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El motor del progreso

Hoy se celebra el Día Mundial de la Ciencia y la Tecnología, instituido en 1982 por la Unesco, en honor al nacimiento del científico argentino, Bernardo Houssay. La fecha sirve, entre otras cosas, para recordar que el conocimiento científico es una herramienta clave para mejorar la calidad de vida de las personas y en las sociedades, ya que la investigación científica permite comprender la realidad, anticipar problemas y diseñar soluciones que beneficien a la sociedad en su conjunto.

En este sentido, el historiador Joel Mokyr -uno de los ganadores del Nobel de Economía del año pasado- planteó que el crecimiento de las sociedades depende en gran medida de lo que denomina conocimiento útil. Este concepto, explica Mokyr, combina la comprensión de cómo funciona el mundo con la capacidad de aplicar ese saber en la práctica. Según su mirada, no basta con acumular información, sino que es fundamental transformarla en herramientas que mejoren la vida de las personas y de sus comunidades. Además, sostiene que las sociedades que logran desarrollarse son aquellas que fomentan el intercambio de ideas, aceptan el cambio y promueven entornos abiertos donde la innovación pueda florecer. De esta manera, la investigación científica se presenta como un motor clave del progreso económico y social.

A lo largo de la historia, los avances científicos han transformado la vida humana. Desde la mejora en los tratamientos de salud hasta el desarrollo de nuevas tecnologías de comunicación, la ciencia ha permitido acortar distancias, prolongar la esperanza de vida y facilitar el acceso al conocimiento. En rigor, cada descubrimiento representa una oportunidad para enfrentar desafíos globales como el cambio climático, las enfermedades emergentes o la escasez de recursos. Sin embargo, estos logros no ocurren de manera aislada, sino que son el resultado de muchos años de trabajo, inversión y compromiso por parte de investigadores, instituciones y gobiernos.

Un ejemplo emblemático es el de Bernardo Houssay, cuyo aporte marcó un antes y un después en la medicina. Su investigación permitió comprender mejor el funcionamiento del cuerpo humano y contribuyó al tratamiento de enfermedades que afectan a millones de personas. Más allá de su legado científico, su figura refleja la importancia de sostener políticas que impulsen la investigación y la formación de nuevos profesionales. En efecto, sin apoyo institucional y sin una visión a largo plazo, resulta difícil consolidar sistemas científicos capaces de responder a las necesidades de la sociedad.

Por otra parte, la relación entre ciencia y tecnología es cada vez más estrecha. Mientras la ciencia busca explicar los fenómenos del mundo, la tecnología traduce ese conocimiento en soluciones concretas. Este vínculo genera un círculo de crecimiento continuo, donde cada avance impulsa nuevos descubrimientos. Así, la innovación se convierte en un proceso dinámico que transforma tanto la economía como la vida cotidiana. No obstante, para que este proceso sea sostenible, es necesario que exista una inversión constante en educación y en investigación, así como también una cultura que valore el pensamiento crítico y la curiosidad.

Pero a pesar de su relevancia, la ciencia enfrenta desafíos importantes. En muchos países, la falta de recursos limita el desarrollo de proyectos y dificulta la formación de nuevos investigadores. Asimismo, la desinformación puede generar desconfianza hacia el conocimiento científico, lo que pone en riesgo la toma de decisiones informadas. Por esta razón, resulta fundamental fortalecer la educación científica desde edades tempranas y fomentar una mayor conexión entre la comunidad científica y la sociedad. De este modo, se puede garantizar que el conocimiento no quede restringido a unos pocos, sino que sea un bien accesible para todos.

Está demostrado que la investigación científica impulsa el progreso material de una sociedad y, al mismo tiempo, promueve una forma de pensar basada en la evidencia, el cuestionamiento y la búsqueda constante de respuestas. Por consiguiente, apostar por la ciencia implica apostar por el desarrollo humano en su sentido más amplio. En un contexto global cada vez más complejo, donde los desafíos requieren soluciones innovadoras, el conocimiento científico se presenta como una de las herramientas más valiosas con las que cuenta la humanidad.

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