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Investigación de la UNNE

Buscan crear un "termómetro biológico" para medir la salud de las lagunas de Corrientes

Un estudio de la Universidad Nacional del Nordeste analiza pequeños invertebrados acuáticos que habitan entre las plantas de las lagunas para desarrollar una herramienta capaz de detectar contaminación y evaluar el estado ambiental de los humedales de manera rápida y de bajo costo.

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El licenciado en Ciencias Biológicas Cesar Obregón lleva adelante esta investigación que generará información que hoy no existe en la región: una forma de medir la salud de las lagunas de Corrientes a partir de los organismos que viven asociados a las plantas acuáticas.

Las lagunas de Corrientes esconden un universo casi invisible que podría convertirse en la clave para conocer su verdadero estado de conservación. Larvas de insectos, caracoles, gusanos y otros pequeños invertebrados acuáticos son los protagonistas de una investigación que busca transformar a estos organismos en indicadores biológicos de la calidad del agua.

El trabajo es desarrollado por el licenciado en Ciencias Biológicas César Obregón, becario de la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), bajo la dirección de la doctora Luciana Irene Gallardo, investigadora del Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CECOAL).

La investigación apunta a cubrir un vacío de conocimiento en la región mediante el desarrollo de una metodología que permita evaluar la salud de las lagunas correntinas a partir de los organismos que viven asociados a las plantas acuáticas.

Los habitantes invisibles del agua

Aunque pasan inadvertidos para la mayoría de las personas, estos pequeños animales cumplen un papel fundamental dentro de los ecosistemas acuáticos.

Obregon-microscopio
El trabajo incluye también el análisis de las propiedades físicas y químicas del agua —como la transparencia, el nivel de oxígeno, la acidez y la cantidad de sustancias como el nitrógeno y el fósforo— en cada una de las lagunas estudiadas.

Se trata de organismos de más de un milímetro de longitud que permanecen entre la vegetación de las lagunas y cuya presencia, diversidad y abundancia reflejan las condiciones ambientales del lugar donde viven.

A diferencia de los análisis químicos tradicionales, que muestran únicamente el estado del agua en el momento de la toma de la muestra, estos invertebrados funcionan como una especie de "memoria biológica", ya que acumulan los efectos de la contaminación y de los cambios ambientales ocurridos durante semanas o incluso meses.

Por ese motivo, desde hace varias décadas, organismos internacionales comenzaron a incorporarlos como indicadores para evaluar la calidad del agua.

Una herramienta para detectar contaminación

El objetivo del proyecto consiste en desarrollar indicadores biológicos capaces de diferenciar lagunas en buen estado de aquellas afectadas por efluentes domésticos, descargas industriales o el avance de la urbanización sobre los humedales.

Para ello, el investigador analiza la cantidad de organismos presentes, la diversidad de especies y también sus hábitos alimentarios, información que permitirá construir parámetros de evaluación ambiental adaptados a los ecosistemas del Nordeste argentino.

El estudio también contempla el análisis de variables físicas y químicas del agua, como la temperatura, la transparencia, el nivel de oxígeno disuelto, la acidez y la concentración de nutrientes como nitrógeno y fósforo.

Seis lagunas bajo la lupa

La investigación se desarrolla sobre seis lagunas ubicadas en el noroeste y centro-oeste de la provincia de Corrientes.

Cuatro de ellas presentan distintos grados de intervención humana. Una recibe efluentes de una industria textil sin tratamiento previo; otra está rodeada por barrios privados y un balneario; una tercera soportó durante años descargas domiciliarias y una cuarta integra una cuenca de lagunas parcialmente conectadas.

Como contraste, las otras dos lagunas seleccionadas se encuentran dentro de la Reserva Natural Iberá, donde conservan condiciones naturales y presentan escasa influencia de actividades humanas.

Las muestras analizadas fueron recolectadas entre 2022 y 2025 durante períodos de menor precipitación y conservadas en los laboratorios del CECOAL. Además, el proyecto contempla nuevas campañas de muestreo en épocas lluviosas para comparar el comportamiento de las comunidades biológicas bajo distintas condiciones ambientales.

Cuatro hipótesis para entender el impacto humano

La investigación parte de cuatro hipótesis que buscarán comprobarse a lo largo del estudio.

La primera plantea que en las lagunas más afectadas por la actividad urbana disminuyen los organismos sensibles a la contaminación y aumentan aquellos capaces de sobrevivir en ambientes degradados.

La segunda sostiene que las modificaciones en las comunidades de invertebrados responden directamente a los cambios en la calidad del agua.

La tercera propone que alteraciones como el exceso de nutrientes o la disminución del oxígeno reducen tanto la cantidad como la diversidad de organismos presentes.

Por último, se analizará si la contaminación modifica también los hábitos alimentarios predominantes dentro de estas comunidades, alterando el equilibrio ecológico de los humedales.

Ciencia al servicio del ambiente

Además del aporte al conocimiento científico, el proyecto busca generar una herramienta práctica para organismos públicos encargados del monitoreo ambiental. La intención es contar con un método sencillo, rápido y económico que permita detectar el deterioro de una laguna sin depender exclusivamente de complejos análisis químicos.

Los resultados también tendrán un fuerte componente educativo. El equipo prevé elaborar guías ilustradas sobre estos pequeños invertebrados, desarrollar materiales de divulgación y organizar talleres destinados a escuelas y a la comunidad para mostrar cómo estos organismos pueden revelar si un humedal se encuentra sano o contaminado.

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