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Carta de lectores

Deseos que son leyes

Señor director de NORTE:

La llamada sociedad light, la del amor líquido y de la crítica a la razón como origen de todos los males constituye una fachada promovida por pensadores, economistas y políticos a nivel global, pero vivida con convicción por muchos que creen que se ha inaugurado un mundo más atractivo, de mayor libertad y placer. En esta sociedad, las personas tratan de evitar los pesados deberes, que se presentan como opresores y esclavizantes, además de retrógrados, y creen que si aceptan algunos deberes, como las exigencias laborales, sólo es porque todavía no han podido librarse de ellos a causa de que los procesos de liberación no se completaron.

Pensadores de la sociología, como Bauman, señalan que en el trabajo el ser humano "se pone el overol", es decir, acepta las exigencias y reglas, normas y deberes, pero al salir de allí, está desorientado, porque debe decidir por cuenta propia. Sin embargo, hoy se encuentran, como desde hace un largo tiempo, muchos que orientan a otros, sea por las redes o por diversos medios de masas, y van creando imágenes/modelos a los cuales adherir para pertenecer. Fenómeno que fue señalado por Ortega y Gasset, Marcel, Heidegger, Frankl, entre otros, al hablar del hombre masificado, el que cae en pensar, decir y hacer "lo que todos hacen".

En el trasfondo, en el mundo de los especialistas del marketing, y a nivel inconsciente, se va conformando una sociedad de los deseos insatisfechos, no simplemente deseos de consumo, sea de bienes como de experiencias, sino de todo lo que crea adicciones y destruye vidas. Se reitera el peligro de la acción de la dopamina que, según los especialistas, consiste no tanto en disfrutar de la recompensa como en anticipar la misma, y por eso el cerebro predice y trata de alinear el comportamiento para conseguirla, del mismo modo en que funciona el deseo.

El problema consiste en que, mientras algunos creen que obran por libertad personal y cumpliendo deseos, otros se han esforzado estratégicamente para deconstruir  (o destruir se podría decir) y construir modos de obrar y modos de vida a los que se adhiere sin reflexión ni crítica, y que finalmente, en el triunfo de los procesos diseñados para beneficio de algunos, se convierten en leyes.

La Argentina puede jactarse de tener un corpus de leyes que defienden al ser humanos, sus derechos y su dignidad, pero como contrapartida, ha retrocedido vulnerando lo que dice defender, con leyes que destruyen cientos de miles de seres humanos, ejerciendo violencia al punto de eliminarlos quitándoles todos sus derechos, como la ley de ILE/IVE o aborto. Esta ley en particular, se funda en considerar que la vida del ser humano antes de nacer no vale nada, en tanto depende del deseo de la mujer embarazada. Si ella no lo desea, debe (tener en cuenta este deber) ser eliminado. Aunque tenga 7, 8 o 9 meses, o haya nacido, porque si el deseo es que no viva, se lo deja morir sin darle asistencia.

Las ocho bolsas de consorcio con bebés descuartizados en Villa Ballester, donde se encontraban algunos de 7 y 8 meses, muestran la crueldad con que se trata al ser humano antes de nacer porque, aunque somos humanos desde el momento de la concepción, la mentira consistió en fomentar la idea de que no sufre, es antes de los 3 meses, etc., ocultando que se puede abortar hasta los 9 meses y aún más, dejarlo morir si nace vivo. O provocarle un paro antes de nacer por "respeto" a los deseos de la madre, mujer embarazada o gestante, como se  quiera llamarla. Realizado por médicos que afirman tener la conciencia tranquila, y que esas bolsas son sólo "residuos patológicos".

En los procesos de deshumanización de la sociedad argentina, las leyes se van convirtiendo en esclavas de deseos de grupos ideologizados que llaman empoderada a la mujer que elimina a su hijo con intervención de profesionales "de la salud". Pero como esa violencia no basta, ahora necesitamos retroceder un paso más, y en esos mismos procesos, avalar los deseos de quienes quieren morir con ayuda del Estado apoyando leyes de eutanasia.

La ignorancia, el desconocimiento y la manipulación consisten que se habla de situaciones graves, pero se termina incluyendo a los adolescentes deprimidos, a los ancianos con demencia, y a todos los que constituyen una carga económica, porque claro, se los debería cuidar y eso es un gasto. Lo que se oculta es que siempre hay beneficiados, como los laboratorios y empresas dedicadas al "servicio" del aborto y la eutanasia que ganan millones y son solventados con los impuestos de todos.

Quizás debamos rescatar algo de racionalidad, porque la compasión por el otro ha desaparecido del horizonte, o sólo se ha convertido en una máscara que oculta la búsqueda de concreción de deseos subjetivos, que se traducen en leyes que olvidan los deberes de protección y cuidado de los vulnerables. La humanización implica la responsabilidad de asumir, entre todos, aquello que cuesta, que supone sacrificio, pero protege la dignidad de cada uno, y por eso constituye un deber.

MARÍA ELENA RADICI

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