El primer automóvil que circuló en el Chaco
Don Luis Honnorat, un vecino de nombre, entre 1908 y 1909 recibió vía fluvial el automóvil que había adquirido con el propósito de usarlo para transporte urbano.
Don Luis Honnorat, un vecino de nombre, entre 1908 y 1909 recibió por vía fluvial un automóvil marca Peugeot de un solo cilindro, que había adquirido con el propósito de dedicarlo al transporte urbano. No obstante, su manejo resultaba complicado y ante la ausencia de un servicio mecánico fue depositado en un galpón. Hasta entonces ningún automotor había circulado por la ciudad, pero pronto se presentarían las circunstancias propicias...
Quiso el destino que Aldo Agazzani llegara a Resistencia en enero de 1911, aquella modesta capital, con sus escasos diez mil habitantes, con sus calles sin afirmar, llenas de pozos y hondonadas —polvorientas un día, y otros hechas un lodazal—, con su edificación chata y primitiva no intimidó al joven soñador; por el contrario, se le presentó como el escenario anhelado donde él, sin más capital que sus brazos y una indomable voluntad de superarse, debía dar la larga y fecunda batalla de su vida. Y la dio con fe y con éxito.

Llegó una siesta con un calor infernal, típico de la época en el Chaco, procedente de Buenos Aires en el tren francés. Llegado a la estación Santa Fe, camina por la calle Pellegrini con su valija y pertenencias, camino al centro de la ciudad en busca de una pieza o pensión. Cuando llega a la calle Yrigoyen pregunta en una casa dónde puede encontrar un solar para alojarse. La casa de los Honnorat fue ese lugar que lo albergó, y así comienza su rica historia en Resistencia.
Fue Aldo Agazzani, italiano procedente de Módena, con conocimientos mecánicos, quien se impuso la tarea de ponerlo en funcionamiento y de efectuar luego algunas modificaciones para reemplazar los neumáticos por rodados de madera.
Fue el primero que condujo un auto por nuestras calles, llegando hasta el Salado, cuando no había caminos, sino solo picadas en la selva. Era el 13 de julio del año 1913. El comentario subió de punto cuando, con motivo de las fiestas españolas, Agazzani estableció un servicio de transporte de pasajeros hasta La Liguria, cobrando cincuenta centavos por viaje. La brecha para el automovilismo quedaba abierta.
Resulta oportuno recordar aquí la espectacular participación que le cupo en los carnavales de 1916 a aquel original automóvil que, conducido por Agazzani acompañado de los vecinos don Gaspar De Nicola y los hermanos Emilio y Nicolás Urtizberéa, recorrió el corso triunfalmente entre los aplausos de la multitud, cubierto por una lluvia de flores, serpentinas y papel picado.
En el mismo sentido es inolvidable la excursión emprendida por aquel auto hasta Colonia Benítez, que pasó por el puente San Fernando sobre el río Negro, empleando en aquel entonces dos horas en el trayecto. La velocidad máxima asignada al vehículo legendario no era superior a los diez kilómetros por hora.
Como testigo de aquellas aventuras, la bocina del viejo Peugeot se expone en la sala del Museo Ichoalay (Necochea 456).
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