
Casa museo de Horacio Quiroga
Uruguayo de nacimiento, argentino por adopción, eligió San Ignacio y la selva misionera como su lugar en el mundo, donde nacieron sus hijos y se inspiró para muchas de sus obras literarias.

Uruguayo de nacimiento, argentino por adopción, eligió San Ignacio y la selva misionera como su lugar en el mundo, donde nacieron sus hijos y se inspiró para muchas de sus obras literarias.

Cuando los asuntos se pusieron decididamente mal, Borderán y Cía, capitalistas de la Empresa de Quebracho y Tanino del Chaco, quitaron a Braccamonte la gerencia. A los dos meses la empresa, falta de la vivacidad del italiano, que era en todo caso el único capaz de haberla salvado, iba a la liquidación.

La amistad entre ambos escritores es de las más atractivas de la historia cultural argentina. Por la distancia física, ese vínculo se alimentó sobre todo por correspondencia. En esta carta, un Quiroga ya mayor, muy enfermo y en la selva misionera, escribe a Estrada para hablar de maderas para violines, de Dostoievski, de la Revolución Española y de un próximo viaje a Buenos Aires por problemas de salud.

El Chaco era, en el mapa y en el pensamiento urbano, una tierra inhóspita e impenetrable. Quiroga compró una chacra en El Saladito, al sur de Resistencia, donde se internó en un paraíso perdido que resultó un infierno que templó su espíritu aventurero y su escritura.


El pasado ya fue y el futuro aún no llegó. Sin embargo, viven con nosotros.A destiempo