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La epidemia del silencio

En 2025 murieron por suicidio cinco mil doscientas nueve personas en Argentina. Es la cifra más alta desde que existen registros sistemáticos y, para quienes siguen estas estadísticas, no fue una sorpresa: desde 2016, el número prácticamente se duplicó. Lo que sí sorprende —o debería sorprender— es la escasa atención que recibe. Casi triplica la cantidad de homicidios dolosos del mismo período, esos que sí llenan los noticieros y las conversaciones de sobremesa. Y, sin embargo, pasa.

Los datos provienen del informe "Estadísticas Criminales 2025", presentado por la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva. En su conferencia, eligió destacar la baja del 7% en los homicidios dolosos —un dato no menor— pero el 22,6% de incremento en suicidios no recibió mención ni la atención que el tema merece. El contraste habla por sí solo: 1.676 homicidios versus 5.209 suicidios. La tasa nacional alcanzó 11,8 muertes cada cien mil habitantes, por encima del promedio mundial de 9,1. Hay un muerto por suicidio cada dos horas en Argentina.

Ninguno de estos números es nuevo. El Sistema Nacional de Información Criminal señaló, a principios de 2025, que el suicidio es desde 2023 la principal causa de muerte violenta en el país, representando el 41,7% de los casos en 2024. Casi la mitad de las víctimas tienen entre 15 y 34 años; el 80% son varones. Hay, en estos datos, una urgencia que no parece estar siendo leída como tal.

A 280 kilómetros de Resistencia, la ciudad de Charata ofrece una imagen de lo que ocurre en todo el país, pero también de lo que puede hacerse. En una ciudad de unos 45.000 habitantes se registraron siete suicidios en lo que va del año. Esa cifra movilizó a vecinos e instituciones a buscar respuestas concretas: nació la Red de Cuidado y Escucha Comunitaria, impulsada por el presidente del Concejo Deliberante, Alejandro Barcala. Habilitaron una línea de WhatsApp de acompañamiento —3731 44-0778— y comenzaron capacitaciones para instituciones de la comunidad, incluyendo Bomberos Voluntarios. "Muchas veces hablamos del tema cuando ya es demasiado tarde", dijo el funcionario. "Nosotros quisimos empezar a trabajar antes".

Esa frase resume algo que la evidencia científica sostiene hace años: el suicidio no es una fatalidad privada sino un fenómeno multicausal. Lo que más pesa no es el aislamiento físico en sí mismo sino la presencia —o la ausencia— de redes de sostén materiales y comunitarias. Lo confirmó, de manera oblicua, la pandemia: 2020 registró uno de los valores más bajos de la última década, con 3.262 casos y una tasa de 7,8 cada cien mil habitantes. En el año de mayor encierro, el Estado desplegó transferencias masivas y se reforzaron lazos comunitarios. La contención funcionó. Que hoy esas redes se estén retirando mientras los números escalan no parece una coincidencia.

En el plano institucional, el panorama tiene grietas visibles. Alberto Trímboli, referente de la Asociación Argentina de Salud Mental, advirtió que existe una Ley Nacional de Prevención del Suicidio, pero que no hay información pública clara sobre el presupuesto asignado ni los programas en marcha. Recordó además que la Ley Nacional de Salud Mental obliga al Ministerio de Salud a destinar el 10% del presupuesto sanitario a salud mental —parte de lo cual debería ir a prevención del suicidio— y que eso hoy no está ocurriendo.

El desglose territorial muestra que la suba no fue uniforme. Mientras provincias como Buenos Aires (+55,4%) o Misiones (+36,9%) registraron incrementos muy por encima del promedio nacional, otras fueron en sentido contrario: Formosa redujo su cantidad de casos un 28,4%, Neuquén un 15,6%, La Rioja un 15,8%, Chubut un 11,3%. Las razones de esas diferencias no están documentadas todavía, pero son exactamente el tipo de información que merece investigarse y contarse. El Chaco, en cambio, registró 143 casos en 2025 contra 111 en 2024, un aumento del 27,7%, por encima de la media nacional. La iniciativa de acción preventiva en algunas ciudades chaqueñas nace en ese contexto.

El periodismo tiene aquí una responsabilidad concreta: visibilizar esta crisis sin sensacionalismo, fiscalizar el cumplimiento de las leyes, preguntar por los presupuestos, interpelar a quienes gestionan la salud pública. El silencio no protege: omite. En un contexto donde los suicidios triplican a los homicidios, esa omisión tiene un costo.

Si vos o alguien que conocés están atravesando una crisis, se puede llamar al 135, Centro de Asistencia al Suicida. El servicio es gratuito, las 24 horas, en todo el país.

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