El aula en tiempos de IA
La irrupción de la inteligencia artificial generativa está transformando distintos aspectos de la vida social, y la educación no constituye una excepción. La aparición de herramientas capaces de producir textos, imágenes, resúmenes y respuestas complejas en cuestión de segundos ha generado entusiasmo, incertidumbre y numerosos debates sobre el futuro de la enseñanza. En este escenario, la especialista Mariana Ferrarelli propone una mirada que se aleja tanto del rechazo absoluto como de la adopción acrítica de la tecnología. Su enfoque invita a repensar el papel de docentes y estudiantes en un contexto donde la inteligencia artificial ocupa un lugar cada vez más relevante.
Uno de los aportes centrales de Ferrarelli consiste en diferenciar dos modelos de relación entre las personas y la tecnología. Por un lado, el denominado humano en el bucle, donde la inteligencia artificial realiza la mayor parte del trabajo y el ser humano se limita a supervisar, corregir o validar los resultados. Por otro lado, la propuesta de la IA en el bucle, que ubica a docentes y estudiantes como protagonistas del proceso educativo. En este esquema, la tecnología actúa como una herramienta de apoyo que enriquece las tareas humanas, pero no reemplaza la capacidad de decisión, el juicio crítico ni la responsabilidad intelectual de quienes aprenden y enseñan.
Esta perspectiva adquiere especial importancia en un momento en que muchas personas consideran que la inteligencia artificial puede resolver cualquier problema de manera rápida y eficiente. Sin embargo, Ferrarelli advierte que la verdadera transformación educativa no radica en automatizar tareas o acelerar procesos, sino en fortalecer la capacidad de pensar, analizar y cuestionar. En otras palabras, la educación del futuro no debería orientarse únicamente a obtener respuestas, sino a formular mejores preguntas y a desarrollar la habilidad de examinar críticamente la información disponible.
Es que la necesidad de cultivar el pensamiento crítico se vuelve aún más urgente debido a las características propias de los sistemas de inteligencia artificial generativa. Como explica la especialista, estas herramientas funcionan a partir de modelos probabilísticos que producen respuestas verosímiles, aunque no necesariamente verdaderas. En ocasiones pueden ofrecer información incorrecta, incompleta o directamente inventada. Por esta razón, aceptar de manera automática todo lo que genera una máquina representa un riesgo significativo para la formación intelectual de los estudiantes. Aprender a verificar datos, contrastar fuentes y detectar errores se convierte en una competencia esencial para desenvolverse en el entorno digital contemporáneo.
Otro aspecto que preocupa a especialistas e investigadores es cuando los estudiantes delegan excesivamente sus tareas en la inteligencia artificial, pueden experimentar una disminución progresiva de habilidades fundamentales. La capacidad analítica, la imaginación, la creatividad y la resolución autónoma de problemas corren el riesgo de debilitarse si la tecnología se convierte en una sustituta permanente del esfuerzo cognitivo. Aunque estas herramientas permiten completar actividades con mayor rapidez, la velocidad no siempre se traduce en aprendizaje profundo.
Diversos estudios han señalado que existe una diferencia importante entre resolver una tarea y aprender realmente. La inteligencia artificial puede facilitar la producción de respuestas correctas en el corto plazo, pero eso no garantiza una comprensión duradera ni la capacidad de transferir los conocimientos a nuevas situaciones. Cuando la herramienta deja de estar disponible, muchos estudiantes encuentran dificultades para afrontar problemas por sí mismos. En consecuencia, el desafío educativo consiste en utilizar la tecnología como apoyo para el aprendizaje y no como un reemplazo del proceso de construcción del conocimiento.
Ferrarelli también destaca la importancia de reconocer los sesgos presentes en los sistemas algorítmicos. Ninguna inteligencia artificial es neutral. Los datos con los que fue entrenada, las decisiones de quienes la diseñaron y los contextos culturales predominantes influyen en los resultados que ofrece. Esto puede limitar la diversidad de perspectivas y reproducir visiones parciales del mundo. Por ello, la educación debe promover una actitud reflexiva que permita identificar esas limitaciones y comprender que toda herramienta tecnológica responde a determinados criterios y supuestos.
Al mismo tiempo, la especialista subraya que la incorporación de la inteligencia artificial no debe comprometer la dimensión humana de la enseñanza. El aprendizaje es mucho más que el acceso a información. Implica diálogo, acompañamiento, intercambio de experiencias, construcción colectiva de significados y desarrollo de vínculos. La figura del docente continúa siendo fundamental porque aporta orientación pedagógica, sensibilidad, contexto y capacidad para interpretar las necesidades de cada estudiante. Ningún algoritmo puede reemplazar completamente esas funciones.










