En memoria del maestro Astudillo: pedagogía antidogmática
Señor director de NORTE:
Era una mañana de clima inestable en la ciudad capital de la provincia del Chaco y todos los estudiantes del colegio salesiano Don Bosco se disponían —como todos los días por la mañana— a "saludar" a la bandera.
La llovizna matutina se hizo presente, coronando el frio invernal y el maestro Astudillo solicitó a los estudiantes bajo su tutela (de su curso) que formaran en la galería. Es decir, al resguardo de las condiciones climáticas.
Sin embargo, se aproximó el padre Brambilla y ordeno a los niños de primaria a "saludar" a la bandera como se debía. Entiéndase, parados en el patio descubierto y por ende sin el reparo que proveía el techo y las estructuras propias de la mencionada galería. Los infantes obedecieron.
Luego, el maestro Astudillo regresó y entonó la pregunta: ¿Y ustedes por qué están ahí? A lo que algunos estudiantes respondieron: porque lo dijo el padre Brambilla. Frente a lo cual pidió a sus estudiantes que regresaran a la galería.
Ya bajo techo, se aproximó el padre y confrontó al maestro Astudillo, a lo cual este último le dijo que se podía presentar los respetos a la bandera desde el resguardo pertinente del frío y la llovizna.
¿Cómo terminó aquella controversia? Con el maestro Astudillo solicitando a los estudiantes bajo su tutela que ingresasen al aula y que aquel día no saludarían la bandera, puesto que él se consideraba responsable por sus discípulos y no permitiría el riesgo de enfermarse (resfriarse) por el sin sentido de un adulto.
Afuera quedaron maestro y padre discutiendo, por mi parte aprendí de ese maestro una de las lecciones más importantes de mi infancia: que no hay que respetar la autoridad de las jerarquías sino la de la razón. Muchos años más tarde volvería a encontrar esos mismos conceptos en Simón Rodríguez —maestro de Simón Bolívar—en la tinta de Eduardo Galeano (Memoria del fuego II. Las caras y las máscaras.):
"No se mande, en ningún caso, hacer a un niño nada que no tenga su «porqué» al pie. Acostumbrado el niño a ver siempre la razón respaldando las órdenes que recibe, la echa de menos cuando no la ve, y pregunta por ella diciendo: «¿Por qué?». Enseñen a los niños a ser preguntones, para que, pidiendo el porqué de lo que se les manda hacer, se acostumbren a obedecer a la razón: no a la autoridad, como los limitados, ni a la costumbre como los estúpidos."
Más tarde, en el aula, se explayó explicándonos que el verdadero respeto a la bandera se da a partir de ser personas correctas: que respeten a las demás personas, que se rijan por normas éticas, que cumplan con su responsabilidad de estudiantes que luego llevarían esos conocimientos para ayudar a su comunidad.
Y, luego de aquel día —hasta que egresé del colegio— ningún curso más volvió a formar a cielo abierto en días de precipitaciones.
Hoy escribimos estas líneas a seis manos y aunque el recuerdo es de una de estas tres personas, la enseñanza se ha transmitido de generación en generación.
Es por ello que, si bien uno solo de nosotros lo conoció personalmente al maestro Astudillo, su recuerdo se perpetua en las tres mentes e impregna sus enseñanzas nuestro andar.
EUGENIO ROLÓN (H)
ERNESTO EUGENIO ROLÓN (N)
EUGENIA NAR ROLÓN
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