el futuro. Y, por lo que se ve, no existe demasiado interés en esto. No se apela a todos los recursos para que así suceda.
Es más, existe un diálogo de sordos entre autoridades y los gremios docentes, que asumen la representatividad de todos pese a que están afiliados menos del 50 por ciento.
Gobierno y gremios se mandan decir las cosas a través de los medios de comunicación y el diálogo entre ellos está roto o no existe. Las pocas veces que se han juntado ha sido para escuchar lo que dice el otro y luego manifestar su disconformidad.
PRIMER DERECHO HUMANO DESPUÉS DE LA VIDA
De tomar decisiones para que se cumpla el primer derecho humano de los niños y adolescentes, que es el de recibir una adecuada educación, nada.
Tampoco se escucha a los padres que se pronuncien y menos -y llama la atención- a las organizaciones de Defensa de los Derechos Humanos, muy atentas cuando se trata de otras determinaciones como el caso de prisiones domiciliarias de decrépitos torturadores condenados por la Justicia.
Hubo un dejo de esperanza cuando tras desgastarse la gestión del anterior ministro de Educación, a principios de este ciclo se hizo un cambio de guardia en el Ministerio. Pero es igual o peor y no se ha producido hasta ahora algún encuentro positivo con los gremios.
Estos, agrupados en el Frente Gremial Docente, instaron a las autoridades escolares a usar los días del receso invernal para encontrar una salida al conflicto. Pasaron ya varias jornadas y no se ha conocido respuesta posiblemente porque están gozando de “su merecido receso invernal” o preocupados por el éxito de la Bienal. Pero esto no es algo que pueda postergarse indefinidamente.
Hay que solucionarlo con la participación y la buena disposición de las partes si es que existe verdadera vocación docente de un lado y obligación de servir a la comunidad a la que se gobierna y, por ende, se vela por su bien común.
Tiene que haber negociación, es decir proponer y estar dispuesto a aceptar parte de lo del otro y resignar parte de las aspiraciones.
De lo contrario no se llegará a buen camino. Los docentes, sobre todo los que están frente a las aulas, necesitan ganar mejor. Sí, es cierto.
El Estado chaqueño tiene problemas de dinero, pero al mismo tiempo tiene varios funcionarios presos por problemas de corrupción, sí, es cierto. La educación no tiene calidad y cada vez deja más que desear. Sí, es cierto.
El modo de enseñar y de encarar la escuela debe modificarse de acuerdo a las nuevas exigencias del mundo. Sí es cierto y hay que hacerlo con urgencia. Tenemos estructuras y programas del siglo 19, maestros del siglo 20 y alumnos del siglo 21, sí es cierto.
Los gremios docentes son demasiados (17 o 18) y apañan muchas “avivadas” favorecidas por el Estatuto del Docente. Sí, es cierto. Pero no puede ser que no haya puntos en común cuando se sienten a negociar.
Si todos dicen que quieren lo mismo, todos tienen que estar dispuestos a renunciar a algunos privilegios, tanto funcionarios como gremialistas para beneficiar a esas nuevas generaciones que pueblan las aulas y que alabamos en los discursos pero que despreciamos con las obras.
Si no se llega a una solución en este problema habremos fracasado como generación y estaremos hipotecando nuestro futuro, gobierno, docentes, familias y nuestros hijos nos han de enjuiciar.
Pero esto no admite más dilaciones. Hay que solucionarlo sí o sí. Funcionarios y diputados deben preocuparse por el tema y poner la cara como lo hicieron en la Bienal
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