El riesgo de un fenómeno climático histórico
Un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) advierte que es muy alta la posibilidad de que El Niño alcance una intensidad histórica en lo que resta del año. Las proyecciones en las que se basa el organismo sitúan en un 75 % la probabilidad de que este fenómeno alcance una magnitud excepcional hasta diciembre. Más allá de las cifras, el pronóstico plantea un enorme desafío porque sus consecuencias pueden afectar tanto la producción de alimentos como la economía y la vida cotidiana de millones de personas.
El Niño es un fenómeno climático que altera las temperaturas del océano Pacífico y modifica los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del planeta. Aunque se trata de un proceso natural, sus efectos pueden ser graves cuando las comunidades no cuentan con las condiciones necesarias para enfrentarlos. Por eso, la advertencia de la Cepal debe entenderse como una oportunidad para anticiparse a los riesgos y reducir sus consecuencias.
Según el informe, el norte argentino suele registrar lluvias superiores a las habituales durante los episodios de El Niño, lo que aumenta el peligro de inundaciones. Si bien el agua es indispensable para la agricultura, su exceso puede convertirse en un problema cuando anega los campos, retrasa la siembra, perjudica los cultivos y dificulta el tránsito por los caminos rurales. De este modo, un fenómeno que en determinadas circunstancias favorece la producción puede transformarse en una amenaza para quienes dependen de ella.
Sin embargo, sería un error afirmar que un episodio intenso provocará pérdidas generalizadas en todo el sector agropecuario. Los resultados dependerán de la cantidad de lluvia, de los lugares donde se concentre y del momento en que ocurra. Mientras algunas zonas podrían beneficiarse de una mayor disponibilidad de agua, otras podrían sufrir daños importantes. Esta diferencia demuestra que no alcanza con conocer las previsiones generales, sino que también es necesario contar con información local y medidas adaptadas a cada territorio.
Por otra parte, cuando las inundaciones afectan rutas, puentes y caminos, también comprometen el traslado de las cosechas hacia los centros de acopio y los puertos. En consecuencia, las dificultades del campo pueden extenderse al transporte, al comercio y al abastecimiento. Si además disminuye la producción en regiones importantes, los mercados internacionales podrían experimentar cambios en los precios de determinados alimentos.
La historia confirma que estas advertencias merecen atención. Según el informe de la Cepal, Los episodios de El Niño de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016 provocaron importantes alteraciones climáticas y económicas en distintas partes del mundo. La experiencia demuestra, además, que las consecuencias no siempre desaparecen cuando termina el fenómeno, ya que la recuperación de las actividades productivas y de la infraestructura puede prolongarse durante años. Por lo tanto, evaluar sus efectos únicamente a corto plazo sería insuficiente.
Frente a este escenario, la prevención debe ocupar un lugar central en las decisiones públicas. Los gobiernos necesitan fortalecer los sistemas de alerta temprana, mejorar el mantenimiento de los desagües y las vías de comunicación, y preparar respuestas rápidas ante posibles inundaciones. Asimismo, los productores requieren información confiable para organizar sus labores, proteger sus recursos y tomar decisiones de acuerdo con las condiciones de cada zona. Estas medidas no eliminan los riesgos, pero pueden reducir considerablemente los daños.
Del mismo modo, la planificación debe contemplar a las familias que viven en áreas vulnerables y que cuentan con menos recursos para recuperarse después de una emergencia. Una inundación no afecta a todos por igual. Quienes pierden sus herramientas de trabajo, sus viviendas o sus ingresos enfrentan dificultades que pueden extenderse mucho después de que bajen las aguas. Por eso, la respuesta no puede limitarse a atender la emergencia, sino que debe incluir asistencia, recuperación y obras que disminuyan la vulnerabilidad futura.
El informe de la Cepal recuerda que el clima puede alterar profundamente el desarrollo económico y social de América Latina. No obstante, el alcance de sus consecuencias también dependerá de las decisiones que se tomen antes de que lleguen las lluvias. Esperar a que ocurra una inundación para actuar sería repetir errores conocidos. Ante la posibilidad de un El Niño excepcional, anticiparse no es exagerar el peligro, sino asumir con responsabilidad que la prevención resulta menos costosa que la reconstrucción.










