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Emocionado adiós a una personalidad destacada de la cultura chaqueña

Rolando Cánepa, entre el cielo y la tierra

Me siento en el teclado. Me gana el tiempo para el cierre de la edición del diario y no me permito dejar caer una lágrima. Ahora no, aunque el dolor me gane. El mensaje de Eva, su entrañable compañera, me dice que Rolando Cánepa acaba de morir.

Por Cristina  Matta

Jamás imaginé que estaría escribiendo la despedida de Rolando, el queridísimo Rolo, amigo de tantos años y colega como permanente colaborador de NORTE, con quien compartimos incontables momentos. De los buenos y de los otros. 

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Rolando Cánepa falleció este viernes a los 82 años.

Rolo  acaba de partir a los 82 años, mansa y sencillamente, como transcurrió toda su vida. Como él decidió vivirla. Siempre estuvo pendiente de los suyos y de aquello que conformaba su universo más rico e inagotable: los libros – filosofía y literatura con preferencia- la música clásica y el folclore, así como el ajedrez sin olvidar las artes plásticas. Y el escribir, por supuesto.

Podemos volver sobre los pasos de Rolando–surcados por la palabra- para reencontrarnos con grandes personalidades del Chaco y de  la región que trascendieron por sus obras, de manera especial en la cultura. Aunque Rolando puso su mirada, además, en figuras de otros ámbitos.

En las referencias a cada uno de ellos, no dudaba en utilizar la primera persona, en exponer sus sentimientos, en doblegarse ante la emoción, en celebrar el humor y hacer honor a la persistencia de la memoria. Narraba con vehemencia y poco importaba- si correspondía- la desmesura.

Rolando era un formidable memorioso. Podía  recitar textos aprendidos hacía muchos años sin recurrir al papel. Como fue memorioso, también, por haber puesto a resguardo del olvido a muchos de los que nos abrieron el camino.

Por eso, él fue a la vez, testigo de casi medio siglo de devenir regional. Y lo hizo desde una formación de la que no hacía alardes pero que aparecía siempre  como el rico sustrato de su escritura, porque era, también, un voraz lector.

Multiplicidad de saberes

Rolando Cánepa vestía y desvestía tantos trajes como vocaciones (y pasiones) lo ocupaban en la vida. Se diría que era un multifunción, inclasificable. Porque además del periodismo, fue de profesión meteorólogo y taquígrafo. En varios momentos presumió - con merecida razón- cuando en noviembre de 1971 le hizo tablas al gran maestro del ajedrez Boby Fischer en el Club Villa San Martín.

Pese a la multiplicidad de saberes y aunque en él habitara un intelectual, la felicidad para Rolo era lo más parecido a las simples cosas: el lanzamiento imaginario de una radiosonda (como la primera que echó a volar en 1957) o contar altos cúmulos. Sentarse frente al tablero de ajedrez, aunque en los últimos años desafiaba a la computadora. El encuentro con amigos, a uno y a otro lado del puente, y acariciar la edición de un nuevo libro de autoría.

Pero resulta insoslayable, recordar que Rolando acuñó la palabra penchamesa, para denominar a la bulliciosa reunión que nos sentaba en la casa de Moisés y Yolita Penchansky, para celebrar la amistad. Entre los comensales estaban otros inolvidables que formaban su círculo más cercano, como Aledo Meloni y Savelio Yurkevich.

Sigo en el teclado y no imagino los días por venir sin Rolando. Prefiero imaginarlo al volante de su auto, tomar la ruta – como a él le gustaba- y pensar que se fue a la feria del libro de Paso de los Libres o a brindar una charla sobre Borges en el interior chaqueño. Que agarró el camino y cobró altura para quedarse entre las nubes a las que tanto indagó.

Reconforta  saber que  ganó un territorio de paz y que allá arriba, tiene en sus manos un libro de poemas, que un chamamé le llena el alma y que le hace honor a un tintillo. En tierra firme, me estiro, me pongo en puntas de pie, me esfuerzo por alcanzarlo. Quiero decirle gracias en nombre de todos y darle ese abrazo profundo que quedó a mitad de camino, suspendido en el aire.

El camino andado

Rolando Cánepa nació en General Paz (Corrientes) en 1936. Siendo estudiante universitario  publicó sus primeras notas de crítica literaria en el diario La provincia, de Corrientes.

Luego de estudios técnicos en Buenos Aires, en 1957, trabajó en el Estación Meteorológica Resistencia, del Servicio Meteorológico Nacional. Con el advenimiento de la democracia se desempeñó como taquígrafo parlamentario, primero en el Concejo Municipal de Resistencia y luego en  la Cámara de Diputados del Chaco.

Su actividad periodística  en el Chaco data de los años 60, primero en El Territorio y después en NORTE, donde fue colaborador permanente en el área de Cultura.

Publicó los libros Crónica de una pasión chaqueña (1996), Al paso (2000), Cartas a Cecilia (2002), Chaco XXI (2004), Juntos. Siete autores chaqueños  (2008) y Las voces del Gualamba. Un viaje al país de la cultura chaqueña (2015).

Como ajedrecista representó  reiteradamente al Chaco en competiciones nacionales  e innumerables torneos por equipo realizados  en el interior de la república.

En partidas simultáneas empató con el gran maestro Bobby Fischer, quien luego sería campeón mundial.

Rolando Cánepa tuvo tres hijos: Patricia, Laura y Juan, a quienes se brindaba por entero y los nietos eran su orgullo.

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