Vuelven el Lobizón y las brujas
El padrinazgo presidencial existe en Argentina desde el año 1907 como costumbre y tradición, cuando el entonces presidente José Figueroa Alcorta aceptó el primer pedido de padrinazgo.
La cuestión
El decreto 848 del año 1973, instituyó formalmente el Padrinazgo Presidencial e incluyó como posibles beneficiarios, tanto al séptimo hijo varón como a la séptima hija mujer de una misma prole, y estableció los requisitos legales y formales para su otorgamiento. No es automático, sino a solicitud.
El Padrinazgo Presidencial establece el otorgamiento de una medalla de oro recordatoria, cuyas características serán establecidas, con carácter general, por la Dirección General de Ceremonial y Audiencias de la Presidencia de la Nación.
La ley 20843, posterior al mencionado 848, otorgó además beneficios y estableció que toda persona, cualquiera sea su edad, que haya sido apadrinada por el titular del Poder Ejecutivo, tendrá derecho a que el Estado nacional le asegure la realización gratuita de los estudios de nivel primario, secundario, universitario o especial que curse en establecimientos educativos oficiales y deberá contemplar la provisión de libros y útiles y todo aquello que sea inherente al alojamiento, alimentación y recreación del becario.

Una de las causas
El decreto 848/73 buscaba contrapesar el mito popular del "lobizón", que afirmaba que el séptimo hijo varón se convertía en hombre lobo en las noches de luna llena y la séptima hija mujer en "bruja". Sin dudas ello constituía un estigma para ese niño y base para la mofa o "cargada cruel" versión antigua del bullying o acoso. El bullying es cualquier forma de maltrato físico, verbal o psicológico, intencionado y repetitivo, que ocurre entre pares.
La norma vino a agregar una discriminación positiva en favor de los afectados. Una "chapa" para mostrar que eran importantes al ser ahijados, nada menos, que del presidente de la Nación. ¡No tenés padrino!!
La llamada Ley de hojarasca, sancionada ya por la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, derogó la ley que establecía el beneficio educativo. Entiendo, la posibilidad de apadrinar, sigue vigente.
Como la ley está metida dentro de un conjunto de leyes que el gobierno entiende innecesarias, espero que diputados y senadores hayan leído bien el conjunto de normas que quedan sin efecto por la ley de hojarasca si se sanciona, no sea que alguna que sirva o mantenga su vigencia conceptual, sea arrastrada por la pasión reformadora.
La derogada en este caso no tiene importancia, hay pocos casos de parejas que quieran tener siete hijos de un mismo sexo y, además, no sé si quieren que el presidente apadrine a su hijo o hija, o prefieren algún buen tío o amigo. Tampoco ya nadie cree en el lobizón ni en las brujas, ni tan siquiera los niños.
En síntesis, es ejemplo que estamos en la pavada y cada vez más lejos del interés de la gente que pretende solución a sus problemas reales, porque con los de fantasía, es capaz de lidiar con sus propias armas.
En la situación socioeconómica en que vivimos hay muchos niños y niñas para apadrinar, aunque no sean séptimos. Hay que ocuparse de ellos. Es posible que el espíritu de la ley derogada no debería eliminarse, sino ampliarse.
En vez de eliminar ahijados, habría que aumentar padrinos para mejorar el intelecto, la salud y darles herramientas para la vida a generaciones futuras que hoy están condenadas a la pobreza. Las políticas sociales deben perder el estigma de curro que le impone sectores materialistas de la sociedad y ser abrazadas con responsabilidad por el gobierno y por los beneficiarios. Es solo una modesta opinión.










