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Un estudiante en Zagreb: origen de un libro inaudito

En unos días más llegará la 2ª edición de Cuadernos de Zagreb , de Mario Anic. El poeta Lucas Brito Sánchez escribió al respecto y nos despierta - aún más - el deseo de leer a Anic.

Mario Anic es un hombre nostálgico que cuando se abre un vino aún escucha Leonard Cohen o el Use Your Illusion de los Guns. O pone viejos discos de música gitana. También es un tipo plantado en el presente. Pasó del comunismo al kirchnerismo (como me parece sensato hacer). Sigue defendiendo causas perdidas. Somos amigos hace más de veinte años. Hace unas semanas enviamos a imprenta la 2ª edición de Cuadernos de Zagreb, su primer libro (Ediciones De La Paz, 82 páginas). Lo que sigue es un resumen de todo eso:

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2003-2004: Se muda a Paraguay. Se tuvo que ir de Resistencia porque se cagaba de hambre. Trabaja por una revista financiada por un tipo delirante. La revista jamás salió a la calle.

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2006: Consigue una beca para estudiar idioma croata. Su familia desciende de esa estirpe dura y fría. No desaprovecha la oportunidad y junta para el pasaje. Los Balcanes se abren para él, lo reciben.

2007: A mediados de ese año tiene que volver porque su papá está enfermo. No se va a arrepentir jamás de regresar a Resistencia para hablar con su padre antes de que muera. El año y medio que estuvo en Croacia fue suficiente para juntar apuntes. Son anotaciones simples en libretas y cuadernos, un mundo ajeno a un chaqueño nacido en Tres Isletas. A su regreso siguió anotando recuerdos.

2008: Ese año conoce a Sandra. Se ponen de novios y siguen hasta hoy. De algún modo Sandra le cambió la vida; esa relación permitió que este libro crezca dentro de él y hoy podamos leerlo. Cuadernos de Zagreb es un libro madurado a su propio ritmo, un texto amoroso sin hablar todo el tiempo de amor.

2025: Hay un pliegue en el tiempo, un agujero de gusano que perfora nuestras vidas. Pasaron dieciocho años y ninguno de los dos había pensado en este libro. Ese año comencé a trabajar como editor externo para la editorial de La Paz. Le dije a Mario que quería hacer un libro con aquel viaje. "Me va a llevar un montón, me obliga a recordar", dijo. Se puso con todo a la tarea. Revisó y tipeó alocadamente y con furia. Lo acomodamos, ordenamos algunas ideas. Salió el libro y lo presentamos en la feria provincial.

Cada persona que lo leyó sintió que tiene algo mágico. Rocío Navarro, amiga y vecina, me contó que leyó partes en voz alta a su hija Frida. Mario está contento y ansioso. No puede creer que durante años se consideró un simple lector y ahora es un escritor. En realidad, siempre lo fue.

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