Inmunización y su rol en la salud pública
La vacunación es, sin dudas, una de las herramientas más importantes de la salud pública y, a lo largo de la historia, ha demostrado ser una estrategia eficaz para prevenir enfermedades y salvar vidas. A lo largo y ancho de la geografía nacional, este principio se mantiene vigente, aunque en los últimos años han surgido desafíos que ponen en riesgo los logros alcanzados. A partir de un informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), resulta posible analizar la situación actual y comprender por qué es fundamental reforzar las políticas de inmunización.
En primer lugar, es necesario recordar que las vacunas han tenido un impacto decisivo en la historia de la humanidad. Gracias a su aplicación masiva, enfermedades que antes causaban graves consecuencias, como la viruela, han sido erradicadas. Además, la vacunación ha contribuido de manera significativa al aumento de la esperanza de vida, que pasó de alrededor de 40 años a principios del siglo XX a más de 77 en la actualidad. Este avance confirma mejoras en la medicina y también el efecto directo de políticas públicas sostenidas que promovieron el acceso equitativo a la inmunización.
Sin embargo, a pesar de estos logros, un reciente informe del Cippec advierte que en Argentina se observa una disminución en las tasas de vacunación desde 2018. Esta tendencia genera preocupación, ya que abre la puerta a la reaparición de enfermedades prevenibles como el sarampión, la tos ferina o la poliomielitis. Debe señalarse que el descenso en las coberturas no es un dato menor, sino un indicador que exige atención inmediata para evitar brotes que podrían tener consecuencias graves en la población.
Por otro lado, resulta importante destacar que la problemática no se explica únicamente por la falta de confianza en las vacunas. De hecho, los niveles de confianza en Argentina son altos en comparación con otros países de la región. No obstante, existe una reticencia más difusa que se manifiesta en postergaciones o en la falta de cumplimiento de los esquemas completos. Esta situación se relaciona con múltiples factores que, según el citado informe, van desde dificultades de acceso hasta cambios en la percepción del riesgo.
En este sentido, uno de los aspectos más relevantes es la baja percepción del peligro que representan ciertas enfermedades. Paradójicamente, el éxito histórico de las vacunas ha reducido la visibilidad de estas amenazas, lo que lleva a muchas personas a considerar innecesaria la inmunización. Como resultado, la decisión de vacunarse pierde urgencia y se posterga, especialmente en adultos y adolescentes.
Asimismo, las barreras de acceso desempeñan un papel clave en la caída de las coberturas. Entre ellas se encuentran problemas logísticos como la disponibilidad irregular de dosis, horarios limitados en los centros de salud y dificultades para trasladarse. A esto se suman las desigualdades geográficas y socioeconómicas, que afectan con mayor intensidad a regiones más vulnerables. De esta manera, la vacunación deja de ser una práctica accesible para todos y se profundizan las brechas existentes.
Al mismo tiempo, el informe señala un debilitamiento de las estrategias territoriales que históricamente fueron efectivas. La reducción de campañas en escuelas, la menor presencia de equipos comunitarios y la disminución de dispositivos móviles han impactado negativamente en la llegada de las vacunas a distintos sectores de la población. Por lo tanto, recuperar estas estrategias aparece como una medida necesaria para mejorar las coberturas.
Otro punto central es el rol del sistema de salud y, en particular, de los profesionales. La recomendación activa por parte del personal sanitario es uno de los factores más influyentes en la decisión de vacunarse. Sin embargo, según el Cippec, cuando esta recomendación no se realiza de manera sistemática, se debilita el mensaje y se incrementa la posibilidad de que las personas posterguen la vacunación.
Frente a este panorama, el informe propone una serie de estrategias orientadas a fortalecer la política de vacunación. En primer lugar, se plantea la necesidad de adoptar un enfoque que abarque todo el curso de vida, es decir, que no se limite a la infancia, sino que incluya también a adolescentes, adultos y personas gestantes. De esta forma, se busca garantizar una protección integral y sostenida en el tiempo. Del mismo modo, se propone fortalecer la gestión territorial y recuperar la presencia en los territorios más afectados.










