Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.diarionorte.com/a/182520

El robo de meteoritos en Campo del Cielo

Los recaudos que se tomaron hasta ahora para evitar el robo de meteoritos en Campo del Cielo no parecen ser suficientes para resguardar las piezas celestes de los ataques de delincuentes que, tentados por el alto valor que pueden llegar a cobrar en el exterior por su botín, demuestran estar cada vez más organizados.

En mayo pasado tres sujetos encapuchados ingresaron armados, en horas de la noche, al Museo de Campo del Cielo y luego de maniatar a la guardiaparque de la reserva natural robaron tres piezas, una de 18 kilos y dos de 24 kilos, que estaban exhibidas en una vitrina. Este acto delictivo se sumó así a otros robos e intentos de sustraer piezas -se estima que solo en el año 2015 se intentaron llevar más de 200- que deben poner en alerta a las autoridades responsables de proteger este valioso patrimonio. Es que detrás de los robos se esconde un negocio que mueve mucho dinero en el exterior, donde la comercialización de estas piezas no es delito, como sí lo es en nuestro país donde la ley prohíbe el tráfico y venta de meteoritos. Se estima que, en el mercado ilegal, se puede llegar a pagar hasta 200 dólares el gramo, una suma más que tentadora para quienes actúan al margen de la ley. Existen testimonios que dan cuenta que, desde hace varios años, piezas de este patrimonio histórico y cultural del Chaco son rematados en el exterior con gran impunidad.

Desde la Asociación de Astronomía del Chaco se viene alertando que, lamentablemente, no cesa el robo, y en ese sentido la entidad advirtió que los delincuentes no son improvisados, ya que actúan incluso con la ayuda de equipos para hacer excavaciones. Al respecto, se recordó que hace no mucho tiempo años la policía logró secuestrar 350 piezas de meteoritos en un camión de gran porte que se dirigía a Paraguay. Lo que más llamó la atención en esa oportunidad es que las piezas estaban limpias y cepilladas, lo que revela que estaban listas para ser comercializadas.

No debe sorprender a nadie que Campo del Cielo se haya convertido en un foco de atracción para ladrones y contrabandistas. Por un lado, el avance de las comunicaciones ha permitido que cada vez un mayor número de personas sepan de la existencia de este lugar, lo que -por supuesto- no está mal en sí mismo; y por otra parte el hecho de que se trata de una de las reservas más importantes de meteoritos del mundo se suma al alto valor que pueden llegar a pagar algunos coleccionistas del exterior por estos verdaderos tesoros. Vale recordar que en enero de 1990 el contrabandista norteamericano Robert Haag llegó a la provincia e intentó llevarse el meteorito “El Chaco”, de casi cuatro toneladas, pero un oportuno control policial en el límite con Santiago del Estero evitó que el cuerpo celeste saliera del territorio provincial y el ladrón terminó detenido. El intento de sustraer esta pieza celeste, que fue desenterrada en julio de 1980 y es considerada la segunda en el mundo (solo superada por el Hoba, que se encuentra en Namibia), fue probablemente el más audaz, pero no el único. Según la Asociación de Astronomía del Chaco, una entidad que mucho ha realizado para preservar este patrimonio, la venta ilegal de meteoritos hallados en la provincia del Chaco viene desde la década del 60 y sigue hasta el día de hoy, a pesar de las medidas que se han adoptado, como la ley que protege los cuerpos celestes que están en territorio chaqueño que surgió luego del frustrado intento de Haag.

Es de esperar que la próxima Fiesta Nacional del Meteorito, que se realizará el 14 y 15 de septiembre próximo en la localidad de Gancedo y que tendrá seguramente una gran concurrencia de público, también sirva para como motivador para generar una mayor conciencia en el conjunto de la sociedad chaqueña sobre la enorme importancia que tiene valorar en toda su dimensión el patrimonio de Campo del Cielo y para poner en marcha controles más eficaces y otras iniciativas que permitan combatir el tráfico ilícito de estas piezas celestes.