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Empató Francia

No hace falta contar demasiado sobre cómo fue la final del Mundial de Qatar en 2022. La Selección dominó cómodamente a Francia durante 80 minutos, por momentos convirtiendo el juego en baile, y de repente el 2-0 se convirtió en 2-1 por un golazo de Mbappé. Un minuto después, el árbitro pitó un penal para los franceses, que el mismo Mbappé convirtió en un empate hasta allí impensado.

Di María lloraba en el banco, tapándose el rostro con una camiseta. Messi, en el campo, intentaba no acusar el golpe anímico. Frente a los televisores, todos sentíamos que el mundo se salía de órbita.

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Complicado

Aquella sensación de equipo golpeado por el giro de los acontecimientos es la que uno percibe en la administración de Leandro Zdero. Las circunstancias no son exactamente equivalentes a las de ese partido inolvidable de casi cuatro años atrás, pero algunos elementos coinciden. Por ejemplo, la superioridad política que mostró el gobierno en casi todo el primer tiempo de su gestión, pero que en el tramo final padeció las consecuencias de un deterioro progresivo de la situación presupuestaria. La pérdida de recursos desgastó a la gestión e hizo que las elecciones nacionales de octubre pudieron ser ganadas por el oficialismo con un margen estrecho, pequeñísimo si se considera la categoría senadores, donde el resultado se dirimió por unas pocas décimas porcentuales.

Desde esa primavera las cosas no mejoraron. La caja del Poder Ejecutivo está ahogada, y hoy prácticamente todo lo que la provincia recibe en materia de coparticipación se consume en el pago de salarios al personal estatal. Lo que sobra es poco y con eso hay que atender todo lo demás. La escasez es el signo de los tiempos.

Este achicamiento de la billetera fue paulatino, y se profundizó a contrapelo de las expectativas iniciales de Zdero, que al asumir creía que tras el primer cimbronazo del ajuste de Milei llegaría una recuperación económica lenta pero firme, provocadora de un aumento de las partidas de coparticipación. Contra la recomendación de algunos consejeros, que le plantearon la conveniencia de poner mucha prudencia en la política salarial, el gobernador ratificó la "cláusula gatillo" de los docentes y otorgó al resto de la administración mejoras por encima de los índices inflacionarios. Otras provincias adoptaron un criterio más conservador. Fue una apuesta que no salió bien, basada en el optimismo que bajaba Toto Caputo. En julio del año pasado, rendido a la evidencia de que la marcha en el desierto seguía sin un oasis a la vista, el gobierno tuvo que oficializar la decisión de suspender hasta nuevo aviso los reajustes de sueldos, incluyendo los de los maestros.

La colocación de las remuneraciones del sector público en el freezer no fue la única medida impuesta por la estrechez financiera. También se precarizaron servicios en la salud pública, se atrasaron o reprogramaron pagos a proveedores, se hizo más difícil cubrir mes a mes el brutal desfinanciamiento de la caja de jubilaciones del Insssep, un agujero negro que arrastra también a la obra social del organismo.

Todo este panorama dejó a la vista algo claro: a pesar del contexto en el que le tocó asumir -el desastre dejado por el kirchnerismo y la llegada de la motosierra voraz de los libertarios-, Zdero no estaba preparado para la adversidad. Al menos no para una que se extendiera tanto. Varios gobernadores más quedaron en una posición parecida.

En el camino, además, Zdero selló con el presidente una alianza que no convence al radicalismo. Quizás tampoco a él mismo. Pero ¿tenía margen para otra cosa? La Rosada le tiró un salvavidas tan pronto asumió, cuando en diciembre de 2023 se encontró con que no tenía fondos ni para pagar sueldos ni para siquiera cumplir con el aguinaldo de los estatales. A partir de allí los favores del poder central continuaron siendo indispensables.

Zdero luce fastidiado con la realidad que le tocó para su sueño político más deseado. Llegar a la Casa de Gobierno fue un camino largo que en diciembre de 2022, cuando tomó la decisión final de encararlo, parecía inalcanzable. Contra todos los pronósticos, lo logró. Pero el contexto nacional le convirtió la carroza en calabaza.

Zdero sabe, íntimamente, que empató Francia. No es el final del partido, para nada. Ahora se viene el alargue, el tiempo que resta hasta las elecciones de 2027, en las que seguramente buscará ser reelecto. Lo que no se ve nítidamente es con qué estrategia y con qué actitud piensa hacer frente a este tramo de la batalla que será, claramente, el definitorio.

Si bien una buena parte de su suerte no depende él, sino de qué tanto logre Milei mejorar la economía doméstica de los argentinos (allí donde importa mucho más llegar a fin de mes que el listado de inversiones en Vaca Muerta), su propia porción de responsabilidad en el destino que le tocará no es menor. Y si la economía del país se mantiene gélida, o despierta expectativas muy modestas en la gente común, Zdero estará más obligado aún que hoy a reinventarse.

Angel Rozas, cuando dio la gran sorpresa al obtener la gobernación en 1995, también se encontró con la misión de construir poder propio frente a un peronismo que perdona todo menos que le ganen. En la primera vuelta de aquella definición electoral, el radical había alcanzado el 35% de los votos. Dos años después su lista de diputados ganó las legislativas con el 46% y en 1999 logró la reelección con el 63%. Lo hizo con un presidente peronista en la Rosada, Carlos Menem, y con un contexto económico que se había vuelto recesivo a partir de 1998. Supo ver sobre cuáles olas le convenía surfear y qué tipo de vínculo podía construir con el electorado con los materiales que tenía a mano. Que no se crea que fue un cuento de hadas. La política es el arte de lo posible, no el imperio de la verdad y la justicia.

Desde ya que el escenario en el que tuvo que moverse Rozas es diferente en muchas cosas al de Zdero. Al grandote de Pinedo le vino bien confrontar con un Menem que empezó a declinar en el segundo mandato mientras que al gobernador actual le toca sostener una alianza poco flexible con un Milei cuya imagen positiva bajó al 35%. Esa sociedad le podría costar la derrota el año que viene, si la gestión nacional no remonta, pero romperla podría llevarlo al mismo destino, al ser decisivos los votos que le suman los libertarios chaqueños. Por eso, el rediseño de una estrategia vertebral no es sencillo. Lo que sí parece estar claro es que la peor opción es no ensayar cambios, tocar el ecualizador de la gestión.

El episodio del miércoles en Margarita Belén, donde un periodista que le había hecho algunas preguntas al gobernador (sobre los problemas en el suministro de agua y el caso de la médica trucha de Quitilipi) acabó detenido por la policía minutos después, para luego pasar varias horas en una comisaría, atrasa décadas. Obliga a debatir cosas que ya no admiten estar sujetas a debate. ¿Meter preso a un cronista por preguntarle algo a un funcionario? La información oficial fue que el joven rompió el cerco de seguridad del gobernador, como si se hubiera acercado a Trump durante una visita a Medio Oriente. Una torpeza tan grande que quizás una manera de entenderla sea considerarla como una señal de nerviosismo frente a condiciones frustrantes. No tardaron en aparecer las expresiones de repudio de entidades periodísticas, las repercusiones en medios de todo el país y las condenas de la oposición, incluido el kirchnerismo, cuyos dirigentes y militantes se la pasan defenestrando periodistas y medios pero redescubren la libertad de expresión cuando la abollan otros.

La pelota va y viene. Es imposible saber cuál será el resultado final. El gobierno, claramente, necesita parar la pelota y replantear el partido. No tiene un Messi, pero enfrente tampoco hay un Mbappé. Uno de esos choques deportivos en los que puede suceder que no gane quien acierte más sino el que pifie menos.

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