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ArteCo y el mapa cultural del NEA: cuando una feria transforma una escena

En el Nordeste argentino el arte ya no sucede solamente dentro de los museos. Desde hace algunos años, comenzó a ocupar bares, plazas, galerías, veredas, talleres y conversaciones cotidianas. Y en ese crecimiento silencioso pero constante, ArteCo 2026 volvió a confirmar algo que la región ya intuía: el NEA dejó de ser periferia para convertirse en una de las escenas culturales más vivas del país.

La octava edición de la Feria de Arte Contemporáneo de Corrientes, que se desarrolla hasta hoy en la ciudad de Corrientes, funcionó mucho más que como un evento artístico. Fue una radiografía del presente cultural regional y también una muestra del lugar que el arte ocupa hoy en las economías creativas, en la circulación de artistas y en la construcción de identidad.

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Con curaduría de Marcelo Dansey, la feria reunió galerías, colectivos, artistas independientes y proyectos híbridos de distintos puntos del país, especialmente del Nordeste y Paraguay, en una edición atravesada por una idea entender al arte no solamente como exhibición, sino como red, movimiento y comunidad.

"Una feria transforma la comunidad artística", resumió Dansey durante una entrevista con Buen Día NORTE en la previa del evento. Y quizás esa frase sea una de las claves para entender lo que sucede alrededor de ArteCo desde hace ocho años.

Mucho más que cuadros colgados

Las ferias de arte contemporáneo suelen asociarse rápidamente con la venta de obras o con espacios destinados a públicos especializados. Pero lo que ocurre alrededor de ArteCo parece ir bastante más allá.

En la práctica, la feria genera circulación económica, profesionalización de artistas, aparición de galerías, vínculos institucionales y nuevos públicos. También produce algo menos visible pero igual de legitimidad cultural para una escena históricamente centralizada en Buenos Aires.

"El mundo del arte en Argentina tuvo un fenómeno muy interesante en los últimos diez años. Durante mucho tiempo existió prácticamente una sola gran feria nacional, que era ArteBA. Después comenzaron a florecer las ferias regionales y ArteCo fue una de las primeras", explicó el curador.

Esa expansión permitió que muchos artistas del interior empezaran a vivir de su producción, a construir redes y a entrar en circuitos que antes parecían inaccesibles.

En ese sentido, el Nordeste argentino atraviesa hoy un momento singular. La potencia estética del Chaco y Corrientes —marcada por el oficio, la materialidad, la relación con el territorio y una identidad visual muy propia— empezó a consolidarse como un lenguaje artístico reconocible dentro del mapa nacional.

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El museo como símbolo de una nueva etapa

Uno de los aspectos más significativos de esta edición fue su realización en el nuevo Museo de Arte Contemporáneo de Corrientes (MACC), inaugurado hace menos de un año.

Para Dansey, la elección del espacio no es un detalle implica pensar el vínculo entre feria y museo, entre mercado y patrimonio, entre circulación cultural y construcción institucional.

"Es un museo ultra tecnológico, muy lindo, muy coqueto", describió. Pero además del edificio, lo simbólico aparece en otro Corrientes comienza a posicionarse como una ciudad capaz de producir y sostener infraestructura cultural contemporánea.

Durante cuatro días, el museo convivió con propuestas que salieron hacia el espacio público, galerías, bares y otros centros culturales de la ciudad. Porque si algo dejó esta edición es la idea de que el arte no sucede solamente dentro de una sala blanca.

Un arte menos solemne y más cercano

Entre las transformaciones que atraviesan hoy a las ferias contemporáneas aparece también una búsqueda por romper cierta distancia histórica entre el arte y el público general.

En la entrevista, Dansey insistió varias veces en una ArteCo debía ser también un paseo.

"Está bueno venir a recorrer la ciudad, comer algo, ir a los museos, pasar por las galerías", comentó, casi como quien recomienda un fin de semana turístico antes que una experiencia exclusivamente cultural.

Y quizás ahí exista otra de las claves del crecimiento de este tipo de el arte empieza a correrse de la solemnidad y se mezcla cada vez más con la vida cotidiana.

Eso también se refleja en la diversidad de propuestas. En un mismo recorrido podían convivir artistas históricos de la región, obras tecnológicas, producciones experimentales, arte popular, galerías jóvenes y proyectos híbridos que funcionan a la vez como taller, bar, espacio cultural y punto de encuentro.

El arte como memoria, inversión y herencia

Aunque muchas veces el mercado del arte parece asociado únicamente a grandes coleccionistas, ArteCo también buscó mostrar otra dimensión más cercana y doméstica del vínculo con las obras.

"Queríamos que fuese democrático también desde el bolsillo", señaló Dansey al hablar sobre los precios accesibles de muchas piezas exhibidas.

Pero más allá del valor económico, el curador dejó una reflexión interesante sobre la dimensión afectiva del arte. Recordó, por ejemplo, una pequeña obra que compró hace años para uno de sus hijos en una feria de San una botellita de Fernet bordada. "Cada vez que voy a su casa y la veo, me trae miles de recuerdos", contó.

La escena parece sencilla, pero resume bastante bien una el arte también construye memoria familiar, relatos personales y patrimonio emocional.

Algo parecido ocurrió históricamente en Resistencia con experiencias como el Fogón de los Arrieros, que acercaron el arte a familias que no necesariamente pertenecían al circuito cultural tradicional y terminaron convirtiendo obras en parte de la vida cotidiana de generaciones enteras.

Una región que ya habla con voz propia

A esta altura, quizás ArteCo ya no necesite justificarse solamente como feria. Después de ocho ediciones, el evento parece haberse convertido en otra una plataforma donde el Nordeste se mira a sí mismo, se proyecta y se reconoce.

En una región donde el arte siempre existió —aunque muchas veces lejos de los grandes centros culturales—, la feria funciona como una confirmación de algo más que el NEA tiene una escena propia, artistas propios y una sensibilidad que ya no necesita pedir permiso para ocupar un lugar dentro del mapa cultural argentino.

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