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A remarla

El "ranking de gobernadores" que mes a mes difunde la consultora CB mostró este mes una nueva caída de la imagen positiva de Leandro Zdero, tanto que esta vez el chaqueño figura entre los cuatro mandatarios con menores niveles de aprobación, apenas por encima de Axel Kicillof (PBA), que figura en el puesto 22. Después de ellos, solo Ricardo Quintela (La Rioja) y Alberto Weretilneck (Río Negro) están peor.

No hace falta aclarar que se trata de una encuesta, tan falible como cualquier otra, si bien la propia administración local celebró en su momento las mediciones de la misma consultora cuando los resultados mostraban a Zdero en una situación muy diferente. Por ejemplo en abril de 2025, punto en el que el gobernador aparecía en el podio de los más respaldados por sus comprovincianos.

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Zdero se situaba entonces en el tercer lugar del ranking de CB, con un 60,7% de imagen positiva y un 36,6% de negativa. Hoy, trece meses después, la encuestadora dice haber registrado un 44,7% de opiniones favorables (dieciséis puntos menos que en el otoño pasado) y un 52,4% de desaprobaciones (15,8 puntos porcentuales más que en abril ’25). El informe que acompaña a los datos actuales marca que la caída de imagen positiva de Zdero con respecto a abril último fue la mayor entre los 24 gobernadores (2,7 puntos de baja).

Enfriamiento

Los números pueden ser puestos en duda en cuanto a su precisión, pero uno puede suponer que ni el oficialista más entusiasta debe haber imaginado que la imagen del gobierno iba a mejorar en los últimos meses. La dureza del contexto económico y social se potencia en el Chaco, al fin de cuentas la provincia más pobre del país, si se toman los relevamientos del Indec en las capitales de provincias, donde el Gran Resistencia tiene las tasas de pobreza más elevadas.

A eso hay que sumar la influencia que en el humor colectivo tiene el termómetro financiero del Estado provincial. Por caso, abril del año pasado fue el último mes de 2025 en el que el gobierno de Zdero pudo dar una mejora salarial a los empleados públicos activos y pasivos, semanas antes de las elecciones provinciales de mayo, que fueron un llamado de atención para la alianza entre radicales y libertarios. Aunque la boleta de Chaco Puede, la coalición gubernamental, ganó por un amplio margen a la lista que encabezaba Jorge Capitanich (en la competencia por diputaciones provinciales), esa brecha fue gracias a una fractura del peronismo (que dio lugar a una boleta paralela forjada por Magda Ayala y Atlanto Honcheruk). Sumadas ambas vertientes, podía verse que los votos a las opciones justicialistas casi equiparaban a los del oficialismo, que por otro lado mostraban una leva baja (de décimas porcentuales) con respecto al caudal obtenido en 2023, cuando Zdero ganó la gobernación.

Después de aquel abril el Poder Ejecutivo ya no pudo otorgar nuevos incrementos en los sueldos. Peor que eso: en julio se vio obligado a comunicar que no podía seguir cumpliendo con la "cláusula gatillo" que actualizaba los salarios docentes por inflación y que tampoco iba a poder conceder otras mejoras al conjunto de los empleados del Estado. Pudo ser una de las razones por las que en las elecciones nacionales de octubre, con un peronismo parcialmente reunificado, el gobierno estuvo a punto de perder en la categoría senadores, donde Capitanich estuvo a medio paso de dar el gran golpe. Fue, para la UCR y LLA, una victoria agridulce. Pero aliviadora, porque la mayor pesadilla del zderismo era que la jornada electoral terminara con Capitanich festejando. Esa foto tan temida no se dio.

La espera

Para los radicales, la finalización de 2025 fue como terminar una pelea que se había complicado mucho en los rounds finales. Pudieron levantar los brazos, pero con la cara repleta de moretones. No importaba. Como en el fútbol, la historia solo recuerda a los ganadores. Y, además, estaba la esperanza de un 2026 más bondadoso, sobre todo por el lado de los ingresos. Es decir, la ilusión de que el gobierno de Javier Milei cumpliera su parte de la tarea, la economía mostrara una reactivación y hubiera una recuperación notoria de los repartos de coparticipación federal. No hace falta contar que no sucedió.

Con la caja cargada de muchas buenas intenciones y pocos pesos, el gobierno hace recordar a un capítulo de Los Simpson en el que la esposa de Homero, Marge, se mueve en un mundo de nuevas relaciones sociales, que le demanda una mejor apariencia, y se ve obligada a encontrar diferentes maneras de usar el único vestido a la altura de las circunstancias que tiene. La administración chaqueña cose y descose para mostrar una agenda diferente y transmitir potencia en la acción, pero es difícil hacer milagros con una tijera, tres rollos de hilo y un par de agujas.

En NORTE, la semana pasada, el ministro de Economía, Alejandro Abraam, expuso la cruel estrechez de los números con que debe manejarse. De un ingreso mensual promedio de 200.000 millones de pesos en coparticipación que llegan desde Nación, hay que destinar a salarios 190.000 millones. Lo que aporta la recaudación tributaria propia de la provincia, unos 30.000 millones, es poco frente las necesidades. Ergo, si la actividad económica no muestra un repunte sorprendente en los próximos meses, disparando hacia arriba la recaudación fiscal coparticipable, los gobernadores de provincias como el Chaco podrán ofrecer muy poco en materia de obras, mejoras en los servicios esenciales y recomposición de los salarios de su personal. Sería seguir arriba de un bote en el que hay cucharas en vez de remos.

Es el motivo por el cual en el verano la Casa de Gobierno anunció para todo el sector público un aumento de salarios del 5%, aplicado en dos cuotas, a pesar de que desde la recomposición anterior (aquella de abril del ’25) ya había pasado casi un año, con una inflación interanual seis veces superior al incremento dado.

Sol estatal

La cuestión salarial en el Estado es, por estos lados, un tema crucial en términos políticos y electorales. Hay unos 80.000 empleados públicos en actividad (contabilizando solo al personal estable, no a contratados y otros agentes) y otros 50.000 que ya están jubilados y también dependen de los anuncios gubernamentales. La sequía del Tesoro no se nota únicamente en el sistema solar estatal, sino también en la situación en que funcionan los hospitales y centros de salud, en el día a día del sistema educativo, en la crisis de la obra social del Insssep, en la poca obra pública que puede hacer la provincia, en los pagos a proveedores y contratistas, en el peso real de los programas asistenciales.

Mientras cruza los dedos y enciende velas junto a una foto de Toto Caputo, la embarcación del gobernador encuentra algún alivio en mirar cómo se va recalentando la interna del peronismo, que todavía ni empieza y ya muestra cruces misilísticos. Además, el PJ incorporó en los últimos años una práctica que obliga a buscar la unidad todo el tiempo sin alcanzarla nunca por completo. Las ajustadas elecciones de 2023 y las del año pasado mostraron que hasta los pedazos más pequeños del partido hacen falta para ganar. Muy conscientes de eso, los actores menores le ponen precios altísimos a la decisión de sumarse a un "gran acuerdo" interno. Eso, habitualmente, se paga con espacios en las listas, pero no hay lugar para todos. Los disconformes, entonces, van por afuera de la lista oficial. Como dijo alguien, no pueden ganar pero sí pueden lastimar a quien los excluyó. Hoy por hoy, es más fácil meter un triciclo dentro de un lavarropas que lograr la mentada unidad peronista. A menos que en 2027 la sensación de que habrá un regreso al poder sea tan sólida como para que los más díscolos toleren quedar afuera de una posible diputación o de una concejalía y acepten a cambio un vale canjeable más adelante por un ministerio, una secretaría o un contrato en cualquier parte.       

También aparecen, a veces, para solaz del gobierno, películas viejas que se proyectan en la pantalla y recuerdan que el pasado no era tan bueno como lo cuentan los que desean volver al poder. Por ejemplo, la lectura de la condena por lavado de activos a Tito López y familia, el jueves pasado, que cerró con el derrumbado jefe piquetero alzando los dedos en V.

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