El sueldo pierde contra los precios
En el Gran Resistencia, más de la mitad de los ocupados trabaja en la informalidad.
Los precios aumentan más en el NEA que en el resto del país, el salario registrado chaqueño pierde frente a la inflación y, en el Gran Resistencia, algo más de la mitad de los ocupados trabaja en la informalidad. Los datos muestran una brecha marcada entre quienes tienen un empleo registrado y quiénes no.
La inflación de septiembre fue de 1,9% a nivel nacional y de 1,7% en el Nordeste, pero la evolución de los últimos doce meses muestra otra situación: los precios subieron 36,9% en el NEA, frente al 33,4% en el total del país, según el INDEC. En lo que va de 2026, el acumulado regional es de 26,6%, tres puntos por encima del nacional (23,6%). El pico se registró en marzo, cuando la región tuvo una inflación mensual de 4,1%, frente al 3,4% del país.
Esa diferencia importa cuando se la compara con los ingresos de los trabajadores chaqueños. El salario bruto promedio de los trabajadores registrados del sector privado en Chaco fue de $1.492.626 en mayo, según datos de la Secretaría de Trabajo. Equivale al 69% del promedio nacional. Entre marzo y junio creció alrededor de 28% interanual, mientras los precios del NEA aumentaban entre 33% y 36%.
Precios y salarios registrados en el Chaco (Cuadro 1)

El resultado es una pérdida de poder adquisitivo de entre 5 y 7 puntos por encima de la variación del salario, más marcada que la del promedio nacional, que no llegó a 4 puntos (Ver cuadro 1).
Además, el empleo registrado retrocede, entre fines de 2023 y principios de 2026, el empleo asalariado privado formal de Chaco cayó un 10%, según datos por departamento de la Secretaría de Trabajo, que incluyen los departamentos con 20 o más empleados registrados. La masa salarial —es decir, lo que cobran en conjunto esos trabajadores— también retrocedió en términos reales en un porcentaje similar.

Una informalidad que no es pareja
El promedio esconde a una parte importante del mercado laboral que no queda reflejada en las estadísticas del empleo registrado. Según el procesamiento de los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, en el primer trimestre de 2026 el 52% de los ocupados del Gran Resistencia trabajaba en la informalidad. Pero el fenómeno cambia mucho según la categoría ocupacional (Ver cuadro 2).
Informalidad e ingresos por categoría ocupacional, Gran Resistencia, primer trimestre de 2026 (cuadro 2)

Entre los asalariados, que representan casi tres de cada cuatro ocupados, la informalidad alcanza al 41%. Entre los cuentapropistas, que representan uno de cada cuatro, llega al 84%. Los patrones tienen un peso reducido (2%), por lo que sus tasas deben interpretarse con cautela debido al tamaño pequeño de la muestra. ¿Cuánto de la canasta puede cubrir cada ingreso? (Ver cuadro 3).
Cobertura de la canasta básica total, Gran Resistencia, primer trimestre de 2026 (cuadro 3)

Si se toma como referencia una canasta básica total de $1.206.400 para un hogar tipo en el NEA (marzo de 2026), el ingreso promedio de los ocupados del Gran Resistencia, de aproximadamente $690.000, equivale al 57% de esa canasta. Frente a la canasta nacional, de $1.434.000, la cobertura es todavía menor. En este contexto, los indicadores sociales reflejan un deterioro significativo: el 48% de las personas del Gran Resistencia estaba bajo la línea de pobreza en el primer semestre, la segunda proporción más alta entre los 31 aglomerados que mide el INDEC, detrás de Concordia (56,2%). Además, la indigencia alcanzó el 17,3%, la tasa más alta de esos aglomerados.

Cuando trabajar ya no alcanza
A diferencia de otros momentos históricos, en los que el aumento del desempleo abierto visibilizaba el deterioro económico, hoy la destrucción del empleo formal convive con una expansión de la informalidad. Muchos trabajadores no pasan a estar desocupados, sino que continúan trabajando en condiciones más precarias y con menores ingresos. En el Gran Resistencia, este fenómeno se traduce en un proceso de movilidad social descendente para una parte de la población trabajadora.
El efecto es doble: el trabajo pierde capacidad para promover la movilidad social ascendente y para sostener las condiciones de vida de la clase media. Tener empleo ya no garantiza salir de la pobreza; incluso puede resultar insuficiente para cubrir las necesidades alimentarias y dejar a los hogares en situación de indigencia, por razones que exceden las posibilidades individuales de revertirlas mediante el esfuerzo personal. A la vez, la tasa de desempleo resulta insuficiente para describir este deterioro: quien pierde un puesto formal y pasa a una ocupación informal puede seguir contabilizado como ocupado. Por eso, es necesario complementar este indicador con datos sobre empleo registrado, informalidad, ingresos reales y capacidad de estos ingresos para cubrir las canastas básicas.
¿Qué no muestran los datos?
Los datos no demuestran que la informalidad sea, por sí sola, la causa de la pobreza. Jujuy-Palpalá, por ejemplo, presenta una informalidad similar, pero una tasa de pobreza sensiblemente menor (31%). Sin embargo, en Chaco, la combinación de precios que aumentan más que en el resto del país, salarios formales que pierden frente a la inflación, destrucción de empleo registrado e ingresos informales que cubren apenas un tercio de la canasta configura un escenario de fuerte vulnerabilidad social.
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