Bar Café Sorocabana
Estaba ubicado en la esquina de Juan B. Justo y Rawson (hoy Frondizi).
Historia de su locación
En 1902 se adjudica a Agustín Andriani esta parcela, quien la usa como vivienda familiar y ocasionalmente alquila alguna de sus habitaciones.
Otras ocupaciones parciales de la propiedad fueron en: 1912 Confitería El Alba de Joaquín Segura, posteriormente el negocio pasa a manos de Florentino Sánchez y luego Protasio Luque. En 1929 pasa a ser la sastrería de Nicolás Gabrieli y finalmente en 1937, se transfiere la propiedad a la López Cano, español de origen, en 1938 inicia la demolición de la antigua edificación y comienza la construcción del actual edificio (Art Decó), a cargo de constructor Lamberto Perini con posterior refacción a cargo de Ubaldo Zuliani. Un edificio muy moderno para la época: gran salón esquina y dos salones más hacia ambos costados. Transformándose la propiedad en distintas unidades funcionales destinadas a viviendas y locales comerciales, en donde funcionaron distintos comercios, bares, una sastrería, una librería, una óptica, un banco, etcétera, siendo el más recordado, el Bar Sorocabana, que se instaló en esta equina, entre los años 1940 y 1970 aprox. Este negocio fue en primer lugar propiedad de la firma comercial nacional "Café Sorocabana", hasta el año 1948, lo compran Andrés Tranchet y Guillermo Scordo.

Recuerdos del bar
Este tradicional bar quedó en el recuerdo popular. Fue un punto neurálgico de la ciudad, que iba creciendo a pasos agigantados. Este gran salón, con mostradores de mármol, un recipiente de aluminio tipo cacerola y varias cafeteras donde se preparaba el café - al "baño María" (no el tradicional de máquina exprés). Con mesas redondas, de mármol verde de 0,50 m de diámetro, con un aro de metal. Sillas tipo sillones con respaldo y apoyabrazos, tapizadas en cuero. Todo bien dispuesto para la buena atención contiguo al salón había una habitación amplia, para tostar el café y guardar las bolsas de los granos en crudo, que traían de Brasil.
La caja de cobros siempre estaban atendidas por sus dueños Tranchet y Scordo y en algunos otros horarios lo hacia el Sr. Guerrero. La vida y milagro de Resistencia formaba parte de la charla diaria. Todos tenían un sobrenombre. Los dichos y anécdotas eran comentados en el Sorocabana. La clientela estaba conformada por comerciantes, profesionales, artistas de varios rubros y bohemios. También algunos buscas y nunca faltaba el que se dedicaba a colocar dinero en préstamo con cheque haciéndolo endosar por alguna persona solvente, como garantía. Un clásico del bar era el Perro Fernando, donde desayunaba café con medialunas, con el Dr. Reggiardo, su médico personal y amigo.
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