La paradoja del mercado laboral
Los datos del tercer trimestre de 2025 mostraron un giro significativo en el panorama laboral argentino. Según el Indec, la tasa de desocupación bajó al 6,6%, frente al 7,6% registrado en el trimestre anterior. Sin embargo, el análisis que arroja la organización Fundar advierte que esta mejora no implica necesariamente una recuperación genuina de la calidad del empleo.
Según Daniel Schteingart, director de Fundar, la baja de la desocupación se explica fundamentalmente por un aumento de las personas ocupadas, y no por el cese de la búsqueda laboral, como podría suponerse en una lectura superficial del dato. La tasa de empleo —es decir, la proporción de ocupados sobre el total de la población— pasó del 45% al 45,4%. En paralelo, la tasa de actividad se mantuvo en niveles relativamente estables, sin variaciones drásticas.
La nueva paradoja, entonces, no es que suban juntas la desocupación y el empleo —como ocurría a comienzos de 2025—, sino que ahora la baja de la desocupación coincide con un deterioro sostenido de la calidad laboral. "Todo se explica por la informalidad", señaló Schteingart. El economista vinculó este dato con la destrucción de empleo asalariado que reporta mensualmente la Secretaría de Trabajo a partir de los registros de la seguridad social, lo cual refuerza la idea de que la mejora en el mercado laboral se sostiene sobre bases poco sólidas.
Comparado con el pico histórico de empleo de 2023 (45,5%), el nivel actual (45,4%) está prácticamente en línea, lo que indicaría, en principio, una recuperación casi completa en términos cuantitativos del nivel de ocupación. Sin embargo, lo más preocupante no es cuántos puestos de trabajo se generan, sino qué tipo de empleos proliferan en esta nueva etapa.
El dato más alarmante continúa siendo la informalidad, en un contexto de contracción del empleo asalariado registrado tanto en el sector privado como en el público. Crecen los cuentapropistas, los trabajadores no asalariados y aquellos sin ningún tipo de protección social, lo cual debilita la calidad del empleo y expone a un amplio sector de la población a la inestabilidad económica y a la falta de cobertura ante imprevistos de salud o jubilación.
Para Schteingart, esta dinámica no es del todo nueva. Argentina, aunque presenta niveles de informalidad laboral menores al promedio de América Latina, ha mostrado un desempeño relativamente débil en comparación con otros países de la región desde los años noventa. Además, históricamente el país mantuvo tasas de desocupación superiores al promedio mundial. Si bien hubo mejoras entre 2003 y 2015, y una fuerte recuperación del empleo tras la pandemia en el período 2021-2023, esos avances se dieron siempre en un contexto de deterioro de la calidad del trabajo y caída sostenida del ingreso laboral medio, lo que limitó su impacto real sobre el bienestar de los hogares.
La informalidad laboral, aclara el experto, abarca a quienes carecen de contrato formal o acceso a la seguridad social. También incluye, desde una perspectiva productiva, a trabajadores de baja calificación o empleados en microempresas. Observa, además, que el empleo informal es más precario, menos productivo y con menores ingresos. Por lo tanto, su crecimiento no solo afecta al trabajador individual, sino que debilita el sistema previsional, disminuye la recaudación fiscal y contribuye a la desigualdad estructural.
Un aspecto clave del fenómeno es su distribución territorial y demográfica. La informalidad es marcadamente más alta en el norte del país —Chaco, Santiago del Estero, Salta— y significativamente más baja en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y las provincias patagónicas. Además, afecta desproporcionadamente a jóvenes y mujeres. Entre los jóvenes, la falta de experiencia, el bajo nivel educativo y la búsqueda de trabajos flexibles explican su mayor vulnerabilidad. En las mujeres, inciden la segregación ocupacional, las dobles jornadas y la escasa oferta de servicios de cuidado infantil y familiar, factores que persisten sin grandes modificaciones en el último año.
Las cifras actuales —menor desocupación, pero mayor informalidad— confirman que el mercado laboral argentino sigue mostrando límites estructurales y debilidades institucionales de larga data. Revertir esta tendencia exigirá sostener la recuperación económica e implementar políticas activas de empleo, como también mejorar la protección social y fortalecer la formalización del trabajo en todos los sectores.










