Navidad
No decimos nada nuevo si afirmamos que la Navidad, una festividad cristiana que celebra el nacimiento de Jesús, ha ido perdiendo su sentido original en medio de un consumismo exacerbado que la ha transformado en una jornada comercial. Pero hay que seguir diciéndolo, porque es algo que debe lamentarse. Lo que debería ser una fecha de regocijo por el mensaje de esperanza de Cristo, se convirtió en una oportunidad de ostentación para algunos y de frustración para otros, regulada no por condiciones morales y espirituales, sino por la capacidad de consumo de cada individuo. Tampoco es algo reciente, sin dudas, pero sí un fenómeno que se viene acentuando.








