Un profesor chaqueño quiere pisar Malvinas para contar lo que los libros no cuentan
Hugo Arellano, docente de Geografía, convirtió su obsesión del aula en GeoMalvinas, un proyecto con historias de excombatientes y sus familias que ya recorre Instagram, Facebook, TikTok y YouTube. Ahora sueña con viajar a las islas en enero.
A Jerónimo Grnja lo sacaron de la escuela nocturna, donde intentaba terminar la primaria, lo subieron a un Unimog y, dos días después, estaba en Malvinas. No pudo despedirse de su mamá ni de nadie. Esa escena, que parece de película, es una de las historias que un profesor chaqueño decidió que no podían quedarse sin contar.
Se trata de Hugo Arellano, docente de Geografía en la escuela secundaria y en el Instituto Superior Sarmiento, quien transformó lo que enseña en clase en GeoMalvinas, un proyecto digital que recoge testimonios de excombatientes y de sus familias. Lo encontrás en Instagram, Facebook, TikTok y YouTube.

Del aula a las redes
El educador lleva ocho años trabajando la temática con sus estudiantes, y tiene claro de dónde nace todo: del desconocimiento. Según cuenta, el nivel con el que llegan los chicos es básico. Saben que hubo una guerra y que las islas son argentinas, pero poco más. Falta lo que, para él, es lo más importante: las vivencias, los rostros, las personas.
Arellano reconoce que el Mundial y la bandera de Malvinas le dieron una visibilidad enorme al tema, pero advierte que en lo cotidiano todavía hay camino por recorrer. Habla de un proceso de "desmalvinización" impulsado por grupos de poder que, según su mirada, no quieren que el tema se abra. Y recurre a una imagen que todos entienden, la de la película Coco: si nos olvidamos de los muertos, desaparecen. Con Malvinas pasa lo mismo, y el tiempo corre, porque los excombatientes ya son adultos mayores con los problemas de salud propios de la edad y de lo que vivieron.
Historias de carne y hueso
En sus videos aparecen relatos como el de Grnja, que hoy no escucha de un oído porque una granada le explotó cerca y la esquirla le dio en el casco. O el de Hugo Pérez, a quien le llegó el telegrama a su casa un día de lluvia, y que sí pudo despedirse de su madre antes de partir.
Hay un detalle que se repite en los entrevistados: la carta. Muchos pedían a un compañero que, si les pasaba algo, llevara un mensaje a su mamá, con el pueblo y la dirección anotados. Pérez, de hecho, cumplió ese encargo a la vuelta con los camaradas que no regresaron. Y las cartas que sí llegaban a casa eran cortitas, porque pasaban por filtros durante la dictadura. Las de Grnja tenían tres renglones: "Hola, mamá, estoy bien, reza por mí".
Por eso GeoMalvinas también le da voz a las familias, que vivieron la incertidumbre de no saber nada de un hijo o un hermano. En esa línea, el próximo sábado Arellano viaja a Paso de la Patria para entrevistar a un abogado jubilado cuyo hermano murió en la guerra y quedó enterrado en las islas. Décadas después, cuando pudo reunir los recursos, viajó a Malvinas a encenderle una vela en el cementerio.
Hugo Arellano y GeoMalvinas: las historias de la guerra que no debemos olvidar
El gran desafío de llegar a las islas
El objetivo más ambicioso del proyecto es conocer Malvinas. Arellano planifica un viaje para la segunda quincena de enero 2027 y ya se contactó con personas chilenas que viven en las islas para hacer entrevistas. Quiere recorrer lugares cargados de sentimiento, como esos cerros de los que hablan los excombatientes, para entender por qué estaban ahí.
El profesor cuenta que su método de enseñanza es siempre partir de lo cotidiano. No es lo mismo dibujar en el pizarrón cómo funciona la defensa contra inundaciones que ir hasta el lugar, filmar la crecida del río y mostrárselo a los alumnos. Con Malvinas quiere hacer lo mismo, y que luego todo eso repercuta en las aulas.
Hay un tema de logística y de costos, y por eso lanza la invitación: si alguna empresa o persona quiere sumarse como patrocinante, puede buscarlo como GeoMalvinas en las redes. Todo su material es de descarga libre, para que cualquier colega pueda usarlo en clase sin ningún problema.
Para Arellano, el mensaje es simple: que Malvinas no sea solo un capítulo de libro, sino historias con nombre y apellido que todavía están entre nosotros.













