Gobernadores, militares y Congreso aíslan a Bolsonaro
El presidente intentó desplazar a su ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta porque se opuso públicamente a su orden de aflojar la cuarentena, pero nadie se lo permitió. En cambio, le pusieron un superministro que toma las principales decisiones.

BRASILIA, 3 (Reuters, AFP, Folha y Jornal do Brasil) - En tensa reunión de gabinete el fin de semana en la residencia oficial del presidente, Jair Bolsonaro se encontró aislado. El líder de extrema derecha convocó a una reunión de emergencia en el palacio de Alvorada para resolver una disputa con el ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, quien rechazaba a través de la prensa los llamamientos del presidente para aflojar las restricciones de cuarentena para los 210 millones de habitantes de Brasil.
Pero, con Mandetta firme en su postura, aun los colaboradores más cercanos de Bolsonaro no apoyaron su plan de relajar las reglas del coronavirus para “mantener la economía en marcha”, según los propios dichos del presidente. Elegido hace dos años con la promesa de revivir el crecimiento, Bolsonaro conmocionó a los expertos de salud de todo el mundo al minimizar constantemente la gravedad de la epidemia, calificando al Covid-19 como “una gripecita exagerada por los medios” y por sus opositores. Eso aun después de que el presidente de los EEUU, Donald Trump, ídolo político del brasileño, dio un paso atrás con su propio escepticismo sobre el brote.
Las fuentes dijeron que ministros de alto rango, incluido el ministro de Justicia Sergio Moro, se pusieron del lado de Mandetta en el imperativo de reforzar el distanciamiento social y anteponer la crisis de salud pública, en contra de los pedidos del presidente.
Los principales funcionarios militares del gobierno, que hasta ahora no habían criticado ni defendido públicamente a Bolsonaro, saltaron en defensa de Mandetta. En reprimenda poco velada a Bolsonaro, el jefe de gabinete Walter Braga, general del ejército en servicio activo, declaró que la salida de Mandetta del gabinete estaba fuera de discusión.

“Fue una reunión muy dura”, dijo un funcionario del gobierno sobre las conversaciones. “Mandetta está pisando hielo delgado, pero hay algunas cosas que no está dispuesto a cambiar”. Las tensiones ilustran hasta qué punto los esfuerzos de Bolsonaro para mantener la economía más grande de América Latina funcionando normalmente dividieron a su gabinete, alentando a sus oponentes y alienando aun a sus más firmes aliados en el Congreso.
Algunos diputados propusieron procedimientos de juicio político contra Bolsonaro por poner en peligro la salud pública. Pero incluso si lograran los votos para llevarlo a juicio, los líderes en el Congreso no parecen estar dispuestos a profundizar la crisis en medio de la pandemia.
El Ministerio de Salud reportó que el número de casos confirmados de coronavirus en Brasil se acerca a 10.000, y el número de muertes hasta este viernes era de 369.
Frente a la escalada de críticas, la arenga de Bolsonaro acerca de que “Brasil no puede parar” en redes sociales (#BrasilNaoPodeParar) provocaron indignación en el Congreso. El propio líder del gobierno en el Senado, Fernando Bezerra, encabezó una moción en el Senado instando a los brasileños a adherirse a las reglas de distanciamiento social establecidas por Mandetta basadas en las pautas de la Organización Mundial de la Salud.

“La opinión del presidente es incorrecta”, dijo el senador Major Olimpio, uno de los más fieles a Bolsonaro. Olimpio afirmó que todos los partidos en el Congreso se oponen al intento del presidente de relajar las recomendaciones de distanciamiento social.
Para Jimena Blanco, directora de Americas Risk Insights en la consultora Verisk Maplecroft, el aumento de los llamados a someter al mandatario a un juicio político aumentan el peligro de un colapso del gabinete este mes y el colapso de la agenda de reformas del gobierno.
“Sin embargo, el temor a una mayor militarización del gobierno podría actuar como un fuerte contrapeso a cualquier movimiento de sus oponentes para que lo eliminen, ya que podría conducir a una administración de derecha aún más dura”, evaluó Blanco.
Durante toda la semana, y también este viernes, Bolsonaro compartió reuniones y actos con sus partidarios, y las difundió por redes sociales.
Miedo a la depresión
Incluso antes de que llegara el coronavirus, era difícil que la economía brasileña creciera significativamente este año. Y con el 40% de la fuerza laboral de Brasil en la precariedad, las cuarentenas prolongadas elevarían drásticamente los niveles de pobreza.
Para mitigar los efectos de la epidemia en la economía, el gobierno planea lanzar un paquete de 200.000 millones de reales (u$s 38.000 millones) para ayudar a las empresas a pagar los salarios. Los analistas dicen que el enfoque de Bolsonaro está impulsado por el temor de que una depresión pueda dejar millones de desempleados y arruinar sus planes de reelección para 2022.
Expectativas al mínimo
“Él sabe que se le echará la culpa por una economía estancada, y si hay disturbios sociales y saqueos, también. Pero mandar a la gente a trabajar con riesgo de infecciones y muertes masivas, puede ser peor”, observó Lucas de Aragao, de la consultora Arko Advice de Brasilia.
La economía de Brasil sufrió un desplome sin precedentes en marzo, mostró el viernes un sondeo sobre la actividad de los gerentes de compras, debido a los efectos de la paralización de gran parte de las empresas del país y la vida cívica para combatir la propagación del coronavirus.
El Índice de Gerentes de Compra (PMI) del sector de servicios de Brasil elaborado por IHS Markit se hundió a 34,5, mientras que el PMI compuesto, que considera también la actividad manufacturera, cayó a 37,6, ambos en su menor nivel desde que la consulta se inició hace 13 años.
Una cifra sobre 50,0 muestra expansión en la actividad, mientras que una lectura bajo ese umbral apuntan a una contracción. Los datos respaldan el creciente consenso de que la mayor economía de América Latina caerá en recesión y se contraerá con fuerza durante el año calendario, además, algunos economistas proyectan uno de los peores desplomes económicos en décadas.












