Martín Kohan: "Los docentes no somos animadores de cumpleaños"
El nuevo libro de escritor es "Lo que entiendo por Borges". Ahí intenta en su libro desmitificar a un prócer de la literatura argentina.
A pocos días de cumplirse 40 años de la muerte de Jorge Luis Borges, el escritor y docente Martín Kohan publicó Lo que entiendo por Borges, un ensayo en el que busca desmontar la figura casi sagrada que rodea al autor de Ficciones y reflexionar sobre el modo en que fue convertido en un emblema cultural.

Editado por Ediciones Godot, el libro reúne ensayos inéditos y textos publicados en distintos medios y espacios culturales. Allí, Kohan aborda la fascinación colectiva por Borges, la multiplicación de frases célebres —muchas verdaderas y otras falsas— y la construcción de un imaginario asociado a la sabiduría.
"Cuando digo Borges, no digo Borges: ese hombre de carne y hueso nacido en 1899 y muerto en 1986. Cuando digo Borges pienso en esa figura que la imaginación argentina ha compuesto y fijado en ese nombre", sostiene el autor en uno de los pasajes del libro.
Kohan también reflexiona sobre el peso que tiene la enorme producción crítica en torno al escritor argentino. "Habiendo escrito Piglia, Sarlo, Ludmer o Alan Pauls, uno piensa qué más se puede decir sobre Borges. Pero al mismo tiempo, en una literatura como la de Borges siempre hay algo más para leer", señaló.
El autor explicó que el libro surgió casi de manera espontánea, a partir de materiales que utilizaba en sus clases universitarias de Teoría Literaria en la Universidad de Buenos Aires. "Si hubiera pensado desde el comienzo en escribir un libro sobre Borges, probablemente el efecto intimidatorio me habría disuadido", reconoció.
La enseñanza de Borges
Durante la entrevista, Kohan también planteó su preocupación por los cambios en la enseñanza de la literatura y la menor presencia de Borges en las escuelas secundarias.
"Cada vez más estudiantes llegan a la universidad sin haber leído a Borges. Tal vez lo leyeron poco o sin un marco sistemático de enseñanza", advirtió. En ese sentido, cuestionó cierta tendencia educativa a evitar textos complejos por temor a que los alumnos "se aburran" o "no se enganchen".
"Se deja de lado no solo a Borges, sino una literatura que ofrece dificultades y exigencias de lectura. Los docentes temen que los chicos no se enganchen, pero nosotros no somos animadores de cumpleaños", afirmó.
Kohan consideró que existe una diferencia fundamental entre "leer" y "estudiar" literatura, y remarcó la importancia de sostener espacios de formación donde los estudiantes puedan enfrentarse a textos desafiantes y desarrollar herramientas de análisis crítico.
Además, Kohan analiza cómo la figura pública de Jorge Luis Borges terminó adquiriendo una dimensión que muchas veces eclipsó incluso a su propia obra. La imagen del bastón, la ceguera y las respuestas filosóficas sobre el tiempo, la muerte o los sueños consolidaron una especie de personaje cultural que trascendió la literatura. "Borges constituía muy rápidamente una estampa", sostuvo el autor, al referirse a la manera en que el escritor fue asociado casi automáticamente a una idea de sabiduría universal.
Entre el mito y la lectura
En uno de los pasajes más personales de Lo que entiendo por Borges, Martín Kohan reflexiona sobre el fenómeno de admiración que rodea a Jorge Luis Borges y cómo, en algunos casos, esa veneración puede incluso alejar a nuevos lectores de su obra.
"Hay personas que piensan que Borges es tan genial que terminan preguntándose quiénes son ellas para leerlo", señala Kohan, al describir una admiración que muchas veces "en lugar de convocar a la lectura, la disuade".
El escritor compara esa dimensión pública alcanzada por Borges con figuras populares de otros ámbitos, como el fútbol o el rock. "Los escritores no solemos ser conocidos ni mediáticos. La literatura está hecha para que circulen los textos, no las figuras de los autores", sostiene. Sin embargo, considera que Borges rompió esa lógica y logró convertirse al mismo tiempo en personaje cultural y en referencia literaria.
El nuevo trabajo de Kohan comienza con una anécdota: en la Feria del Libro de Buenos Aires, él, muy joven, logra que Borges le firme su ejemplar de El Aleph, a pesar de que Borges está ahí promocionando otro libro (uno de conversaciones). Para eso, Kohan oculta el libro que él lleva y burla la vigilancia de los empleados.
Kohan se va feliz, creyendo que ese fue un momento de complicidad entre un escritor y un lector, un instante genial. Pero con el tiempo, llegará a una idea un poco fea: no fue un acto de contrabando consciente, sino que él se aprovechó de la ceguera de aquel señor mayor, ya muy cansado, que estaba ahí trazando garabatos de su nombre aunque no pudiera ver dónde caían.
Esa experiencia personal le sirve a Kohan para profundizar una de las ideas centrales de su ensayo: la distancia entre el Borges real y el Borges convertido en mito cultural.














